Un nuevo estudio científico ha reconstruido parte de la historia geológica que permanece oculta bajo el mar al sur de Ibiza y Formentera. El trabajo, basado en datos sísmicos del subsuelo, concluye que la cuenca de Formentera no tiene un origen principalmente reciente, sino que conserva una estructura mucho más antigua, formada durante el Mesozoico, la era geológica que se desarrolló aproximadamente entre hace 252 y 66 millones de años.
La investigación ha sido realizada por Fadl Raad, Agnès Maillard, Eduard Roca y Johanna Lofi, de centros de investigación y universidades de Francia y España, y ha sido publicada en septiembre de 2026. El trabajo analiza la llamada cuenca de Formentera, una depresión submarina situada al sur de Ibiza, entre la plataforma meridional de Formentera y el escarpe de Émile Baudot. Esta cuenca se encuentra actualmente a profundidades de entre 1.500 y 1.800 metros.
El estudio utiliza términos como Mesozoico, Triásico, Mioceno, Messiniense o Neógeno, que pueden resultar difíciles de interpretar fuera del ámbito de la geología. El Mesozoico es una de las grandes eras de la historia de la Tierra. Comenzó hace unos 252 millones de años y terminó hace unos 66 millones de años. Es la etapa conocida popularmente como la era de los dinosaurios y comprende tres grandes periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico.
Dentro de esta enorme etapa se encuentra el Triásico, que comenzó hace unos 252 millones de años y terminó hace unos 201 millones de años. El estudio identifica precisamente sal de edad triásica en profundidad en la cuenca de Formentera. Esa capa de sal tuvo posteriormente un papel importante en la deformación de los materiales que se encuentran por encima.
Mucho más reciente es el Neógeno, que comenzó hace unos 23 millones de años y terminó hace unos 2,58 millones de años. Dentro del Neógeno se encuentran el Mioceno y el Plioceno. El estudio analiza precisamente sedimentos de estas épocas más recientes para determinar cuánto se deformó la cuenca después de su formación inicial.
La diferencia temporal es, por tanto, enorme: las estructuras principales que los investigadores atribuyen al origen de la cuenca se remontan al Mesozoico, mientras que sobre ellas se depositaron posteriormente sedimentos mucho más jóvenes.
Una estructura que se remonta al Mesozoico
Los investigadores han estudiado perfiles sísmicos que permiten observar las diferentes capas del subsuelo marino. El trabajo utiliza principalmente perfiles de sísmica de reflexión multicanal en dos dimensiones, una técnica que permite obtener imágenes de las estructuras situadas bajo el fondo marino.
A partir de estos datos, los autores identifican diferentes unidades sedimentarias y estructuras tectónicas.
La conclusión principal es que la cuenca de Formentera corresponde a un sistema de medio-graben (half-graben) mesozoico. Un medio-graben es una depresión que se forma cuando la corteza terrestre se estira y se fractura mediante fallas normales, de manera que uno de los bloques se hunde respecto al otro.
En este caso, los investigadores interpretan que esas estructuras extensivas se formaron durante el Mesozoico y quedaron incorporadas a la arquitectura de la corteza de esta zona. El estudio identifica fallas normales inclinadas hacia el sureste que delimitan estos medios graben.
¿Qué tiene que ver la Tethys con Formentera?
Aquí aparece uno de los conceptos más importantes del estudio.
Los investigadores relacionan esta estructura con la Tethys liguro-magrebí, un antiguo dominio oceánico cuya evolución estuvo vinculada a la separación y posterior convergencia de diferentes bloques continentales.
El propio estudio explica que las estructuras del margen suroriental de Ibiza están relacionadas con la apertura de la Tethys liguro-magrebí, que en aquel momento separaba esta región del norte de África.
Esto requiere una aclaración importante: no significa que exista hoy un antiguo océano bajo Formentera. Lo que los científicos han identificado son estructuras geológicas que interpretan como restos de un antiguo margen pasivo, es decir, la zona de transición entre una masa continental y un dominio oceánico que se estaba formando o ampliando.
La conclusión del estudio es que la cuenca de Formentera y el margen situado al sur de la isla constituyen un sistema de medios graben formado durante el Mesozoico, interpretado como un remanente del margen pasivo noroccidental de aquella antigua Tethys.
La sal del Triásico, una pieza clave
Uno de los elementos que permite reconstruir esta historia es la presencia de sal del Triásico.
La investigación muestra que las series mesozoicas de la cuenca están despegadas sobre esta sal. En términos sencillos, la capa salina actuó como un nivel de deslizamiento o despegue sobre el que pudieron desplazarse y deformarse los materiales situados por encima.
Este comportamiento es diferente del de muchas rocas más rígidas. La sal puede deformarse plásticamente a lo largo de periodos geológicos muy prolongados, y su presencia ayuda a explicar algunas de las estructuras observadas en los perfiles sísmicos.
Los investigadores identifican además fallas extensionales, diapiros de sal y pliegues de cobertura relacionados con esta estructura.
Los diapiros son estructuras que se producen cuando la sal asciende lentamente a través de las capas superiores debido a su comportamiento plástico y a las diferencias de presión.
¿Y qué ocurrió después?
La historia de esta zona no terminó con la formación de las estructuras mesozoicas.
Muchos millones de años después tuvieron lugar nuevos procesos tectónicos durante el Cenozoico, la era geológica que comenzó hace 66 millones de años y llega hasta la actualidad. Entre ellos se encuentran los procesos relacionados con la convergencia entre África y Eurasia y con la formación del Mediterráneo occidental.
Pero precisamente aquí se encuentra uno de los resultados más relevantes de la investigación.
Los autores concluyen que la deformación neógena de la cuenca de Formentera fue muy limitada. Es decir, aunque la zona experimentó posteriormente otros procesos tectónicos, estos no fueron los responsables principales de crear la estructura que ahora identifican bajo el fondo marino.
Los datos muestran que las estructuras extensionales antiguas quedaron cubiertas o “selladas” por una importante superficie de erosión y que los materiales cenozoicos posteriores presentan una deformación relativamente suave en comparación con las estructuras más antiguas.
Una ventana al pasado geológico pitiuso
El hallazgo permite comprender mejor cómo se construyó el Promontorio Balear, la gran elevación de corteza continental que incluye Ibiza, Formentera, Mallorca y Menorca.
Esta estructura tiene unos 400 kilómetros de longitud y 110 kilómetros de anchura y se sitúa entre las cuencas de Valencia y Argelia. Se trata de una zona de corteza continental adelgazada, cuya configuración actual es el resultado de diferentes etapas tectónicas.
La cuenca de Formentera ocupa una posición especialmente interesante porque se encuentra junto al escarpe de Émile Baudot, una gran estructura submarina que marca la transición entre la corteza continental adelgazada del Promontorio Balear y el dominio de transición hacia la corteza oceánica de la cuenca argelina.
Los nuevos datos sísmicos permiten observar con mayor detalle la estructura profunda de esta zona y ayudan a reconstruir cómo era este sector antes de algunos de los grandes procesos tectónicos que terminaron dando forma al Mediterráneo occidental actual.
Un registro geológico de cientos de millones de años
La principal aportación del estudio es, por tanto, mostrar que la cuenca de Formentera tiene una historia mucho más antigua de lo que podría sugerir su aspecto actual.
Durante el Mesozoico, hace cientos de millones de años, el estiramiento de la corteza relacionado con la apertura de la Tethys generó estructuras extensionales y medios graben. Posteriormente, estas estructuras fueron modificadas en diferentes etapas tectónicas y quedaron cubiertas por sedimentos cada vez más jóvenes.
Los investigadores han podido distinguir en los datos sísmicos unidades correspondientes a diferentes momentos de esta historia, desde materiales del Mioceno y el Messiniense hasta depósitos del Plioceno y el Cuaternario, estos últimos mucho más recientes.
El resultado es, en cierto modo, un archivo geológico en capas: las estructuras más profundas conservan la huella de procesos que tuvieron lugar durante el Mesozoico, mientras que sobre ellas se han ido acumulando materiales depositados durante millones de años posteriores.
El estudio concluye que la cuenca de Formentera y el margen sur de la isla no son estructuras originadas durante el Neógeno, sino un sistema de medios graben formado durante el Mesozoico e interpretado como un remanente del antiguo margen pasivo noroccidental de la Tethys liguro-magrebí.






