Ibiza vende una marca de lujo, fiesta y libertad que va mucho más allá de sus playas, y esa marca también se explota en la industria del porno, que ha usado la isla como escaparate y como escenario de sus rodajes. Muchas chicas jóvenes de la isla reciben ofertas para trabajar como «imagen» en fiestas, no solo en locales, sino también en villas y yates, mientras en redes circulan mensajes que prometen hacerse rica con OnlyFans, incluso vendiendo fotos de los pies. Quienes trabajan en este ámbito advierten de que, tras esas propuestas, se esconde a veces el camino hacia la prostitución y los rodajes. Para entender cómo funciona, hemos hablado con Ismael López Fauste (Navarra, 1992), periodista, escritor y conferenciante conocido por su investigación sobre la cara oculta y los abusos en la industria pornográfica.
A los 21 años trabajó como redactor en el sector, una experiencia desde la sombra que le permitió conocer de primera mano el funcionamiento interno y las condiciones de los rodajes. En 2018 publicó Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España, donde recoge testimonios y reflexiones sobre la explotación y los abusos. Ha colaborado con medios como El Confidencial, Público, La Sexta y la BBC.
Actualmente recopila testimonios de abusos sexuales y divulga sobre la captación de jóvenes, el consentimiento y la hipersexualización. Su trabajo en redes sociales le ha dado una gran visibilidad: confiesa que no lo esperaba, que está algo desbordado por mensajes y solicitudes de medios de comunicación y que incluso ha recibido bastante ‘hate’, que es como se denominan a los mensajes de odio, desprecio e insultos recibidos en redes sociales —muchas veces de perfiles anónimos—. Pero, implicado en la concienciación sobre estos temas, responde a las preguntas de Noudiari con generosidad.
Bajo estas líneas, uno de los vídeos con más repercusión, en el que explica que, en muchas ocasiones, los hombres que aparecen en los rodajes no son actores sino que han pagado por estar ahí. Una fuente de ingresos extra para la productora, que se convierte en proxeneta: prostitución grabada.
—¿Qué sabe de cómo funciona la industria del porno en Ibiza y en Baleares? ¿Lo conoce de primera mano o por testimonios de víctimas?
—Este tema es complejo. Diría que Ibiza funciona con respecto a Balears de una forma similar a cómo funciona España con respecto a Europa o el mundo, en general, en relación a la producción de porno. Me explico: no hay demasiadas fronteras. Mi historia con el porno empieza justamente con un barco. Una productora y directora afincada en un barco en Balears, que vivía entre Mallorca e Ibiza y me pidió que escribiera una columna sobre su nivel de vida como actriz porno. Su empresa era itinerante: operaba en Ibiza, en Mallorca y en Barcelona.
Te cuento esto porque creo que, si hablamos de víctimas específicamente, ubicarlas en un punto en el mapa al hablar de porno es un error. Existen los abusos en el porno, y una mujer puede ser abusada en Ibiza, pero mañana puede tocarle en Mallorca o en Budapest. De hecho, es en estos puntos que dependen de avión donde se es más vulnerable a tener que aceptar condiciones abusivas y cambios de última hora por parte de la productora, porque el componente «tengo que volver a casa» es bastante importante.
Luego hice una investigación específica aquí, que coincidió con mi desengaño y salida de la revista erótica con la que colaboraba. A partir de ahí, las historias que han surgido han sido a través de entrevistas y distintas fuentes que me contactaban. No todas eran víctimas: unas son testigos, otras simplemente consideran que han tenido una mala experiencia que puede ser o no un elemento aislado. En general es un mundo muy hermético y variado.
—Uno de los casos que ha conocido de manera directa es el de una joven universitaria que fue de fiesta a Ibiza, la contrataron de gogó y acabó como actriz porno. ¿Cómo fue ese proceso de captación, paso a paso?
—Voy a obviar el nombre de la discoteca, pero es importante destacar que era una de las grandes. Una joven estudiante del primer año de Psicología visitó Baleares desde su país natal. Ella era del Este. Venía con amigas de vacaciones y se enamoró de la isla. Ellas se volvieron y ella se quedó. Encontró trabajo como gogó en esta discoteca grande que comento y, a partir de ese punto, según su testimonio, un trabajador que tenía un contacto en una productora importante le ofreció grabar.
Este caso concreto sería uno de esos en los que la actriz no se percibe ni como captada ni como víctima. De nuevo, por respetar el testimonio, te lo tengo que decir. Su nivel de vida era bueno en el momento de la entrevista. Pero, en las semanas posteriores, la vi grabar una escena con un tipo, que no se había hecho test [de enfermedades venéreas] por cierto, y que decidió meterse en la escena porque podía (formaba parte de la productora), y más tarde en otro país le ofrecieron drogas para «animarla» en un rodaje largo y tuvo una sobredosis.

—Esto que describe es espantoso.
—La pregunta es: ¿era una víctima de trata? Bueno, en este caso todo era tolerado. Tuvimos un segundo encuentro y le pregunté si le gustaba estar ahí. Ella dijo que le compensaba. Cuando hablo en institutos siempre les digo a los chavales que las actrices hablaban mucho de «pasar por el aro» en algunos temas, y diría que fue a ella a la primera persona que le oí la expresión.
—¿Entonces son las discotecas y el entorno de las fiestas en villas de Ibiza lugares de captación de mujeres para el sector? ¿Quién capta y qué ofrece?
—Discotecas y villas lo fueron. No olvidemos el componente redes sociales ahora. Y el componente OnlyFans. La piratería ha debilitado mucho a la industria mainstream y ha hecho atractivos otros modelos de negocio. Te respondería incluso que la gente se capta sola a estas alturas. Evidentemente existen situaciones de grooming [práctica en la que una persona utiliza internet y las redes sociales para establecer una relación de confianza y captar]… pero te diría que venir a Ibiza tiene más que ver con explotar tu caché como «influencer» del sexo, con algún tipo rico como prostituta, que con el rodaje tradicional que veníamos conociendo. No hay fronteras, y las cámaras tienen muy buena edición. A Ibiza, a Abu Dhabi… no se va a grabar solamente, sino que se va a explotar como escort lo que quieran pagarte.
—¿Es decir, que hay una relación directa entre pornografía y prostitución, al menos actualmente?
—La advertencia iría por esa línea, sí, que es lo que trabajo. Ojo con el discurso de que todas las actrices porno viven de ser actriz porno. Piénsalo: ¿quién paga hoy día por ver los vídeos? Con la piratería, los cachés han bajado mucho con respecto a lo que se conocía en los 90. Se empieza captando con la mentira de que se va a ganar mucho dinero, y la necesidad hace el resto.
—Muchos rodajes en Ibiza se focalizan en villas, yates y casas privadas, no en un plató. ¿Qué riesgos tiene ese contexto, con menos control y nadie vigilando qué ocurre?
—Nunca he estado en un rodaje porno en un plató. Diría que siempre son esas casas bonitas, los yates, etc. El rollo de tío rico. Te puedes imaginar lo que puede pasar cuando accedes a tener sexo en un barco y, de repente, no es exactamente lo que habías firmado. ¿Adónde vas?
«Te puedes imaginar lo que puede pasar cuando accedes a tener sexo en un barco y, de repente, no es exactamente lo que habías firmado. ¿Adónde vas?»
Pero no hace falta irse a extremos. Recuerdo una vez, unos actores muy jóvenes que vinieron a grabar algo en un barco y acabaron vomitando los dos. Es curioso ver a dos performers grabando y conteniendo las arcadas porque se mareaban con las olas. Eso no llega al producto final. Hay muchas cosas que no llegan.
—No podemos olvidar tampoco la vinculación con la isla de uno de los grandes nombres del porno español, Nacho Vidal, que ha rodado en Ibiza, donde también han trascendido experiencias con drogas (sapo bufo, etc…)
—Bueno, lo del sapo bufo no está muy vinculado a la pornografía. No conozco personalmente a Nacho Vidal, pero siempre he asociado esas historias a extravagancias burguesas. He visto drogas en rodajes. No siempre como una especie de sumisión química, sino como una especie de normalización. Es curioso, cuando publiqué la investigación fue una de las cosas que destaqué. Tenía menos de 27 años y me faltaba perspectiva. Ahora que me he incorporado plenamente al mercado laboral a mis más de 30 años te diría que pocas cosas pasan en las cenas de empresa para lo que se consume.
El problema del porno es siempre el componente «sexo». Los abusos existen en todas partes, pero en este sector están casi necesariamente vinculados a una agresión sexual. Por tanto, existe el riesgo de la sumisión química.
—Relata un rodaje en Mallorca en el que habla de aislamiento, análisis falsos y contagios. ¿Crees que algo así puede darse también en Ibiza?
—Sí, claro. ¿Por qué no iba a poder darse? Hablamos de viviendas de lujo relativamente aisladas. No son pisos de clase media donde puedas salir gritando a la escalera o ir andando a la estación de tren más cercana para volver a casa.
A un nivel más normal, digamos, eso también produce situaciones de convivencia. En algunos rodajes, como el casting que describo en Mallorca, la gente se queda y hay un catering.
Luego tienes los truquitos para mantener las erecciones y demás. Pero diría que no es la norma, siendo justo.
—Habla de hombres que no son actores profesionales y que pagan por participar en las escenas, y de castings que son una excusa para grabar. ¿Crees que Ibiza, con tanto ir y venir de visitantes, es un lugar propicio y puede estar sucediendo? ¿Cómo se distingue eso de la trata?
—Absolutamente. Todo lugar de turismo masificado es un nicho de mercado para la prostitución. Este caso era muy específico, porque lo que quería describir era cómo una productora (la del barco) utilizaba la excusa del casting para usar a «sus» chicas como reclamo y traerse a tíos de la otra punta del planeta [que no son actores y pagaban por rodar escenas de sexo]. Pero hoy en día nada le impide a alguien con muchos seguidores publicar «estoy en Ibiza» y que le lleguen ofertas.
El problema efectivamente es la trata. Yo creo que ya nos estamos olvidando de ese cliché de que la trata implica traer a una mujer encadenada de algún país empobrecido. La trata también es engañar a tu sobrina. Tu sobrina puede querer ser actriz porno o vivir de vender fotos de sus pies, el problema es que se vende de una forma idílica y el diablo se esconde en todos los detalles. Trata, para mí, implica ofrecer unas condiciones y que la realidad sea distinta, especialmente si, además, arrastras a la víctima a una situación de vulnerabilidad o aislamiento físico o social.
—Queda una sensación grande de impotencia al escucharle. En sus conferencias y en redes sociales ha defendido que la prohibición lleva a la clandestinidad. Entonces, ¿qué defiende?: ¿regulación, controles obligatorios, figuras como el coordinador de intimidad, o bloqueo de webs?
—Tengo que matizar mucho esa respuesta. La prohibición, o la abolición, me parece algo idílico. Pero me da miedo la idea de «prohibir el porno» porque, ¿qué es porno? O ¿qué es «contenido inadecuado»? A mí me gusta mucho el cine de terror malo. Ya sé que los actores no mueren de verdad, pero, ¿no es inadecuado? Entonces, si el porno se produce sin abuso, ¿no es injusto prohibirlo? ¿Solo lo hacemos con aquello que implique a seres humanos, ¿o también lo hacemos con lo virtual o la literatura?
La frase «prohibir el porno» me parece peligrosa porque depende de los ojos del que mira y de la postura moral del que legisle. Entiendo que ambos estamos hablando de lo mismo, pero imagina un cambio de gobierno a algo más extremo. Estoy seguro de que alguien del Opus Dei prohibiría el porno de una forma muy distinta a como la prohibiría yo.
Controles, sí, coordinadores de intimidad, también. Todo eso me parece un avance. No es la panacea, pero ayudaría mucho.
—¿En cuanto al bloqueo de webs porno con agresiones sexuales, violencia…?
—Pues te diría algo parecido. Bloquear webs que alojan agresiones sexuales me parece lo más razonable del mundo, pero se trasladarán a la Deep Web, y ahí es más difícil localizar al responsable. ¿Bloqueamos todas las webs? Sería relativamente inútil teniendo VPNs [red privada virtual, que es una herramienta muy fácil de instalar y que crea una conexión segura y cifrada entre tu dispositivo e Internet, ocultando tu dirección IP real y tu ubicación, de manera que te conectas a páginas como si estuvieras en otro país]. Pasamos entonces a la identificación de usuarios, que los menores no puedan entrar. Yo creo que abrir la puerta al fin oficial del anonimato en Internet tendría un efecto importante en la desmovilización de movimientos sociales. No tiene nada que ver con el porno. El anonimato en Internet permite cosas terribles, pero también nos permitió el 15M o las manifestaciones del 11M o la organización de todo lo que está sucediendo por la vivienda en España.
—Si una persona sospecha que alguien de su entorno está en una situación así en Ibiza, ¿qué puede hacer y a quién puede acudir?
—Me encantaría poderte responder algo absolutamente idílico, pero entonces el mentiroso sería yo. Ninguna de las mujeres con las que he trabajado y han denunciado han visto más resultado que ver al policía al que se lo contaron hablando en la tele. ¿Qué hacemos con eso? El día que lo asuma y comprenda, quizás tenga un punto de partida para la siguiente investigación. Existen ONGs, asociaciones y un montón de activistas, psicólogas, abogadas, especializadas en este tipo de temas. La vida sigue, pero el proceso de revictimización puede ser muy largo. Es algo extraño dejar la industria con 30 años y descubrir el estigma que conlleva. He visto como puede dejarse atrás, pero no he visto hacer justicia.






