Son días de alegría en Can Clark, pese a la lluvia y las goteras que nunca terminan de arreglarse. Son días de orgullo ciertamente clarkil y de orgullo ibicenco cuando mi madre va a hacer la compra en Santa Gertrudis. ¡Uno de Santa Gertrudis ha creado la escenografía más espectacular de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno! ¡Uno de mi pueblo! Es un orgullo muy parecido al que sentí allá por 2012 cuando otro gertrudienc, Adrián Gas, formó parte del equipo creativo que coreografió la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres. Pero esta vez había un matiz diferente: porque entonces el orgullo era por un amigo querido de toda la vida, compañero de clase desde la tierna infancia, mi amigo Adri, y esta vez es por un hermano, mi hermano Thomas Clark, que junto a Ziggy Lodewijks y Lennart Gottsch ha hecho algo espectacular, complejo y mágico para el mundo entero y cuyo origen está, claro, en Eivissa.
Sin embargo, como no podía ser de otra manera, las redes sociales no tardaron en sumarse al mal tiempo para nublar un poco más mi día: en los posts de Noudiari compartiendo la noticia no tardaron en salir comentarios poniendo en duda que estos tres artistas fueran ibicencos. Ay, los apellidos, otra vez, como tantas otras veces, los benditos apellidos que no eran los que tenían que ser, según algunos. Poco importaba que los tres hubieran nacido en Eivissa, que hubieran estudiado en colegios e institutos públicos, que llevaran el nombre de Eivissa por el mundo no como lugar para desfasar y gastarse una millonada, sino como isla generadora de talento y de innovación. Pero no, para ciertas personas uno no es ibicenco si no se tiene un buen apellido de origen catalán, como Escandell, Costa, Cardona o Roig, o de origen mallorquín como Matutes, Bonet, Ribas o Colomar, o croata como el de mi instituto, Macabich. Los colonos del medievo sí que se pueden llamar ibicencos, estos, hijos de guiris criados en Ibiza, no. Hubo comentarios que llegaron a decir que los tres protagonistas de la noticia eran “tan ibicencos como Pocholo”. Hombre, no seré yo quien diga si Pocholo es o no es ibicenco; eso que lo digan quienes se han autoerigido como repartidores del carné de ibicenco. Pero creo que nacer y criarse en un sitio cuenta para algo, ¿no? Si no es así, me temo que tendré que corregir decenas de libros, publicaciones y galardones donde pone que soy un poeta ibicenco, algo que me daría mucha pena porque, hasta hoy, me sentía uno más, me sentía de mi pueblo.
Ben Clark (Eivissa, Illes Balears, 1984), de padres británicos, es poeta y traductor, licenciado en Estudios Ingleses por la Universidad de Salamanca. Ha recibido algunos de los principales premios de la poesía en español, como el Premio Hiperión, el Ojo Crítico de RNE, el Premio Loewe y el Premio de la Crítica 2024. Ha sido becario de creación en instituciones internacionales como la Fundación Antonio Gala, Hawthornden Castle (Escocia) y Château de Lavigny (Suiza).
Ha traducido a autores como Anne Sexton, George Saunders y Stephen Dunn.
Es patrono y tutor de poesía de la Fundación Antonio Gala y director del sello editorial Isla Elefante.
Actualmente compagina la escritura con la docencia y la formación en escritura creativa.






