La parodia del aeropuerto de Ibiza que ha colgado en Instagram Hugo Gruzman (@hugeaux o @u_go_b, pintor y creador de contenido humorístico) ha triunfado porque lo que cuenta nos suena a todas y todos de algo.
En el vídeo se presenta como la persona que diseñó el aeropuerto de Ibiza y que toma las decisiones del día a día.
“Quiero que sea el sitio más caro de la Tierra, pero que parezca una marquesina de autobús”, arranca el supuesto responsable. “Bocadillo de jamón: 15 euros. Un zumo de naranja: 10”.
Y de ahí, una cascada de ‘órdenes’ del supuesto creativo que visibilizan la realidad del aeropuerto en verano:
“Pongamos un cementerio al fondo del todo. Lo llamaremos Burger King.”
“Quita todas las toallas de papel de los baños. ¿Que hay jabón en los dispensadores? ¿Están rotos? Mejor todavía.”
“Embarca tres vuelos a la vez, uno pegado al otro, al mismo destino, con las puertas tan juntas que nadie pueda distinguir una cola de otra.”
Y el remate: “¿Creen que van a subir al avión? Increíble. Mételos en un autobús, al sol. Perfecto. Me voy a comer.”
Los comentarios, un parte de guerra
Si el vídeo hace gracia, los comentarios no hacen más que corroborar que más que un chiste, el vídeo es un documental. Miles de usuarios han convertido la publicación en una especie de libro de reclamaciones colectivo:
El autobús es el gran protagonista: sin aire acondicionado, a pleno sol, con cola previa en la escalera y, según un comentarista, “a veces sin conductor”. Otro lo resume así: pones a medio vuelo en la puerta de embarque y luego que esperen en las escaleras al autobús, “mínimo veinte minutos más”.
Los baños autolimpiables que no se limpian o que descargan varias veces.
El salón VIP, que siempre está lleno, con colas de 20 o 25 personas durante otros tantos minutos.
El wifi de AENA, descrito con una épica digna de novela: copia el enlace, espera cinco minutos, contraseña incorrecta, restablece, espera diez minutos… “Enhorabuena, ya estás conectado. Lo sentimos, tu sesión gratuita de 30 segundos ha caducado”.
Las e-gates: una usuaria cuenta que la dejaron en bucle sin poder avanzar. Otro apunta que, aunque tengas doble nacionalidad, hay que probar los dos pasaportes para descubrir cuál funciona.
La megafonía, con joyas como “El vuelo a Nucasel está a punto de cerrar” (es Newcastle, por si algún pasajero perdido se lo preguntaba).
El ambiente: olor a vómito en la zona central a cualquier hora, aire acondicionado roto, ravers en bajón durmiendo en el suelo ante vuelos cancelados, y DJs en el duty free “para que no puedan dormir”. Hasta el suelo nuevo se lleva su palo: manchas negras por los frenazos de los carros y la promesa de cambiarlo entero el próximo invierno.
Los tres vuelos pegados al mismo destino merecen mención aparte. Un usuario cuenta que todos iban a Londres (a aeropuertos distintos) y que le entró tal pánico que se les pasó la resaca.
En medio del naufragio, un: “Ese Burger King me salvó”, en referencia al ‘cementerio’ que dice el humorista.
También hay defensores. Hay quien sostiene que Ibiza funciona mejor que muchos aeropuertos europeos o que el caos lo provocan los propios turistas. El resto les sugirió, con cariño, que quizá sufran síndrome de Estocolmo.
El humor en pleno debate por la ampliación
El vídeo llega justo cuando la polémica ampliación del aeropuerto está sobre la mesa, cuando nos encontramos con una infraestructura que falla en lo básico: aire acondicionado, baños, señalización, conexión, personal y organización del embarque.
Queda en evidencia que el aeropuerto de Ibiza necesita reformas y mejoras, y con urgencia. Pero arreglar los baños, el wifi y las colas no tiene por qué ir de la mano de abrir la puerta a más turismo. Mejorar la experiencia de quienes ya llegan es una cosa; hacer sitio para que lleguen más, otra muy distinta. Y a la vista de lo que cuentan los pasajeros, la primera tarea está lejos de estar terminada.






