El ser humano se muestra como realmente es cuando baja la guardia, se quita la ropa y se compra un helado. De día, en nuestro trabajo, interpretamos el rol que socialmente se nos ha asignado. Solo en el contexto de ocio -ya sea por la noche, ya sea en verano- es cuando aflora nuestro auténtico ser.A las personas se las conoce realmente cuando están de día libre, y eso lo sabía a la perfección Martin Parr, el fotógrafo de los espacios turistificados, el hombre que retrató el turismo de masas y lo convirtió en un icono contemporáneo, el genio que nos abandonó para siempre el pasado día 6 de diciembre.
Parr inició su carrera como fotógrafo social, como cronista de la clase obrera y de las comunidades rurales empobrecidas, siempre en un riguroso blanco y negro. En los años ochenta se pasó al color -¡y qué colores! siempre saturadísimos, como debe ser- y se olvidó de los callejones, las fábricas y los descampados, sustituyéndolos por resorts cutres, playas, paseos marítimos, bingos, ferias, tiendas de souvenirs y cadenas de comida rápida. Hubo quien le criticó por haber abandonado su compromiso social, pero en realidad Parr seguía fotografiando a las mismas personas. Lo que sucedía es que ahora les mostraba de la manera más transparente posible: de vacaciones, extasiados ante una jarra de cerveza, perdiendo los papeles en un pub de Brighton o de Benidorm, siendo rabiosamente ellos mismos.
Martin Parr decidió retratar la mayor maquinaria de transformación social y territorial que ha existido en las cuatro últimas décadas, que esel turismo y la turistificación. El plástico, los colores chillones, las alfombras que imitan césped, las máquinas de helados, gaviotas devorando restos de comida, papeleras atestadas de basura, hombres barrigudos y sofocados, pieles morenas, pieles requemadas, goterones de helado por el mentón, salchichas y fish and chips, vómitos y orina, tipos durmiendo la mona, parejas de ancianos cargados con la sombrilla y el flotador, abanicos con un dibujito de la Fontana di Trevi, turistas haciendo como que sostienen la torre de Pisa… Estampas que nos resultan familiares porque hemos estado dentro de ellas y nosotros mismos las hemos protagonizado.
Visto desde Ibiza, el trabajo de Parr adquiere un nuevo brillo. Lo que para algunos es una parodia grotesca, un nicho de brilli brilli, un universo extraño, para nosotros es la cotidianidad. Lo que para algunos es una idea del infierno, para nosotros es nuestro ecosistema natural. Lo que para el espectador bienpensante es una aberrante celebración del mal gusto, para nosotros es costumbrismo.
Quienes nos hemos dedicado a escribir publireportajes de negocios turísticos en Ibiza hemos repetido hasta la náusea tópicos como “hedonismo”, “sofisticación”, “la esencia mediterránea”, “el placer y el bienestar”, y la “experiencia inolvidable mientras se disfruta de un exquisito combinado frente a una espectacular puesta de sol”. En realidad, todos nosotros sabemos que el mundo es como lo describió Martin Parr y no como las gilipolleces que escribimos por encargo. Debo añadir, que Parr dedicó un libro a una de mis obsesiones: las parejas aburridas. ‘Bored couples’ es el libro definitivo del hastío parejil y matrimonial.
Martin Parr, uno de los nuestros. Descanse en paz, maestro.






