El paput, puput o abubilla es una de esas aves que enamoran. Su cresta y su plumaje son espectaculares, inconfundibles, como también lo es su canto, que hace honor a su nombre.
Conocer nuestra naturaleza es valorarla y por eso ha llamado tanto la atención el vídeo del fotógrafo Marc Torres que capta una familia de esta especie en su nido, que se esconde en el hueco de un viejo garrover de la finca de Juan Ribas Ferrer, conocido como Joan Micolau, amigo de Marc.
Joan es paisajista, limpia bosques para prevención de incendios y cultiva plantas autóctonas. Cuando su padre llegó a esa casa siendo un niño de cinco años, el árbol ya tenía el tamaño que tiene hoy, así que no cuesta imaginar toda la historia que acumula este ejemplar centenario.
Árboles así son una joya y un refugio fundamental para la fauna local, que aprovecha los huecos de sus troncos para resguardarse o criar. Cuidarlos no solo conserva el paisaje ibicenco y mantiene vivo el campo sino que también protege el hogar de quienes viven en ellos.
Como la zona es tranquila y en la finca de Joan Micolau hay actividad diaria de campo, con cría de gallinas y ovejas, las aves estaban habituadas a la presencia humana. Por eso Marc pudo fotografiarlas sin molestarlas, algo que, recuerda, no suele ser posible: «normalmente no deberías acercarte a un nido», advierte.
Esta familia ha hecho tres puestas distintas en la misma temporada. «Eso quiere decir que están a gusto y que no les importa que haya gente alrededor», relata. El paput, si se siente cómodo y hay comida, puede hacer muchas puestas y a veces incluso en fechas muy alejadas de la típica época de reproducción. «Me han dicho que se han registrado puestas hasta en diciembre», aclara Marc. Cada una suele ser de unos tres pollitos.
Tímidos, pero valientes
Los paputs son huidizos, pero cuando se convierten en madres y padres, su carácter cambia por completo. “Un día pasó un gato cerca del árbol, nada amenazante, simplemente deambulando por ahí y los dos padres se pusieron alerta y enseguida comenzaron a gritarle; hacían un ruido bastante amenazador. Hasta yo sentí miedo», cuenta Marc con una sonrisa.
Le sorprendió también la intensa actividad del nido y el esfuerzo que ponen los padres con sus crías porque, desde el amanecer, van y vienen sin descanso llevando comida, a base de orugas, insectos de toda clase y hasta arañas.
Su vídeo y otras publicaciones sobre esta especie las redes sociales se Marc han enamorado a muchas personas. Es un ave tan bella que basta mirarla un rato para entender por qué nos gusta tanto.
De talla entre pequeña y mediana, con un pico largo, fino y curvado, luce un plumaje tricolor que va del ocre al blanco y negro que no pasa desapercibido. Su rasgo más distintivo es la cresta, que se abre en abanico cuando se inquieta o se posa.

En Eivissa las vemos posadas en ramas o paseando por el suelo, buscando gusanos e insectos, con el paso pausado. Es más, les encantan las crisálidas de procesionaria del pino y la propia oruga, de manera que contribuyen al control de esta plaga.

Es, desde luego, un ave muy popular en las Pitiüses, único representante de su familia Upupidae. Le gustan las zonas arboladas pero poco espesas, como los bosques muy abiertos o los grandes jardines, y es común entre almendros y algarrobos, donde aprovecha los troncos viejos y huecos para hacer el nido. Donde no hay árboles, cría en paredes de piedra seca, agujeros de edificios abandonados o taludes.
Un ave en recesión
Especie migratoria, el paput se ve más en primavera y otoño, cuando se suman los ejemplares de paso entre Europa y África.
Pero la población local retrocede, y no por una sola razón. Marc señala la pérdida de hábitat agrícola, porque son aves muy ligadas al campo cultivado. Los campos abandonados se convierten en bosque y los que quedan se llenan de casas. Es decir, que todo lo que necesita el paput (un mosaico de cultivos, árboles viejos y muros de piedra) es lo que la isla va perdiendo.
A eso se suma la depredación. Al anidar en agujeros de algarrobos y olivos, si estos están cerca del suelo, “serpientes y gatos asilvestrados pueden llegar a huevos y polluelos”. Y no se puede obviar el cambio climático, que altera las costumbres de las aves, tanto las residentes como las migrantes. Algunos paputs se adaptan a parques y casas tranquilas, pero «no todos». «No es una sola causa, son varias que se juntan», relata Marc Torres.
Un nombre, varios apodos
Hasta el nombre es un reto. Paput, puput, papú, peput… según la zona, y sin consenso. La propia EEIF explica que el nombre popular le viene del canto y que en el habla pitiusa es frecuente la forma peput, por una disimilación vocal. Marc cree que es importante designarlo con seriedad y precisión y que es necesario recopilar todos estos nombres porque son cultura ibicenca.

El mensaje final del fotógrafo está muy claro y va en consonancia con la filosofía de sus redes sociales y de su empresa de exploración de la naturaleza The Other Face Ibiza y es que cuando se conoce lo que hay, se valora más.
Y una especie tan bonita, que todavía cría en el hueco de un garrover centenario a siete metros de una casa, merece que Ibiza la cuide antes de que sea tarde. Porque los árboles viejos no se improvisan, y el día en que caiga el último (no olvidemos la peligrosa recesión de los almendros, que están ya sentenciados) no habrá vídeo que devuelva el canto.
Vídeo y fotografía: Marc Torres @marctc96 en la Finca de Joan Micolau @micolau_de_forca.







Muchas gracias para estas fotos muy bonitas y el artículo .Todavía existe está cara natural mas bella de Ibiza.Tenia la suerte de ver una pareja de Abubillas con cuatro crias y sacaba muchas fotos.Lo hago muchos años y tengo que expresar mi tristeza por el estado actual del valle de Sta Agnes.Se han quitado cientos de Almendros muertos y ahora la zona parece un desierto.Estos arboles estaban un poco feos,pero no todos y creaban un imagen pintoresco y estaban entorno de muchas criaturas.Especialmente muchísimos pájaros vivían en sus ramas y desde arriba detectaron su alimentación como los Abejarucos,Halcones y más variedad.Es un milagro que siempre vivían allí tantos pájaros,aunque no hay agua, ni mucha agricultura.El otro día he visto un montón de gorriones y jilgueros totalmente perdidos entre los restos de sus almendros,donde estaban tan felices.Han quitado todo,incluido un arbusto grande al lado de un camino,que hacia sombra en verano,algo que falta mucho allí.Espero que van a plantar algo que crece más rápido para recuperar y salvar la naturaleza en Sta Agnes.Hay que cuidar los almendros,que ya no hacen.En Sant Agusti sobrevivían muchos,pero si no se recoge la fruta,no van a florecer más,no es sólo la xilella.Los pájaros necesitan los árboles viejos,sanos o muertos y en mi jardín las Lagartijas suben los pinos,que bien truco para escapar de los serpientes.
Gracias por su comentario, produce mucha tristeza leerla. Pero lo que cuenta es real, el almendro está sentenciado y eso es un desastre para el valle.