Trabajadores del centro de salud de Sant Antoni han hecho llegar a este medio su versión de lo sucedido en la madrugada del pasado domingo, después de que el paciente implicado en un incidente denunciara públicamente haber sido agredido durante su atención en el centro.
Los trabajadores, al igual que la versión oficial ofrecida por el Área de Salud de Ibiza y Formentera, rechazan de forma tajante esa acusación y sostienen que fue el propio usuario quien, con su actitud, provocó la escalada de tensión que acabó con su salida del centro en silla de ruedas.
Según relatan los profesionales, aquella madrugada el centro de salud registraba una elevada carga de trabajo, lo que obligó al paciente —que acudió por unas lesiones en ambos pies— a esperar un tiempo antes de ser atendido, como el resto de usuarios. Antes de pasar a consulta, el hombre fue sometido al triaje habitual de enfermería, el procedimiento con el que se prioriza la atención según la gravedad de cada caso.
En la sala de espera se encontraban otros pacientes y acompañantes que, según los trabajadores, fueron testigos de parte de la actitud que el hombre mantendría después.
La entrada a consulta y el aumento de la tensión
Cuando por fin accedió a la consulta, el paciente lo hizo, siempre según el relato del personal, con el teléfono móvil en la mano y grabando. La médica le pidió que dejara de hacerlo y le indicó que subiera a la camilla para poder explorarle. Fue en ese momento, afirman los trabajadores, cuando el comportamiento del hombre se tornó «especialmente exigente y hostil»: reclamó ayuda para desplazarse, pero —según los presentes— en un tono y con unos modales que no hicieron sino aumentar la tensión dentro de la consulta.
Ante esta situación, la médica pidió la presencia de seguridad. La vigilante no pudo acudir de inmediato porque en ese momento atendía a otro paciente alterado en la zona de acceso, por lo que fue el celador de admisión quien acudió primero para intentar reconducir el incidente. Tras un intercambio de palabras, trasladó al paciente en silla de ruedas hasta el exterior del centro.
«No hubo ningún tipo de agresión física», insisten los trabajadores
Uno de los puntos que el personal considera imprescindible aclarar es la supuesta agresión que el paciente les atribuye. Los trabajadores presentes lo niegan de forma rotunda y aseguran que el celador no golpeó ni agredió al hombre en ningún momento, y que se limitó a acompañarlo y trasladarlo en silla de ruedas ante la situación de conflicto ya generada.
El episodio, sin embargo, no terminó en la puerta del centro. Una vez fuera, el paciente permaneció en las inmediaciones del acceso y, pese a las indicaciones de la vigilante, encendió un cigarrillo mientras continuaba grabando con su móvil. Fue entonces, según el personal, cuando el hombre elevó el tono de voz, profirió insultos y llegó a lanzar amenazas de muerte contra el celador y la médica que le había atendido.
Una escena que, siempre según la versión de los trabajadores, no pasó inadvertida para pacientes y acompañantes que se encontraban tanto en la sala de espera como en las zonas próximas al acceso.
La intervención de la vigilante y el desenlace
Ante el estado de agitación del paciente, «la actuación de la vigilante de seguridad fue clave para rebajar la tensión».
Según los trabajadores, la vigilante trató de calmarlo mientras el hombre seguía reclamando que se le realizaran determinadas pruebas médicas. Tanto la médica como el personal de enfermería intentaron explicarle que el centro de salud no dispone de medios para pruebas radiológicas y que ese tipo de exploraciones no podían llevarse a cabo en esas instalaciones.
A pesar de las explicaciones, el paciente mantuvo sus exigencias y su actitud hostil, según el relato del personal. Finalmente, el hombre decidió abandonar el centro por sus propios medios, desatendiendo —siempre según los trabajadores— las indicaciones médicas que se le habían trasladado.
La denuncia del paciente
Este relato del personal del centro de salud contrasta con la versión que el propio paciente hizo pública, en la que aseguraba haber sufrido un trato destemplado por parte de la médica, así como un forcejeo con el celador que incluyó un manotazo en el rostro ya en la calle, y por el que llegó a recibir un parte de lesiones en el Hospital Can Misses además de requerir la presencia policial. Desde el Área de Salud de Ibiza y Formentera ya habían trasladado a Noudiari que, según el criterio de los sanitarios de guardia, fue el usuario quien se mostró agresivo desde el primer momento, motivo por el que la facultativa cursó una incidencia por agresión verbal y el celador presentó una denuncia ante la Guardia Civil.
Los trabajadores del centro insisten en que su actuación estuvo dirigida en todo momento a atender al paciente y, después, a controlar una situación que se había vuelto conflictiva, y subrayan que buena parte de lo ocurrido fue visible o audible para otras personas presentes en el centro.
Frente a cualquier versión que atribuya una conducta agresiva al personal sanitario o al celador, sostienen que no hubo agresión alguna por parte de los empleados y que la actitud hostil, los insultos y las amenazas partieron del propio paciente, quien finalmente abandonó las instalaciones por sus propios medios.
No es la primera vez que saltan a los medios de comunicación agresiones en este centro de salud, con dos casos especialmente graves hace un año.







Es absurdo,creer que el personal sanitario del centro de salud de San Antonio ( o de otro centro)
agrede a pacientes. Puede ser una portada de un periódico,pero seguro lejos de la realidad y de la verdad. En el centro de salud de San Antonio están para salvar vidas, La mia han salvado año pasado en un sábado de octubre.