Sufrimiento, poco fútbol y gradas semivacías. La UD Ibiza logró este domingo una victoria balsámica ante el Juventud Torremolinos (2-1), aunque el juego desplegado en Can Misses volvió a dejar muchas dudas. El equipo de Miguel Álvarez rompe así una racha de cuatro partidos sin ganar, pero no logra reconciliarse con una afición que, entre la lluvia y el desencanto acumulado, ha empezado a dar la espalda al estadio.
El guion no pudo empezar peor para los celestes. En el minuto 6, Iban Ribeiro adelantaba al conjunto visitante tras un desajuste defensivo local. Sin embargo, la reacción fue rápida: solo tres minutos después, Eslava culminaba una jugada para poner las tablas en el marcador.
Pese al empate temprano, el partido entró en una fase soporífera. Los errores en ambas áreas se sucedían y la falta de fluidez era evidente. Tal era el descontento de Miguel Álvarez con lo que veía sobre el césped que, antes de llegar al descanso, decidió realizar dos cambios tácticos para intentar sacudir a un equipo que navegaba sin rumbo.
El movimiento de fichas del técnico surtió efecto inmediato. Justo antes de enfilar el túnel de vestuarios, Fran Castillo anotaba el 2-1 definitivo. La segunda mitad fue un trámite tedioso en el que el marcador no se movió, certificando tres puntos que valen oro en lo clasificatorio pero que pesan en lo anímico debido a la imagen ofrecida.
Una afición que agota su paciencia
La entrada en Can Misses fue una de las más pobres que se recuerdan. A la climatología adversa se suma el hartazgo de una grada que no olvida la mala racha y la falta de ambición de un proyecto diseñado para cotas más altas.
La próxima semana, la UD Ibiza tendrá una nueva oportunidad de limpiar su imagen en casa frente al Sevilla Atlético. El filial hispalense, situado en la parte baja de la tabla, supondrá una prueba de fuego para un Ibiza que, históricamente este curso, sufre en exceso ante los equipos de la zona de descenso.






