La inversión extranjera en el sector inmobiliario de Ibiza ha dejado de ser anecdótica. Cada vez más viviendas acaban en manos de inversores extranjeros, tanto particulares como inmobiliarias y fondos de inversión.
Y es que el aumento de promociones de alto nivel está elevando los precios hasta niveles inasumibles para la población local.
Según explica Consuelo Antúnez, presidenta de Pimeef Construcción, el auge de compradores y promotores internacionales responde a una lógica puramente económica: “Son personas con capacidad adquisitiva que todavía consideran razonable invertir aquí, igual que alguien en Ibiza busca comprarse una casa en Murcia porque, comparando precios, salen los números”.
Y lo cierto es que cada vez son más los ibicencos que invierten en otras zonas de España, comprando vivienda en el norte, en zonas como Asturias y Galicia, donde los precios son más razonables.
Durante años, esta dinámica ha convertido la isla en un destino muy atractivo para la inversión extranjera. “Existe la posibilidad de vender en uno o dos años con una ganancia del 20 o 30 %, lo que hace que sea un negocio relativamente fácil”, señala Antúnez. Sin embargo, advierte del efecto colateral: “Al final está expulsando a la población local del mercado”.
Un modelo difícil de sostener
La Pimeef pone el foco en una contradicción creciente en el modelo económico de la isla: el impulso de un mercado inmobiliario de lujo sin una base social que lo sostenga. “Estamos llegando a una situación absurda: queremos un mercado de lujo, pero no habrá quién lo sostenga, ni quien construya ni quien trabaje en los servicios. La gente no puede venir a vivir aquí”, afirma.
Esta falta de trabajadores se traduce directamente en problemas para el propio sector de la construcción. Las empresas, explica Antúnez, ya no pueden crecer al ritmo de la demanda por la imposibilidad de incorporar nuevos trabajadores “Antes podíamos contratar personal adicional para nuevos proyectos. Ahora solo podemos contar con el equipo fijo que lleva años viviendo aquí”, indica, hablando en concreto del caso de su empresa.
Como consecuencia, muchas constructoras se ven obligadas a rechazar o aplazar obras. “A veces tenemos que posponer proyectos seis meses o incluso un año. Tenemos capacidad de gestión, pero no hay personal disponible”, añade.
Costes altos y baja rentabilidad real
Pese a la percepción exterior de que construir en Ibiza es altamente rentable, Antúnez matiza que la realidad es más compleja. “Muchos piensan que construir aquí es muy ventajoso, pero cuando ven los costes reales, se dan cuenta de que no lo es tanto”.
En este sentido, recuerda que el elevado coste de vida obliga a pagar salarios más altos para retener a los trabajadores. “Si no les pagas lo suficiente para vivir aquí, se van a otra empresa”, explica.
Lejos de grandes beneficios, reivindica la realidad del sector: “Mi empresa tiene 45 años y no nos hemos hecho ricos”.
Trabajadores sin vivienda
La falta de vivienda asequible afecta incluso a los propios trabajadores del sector. Antúnez describe situaciones cada vez más habituales, como empresas que traen plantillas de fuera ante la falta de mano de obra local.
“¿Dónde viven? Donde pueden”, resume. Entre las soluciones provisionales, menciona el alquiler de hostales en temporada baja o incluso el alojamiento en las propias obras, especialmente en reformas hoteleras.
No obstante, advierte de que estas condiciones no son sostenibles a largo plazo: “Puede servir para alguien que viene un mes, pero un trabajador con familia no puede vivir en un hotel o compartir piso con cuatro o cinco personas de forma permanente”.
Desde Pimeef Construcción insisten en que, sin medidas que faciliten el acceso a la vivienda y estabilicen la población trabajadora, el modelo actual no solo seguirá tensionando el mercado, sino que acabará afectando al conjunto de la economía de la isla.





