Esta guerra va a ser la más hipervisible de la historia hasta el momento. También la más documentada, la más opinada, la que más sesgo político va a generar. Vamos a presenciarla prácticamente como una película en tiempo real mientras dure. Como si fueras plenamente invitado a la fiesta, vamos a convivir con ella. Cada vez que abras el móvil podremos actualizar y estar al tanto de qué misil, avión o bomba ha caído y dónde.
Ya que la impotencia real de actuar donde mejor se manifiesta es en las redes. También podremos dar nuestra nutrida y sabia opinión. Además, imagínate que dejáramos de hacerlo, esto mientras le pedimos azúcar moreno al camarero para el café. Luego, todo eso, por supuesto, construirá un recurso narrativo de nuestra identidad, que en el fondo —y por mucho que nos pese, o eso espero— es lo que de verdad importa.
Sin embargo, del mismo modo que es/será la guerra con más espectadores de la historia, es/será también la que menos acción política real tenga.
¿Por qué digo esto? Se vio con el coronavirus la pasividad del pueblo ante una imposición sobre la libertad. Fue extremadamente fácil someter, hacer y deshacer. Obediencia a cambio de bienestar. Después, sí, claro que hubo resentimiento, mala conciencia e incluso desconfianza. Un rebote lógico, pero no legítimo, pues no se hizo nada para evitar ese sometimiento. Eso sí, mucho tuit, reel, post, lejía y antivacunas como el gran discurso y la gran revuelta del siglo. Pero eso, creo, sirve más para engordar una estadística que para ejercer algún tipo de reacción real o cambio sustancial.
«Es fácil llenarse la boca con palabras; es fácil defender una opinión cuando no eres tú o tu familia quienes mueren«
Lo mismo sucede con la guerra de Ucrania y con el genocidio de Gaza. Es fácil llenarse la boca con palabras; es fácil defender una opinión cuando no eres tú o tu familia quienes mueren. También es retorcido hacer uso de esa violencia para pronunciarse como defensor, aprovechando el morbo para vender una noticia, un documental, una campaña política o una canción. Populismo barato de manual rancio.
Dicen que hay que posicionarse, que ser neutro es ser cómplice. Bueno, sí. Pero posicionarse es hacer, no decir. Decir es camuflar, engañar, subordinarse.
Seamos responsables. Si de verdad tienes un sentimiento compartido con un pensamiento razonado, ánimo: calla y actúa. Y de verdad no hace falta que lo cuentes, pues no va de eso. Va de tu conciencia, de tu sentido, no de un teatrillo. Fotos, posts, reels, tuits… lo que quieras, olvídalos. Tú haz.
«Seamos responsables. Si de verdad tienes un sentimiento compartido con un pensamiento razonado, ánimo: calla y actúa«
Como diría aquel: deja al mecánico que te arregle el coche, deja al fontanero que instale el grifo, deja al futbolista marcar los goles, deja al poeta escribir los versos, pues ningún pintor supo pintar el hambre del mismo modo que ninguna opinión tuya va a salvar la vida a nadie en esta guerra.
Esto me decía a mí mismo justo mientras me bebía un café que me ha servido esta mañana el camarero, con azúcar moreno.






