Alarma verde en la cuenca balear. Las aguas superficiales del mar Mediterráneo registraron el pasado 13 de agosto una temperatura media de 28,54 grados, la cifra más alta de la que se tiene constancia desde que existen registros sistemáticos en 1940.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha confirmado que el último mes no fue un episodio aislado, sino el pico de un verano marcado por máximos diarios consecutivos que consolidan el rápido calentamiento del mar que rodea las Pitiüses.
Esta «sopa marina» comenzó a gestarse mucho antes del punto álgido del verano. A finales de junio, la superficie marina ya registraba 2,6 grados por encima de la media histórica, ofreciendo valores propios de finales de agosto.
Esta alteración supuso adelantar dos meses el techo térmico habitual de la cuenca, transformando las aguas de Ibiza y Formentera en un escenario térmico excepcional.
Los científicos advierten de que este aumento sostenido de las temperaturas en la cuenca occidental tiene consecuencias directas a corto y medio plazo. Por un lado, la acumulación de calor en el mar actúa como combustible para eventuales episodios de lluvias torrenciales o DANA al llegar el otoño.
Por otro, el estrés térmico prolongado amenaza gravemente la biodiversidad marina local, afectando a especies clave para el ecosistema insular como las praderas de Posidonia oceanica y acelerando la llegada de especies invasoras de aguas tropicales.







Si nos fijamos tanto que se habla de la posidonia y su necesaria protección, en la practica en todas las playas que he pisado este mes y el pasado, ahí donde todavía se conserva -cada dìa en menos sitios ¿se acuerda alguién de la pradera impresionante que habia en Porroig no hace tantos años?-, se ve completamente seca. Entiendo que las temperaturas ayudan a ello por desgracia para nosotros.