El cambio climático amenaza con transformar de forma radical y profunda la fisonomía de las Pitiusas antes de que termine el siglo. Hasta el 60% de las playas de Baleares podría perder más de la mitad de su anchura actual debido al aumento del nivel del mar, una situación que dejará al descubierto la extrema vulnerabilidad de los arenales más estrechos y encajonados que caracterizan a Ibiza y Formentera.
Así lo revela una alarmante tesis doctoral desarrollada en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB) por el físico Pau Luque Lozano. El estudio advierte de que, si se cumplen los escenarios climáticos más extremos, el nivel medio del mar podría subir hasta 103 centímetros para el año 2100, provocando la inundación permanente de unos 36,5 kilómetros cuadrados de costa en todo el archipiélago.
Además de la pérdida de arena superficial, la investigación —dirigida por los científicos Alejandro Orfila y Marta Marcos— concluye que la virulencia de las inundaciones costeras temporales durante los episodios de fuerte oleaje y tormentas se disparará un 41% respecto a la situación actual.
El peligro es especialmente crítico en las islas debido a la abundancia de playas estrechas. Al disponer de menores reservas naturales de arena de forma natural, estos ecosistemas tienen una capacidad muy limitada para adaptarse a la subida del mar, lo que acelera de forma drástica los procesos de erosión.
Un hachazo económico equivalente al 7,2% del PIB
Más allá del desastre medioambiental y paisajístico, la tesis pone cifras al impacto económico que supondría este deterioro del litoral para una economía tan dependiente del turismo de sol y playa como la de las Pitiusas. Los autores estiman que las pérdidas económicas asociadas a la destrucción de las playas podrían alcanzar el 7,2% del Producto Interior Bruto (PIB) de Baleares (tomando como referencia el año 2019).
Frente a este escenario, la investigación aporta soluciones tecnológicas pioneras para mejorar la predicción, implementando modelos matemáticos avanzados y un innovador sistema de radar de onda continua. Esta tecnología permite medir el oleaje y elaborar mapas de profundidad en tiempo real hasta a 500 metros de distancia, una herramienta que los directores del estudio consideran «fundamental» para planificar con urgencia la conservación de las costas.






