Irene Francolí (Ibiza, 1993), como muchos cómicos y cómicas, alterna en su discurso de cotidianeidad lo que en comedia se conoce como punchline – un remate que te hace soltar la carcajada, sentir el regusto, agudizar el ingenio y prestar aún más atención a lo que viene después.
Casi como sin querer pero habiendo trabajado el callo, esta ibicenca criada en Puig d’en Valls ha logrado convertirse en la humorista de Ibiza con más proyección, tras haberse hecho un hueco en la escena nacional con su propio monólogo y ahora también como guionista.
Tras pasar por el programa de actualidad y humor en la televisión catalana Està passant, donde ha dejado acento ibicenco, desde 2024 es una de las dos guionistas del programa de RTVE Play La Retaguardia, presentado por Inés Hernand junto a Marina Lobo.
Hasta ahí no ha caminado en línea recta.
En realidad empezó la carrera de Arquitectura en Barcelona, pero en el segundo año la dejó por Humanidades, y se formó como profesora. Llegó a impartir clase en dos institutos de Barcelona: primero en un barrio con población vulnerable y después en un barrio de clase media-alta. El sistema educativo no estaba preparado para atender a ninguno de los dos.
Tras abandonar el aula y la idea de hacer un doctorado en Mercè Rodoreda, se volcó en una pasión que siempre la ha acompañado: el teatro. En Madrid se formó con varias escuelas en teatro, improvisación y locución. Ahí empezó a curtirse interpretando monólogos, dando vida a personajes como ‘Gertrudis’ –una chica de pueblo y algo guarrilla–, y tras el confinamiento de 2020, decidió ponerse a trabajar en un monólogo en el que ya no hay personajes tras los que esconderse sino solo ella ante el público. El resultado es un show, Precipitado, una habilidad para el standup y un humor expresivo y ácido que a menudo mezclan sus experiencias personales con las locuras que suceden en su isla.
Ahora, en Ibiza, busca con ahínco nuevas voces para dar vida a una escena que de momento se pone a prueba una noche al mes en el Jazztabé, en un escenario sin presiones y abierto a hacer pruebas bautizado como JaJasTaBé. Su objetivo es también que cada vez haya más mujeres graciosas en ese espacio que tengan tanta confianza en sí mismas como el amigo José Luis.
La escena de comedia en Ibiza parece estar revitalizándose últimamente, con escenario abierto de standup abierto en el JazzTaBé, por ejemplo.
Surgieron muy de casualidad. Yo estaba buscando un lugar para actuar y me hablaron de un chico, Fede Lobián, que quería montar un open. Es una persona que nunca había hecho comedia pero quería sacar esto adelante. Yo había llevado algunos opens en Madrid así que nos unimos y muy pronto se incorporó Lucho Martínez, que es imitador y había hecho doblaje. Este es el “elenco principal” y luego “perseguimos” a gente, es una cosa increíble. ¡Sobre todo a mujeres! Una es Cristina Ramón, que solía hacer el Ibiza Today y es la pera. Es algo que mucha gente puede hacer bien pero no se anima a hacerlo o les da cosa subirse a un escenario. Muchas veces expones cosas de tu vida pero no siempre tiene por qué ser verdad, solo verosímil… ¡Y a veces ni eso! La cuestión es echarle ganas.
¿Cómo surgió para ti el hacerte cómica?
Yo siempre había hecho teatro. Empecé en la escuela de Puig d’en Valls y en el centro cultural. Me fui a estudiar a Barcelona y allí seguí participando en el grupo de teatro de la residencia y de la universidad. Una vez se hizo un evento de comedia standup cuando tenía 18 o 19 años, me disfracé de un personaje llamado Gertrudis que formaba parte de una obra de Jesús Ballesteros, de Ibiza. Gertrudis era una chica de pueblo, tímida y guarrilla. Al año siguiente hice de Gregorio, un señor que descubría a una cierta edad ya avanzada que en realidad no era un hombre.
Cuando decidí dejar Barcelona, después de pasar por varios institutos como profesora y desengañarme con el sistema educativo, recordé esos monólogos que había estado haciendo parte de mi vida. Me fui a Madrid, a una escuela de teatro y empecé a subirme a escenarios en opens de comedia por toda la ciudad. Ahí me dije: es aquí, es aquí.
¿Cuándo empiezas a convertirlo en un monólogo propio, a salir de detrás de esos personajes y crear tu propia voz?
Durante el confinamiento en 2020 empecé a escribir y en noviembre de 2020, cuando aún ponían un plástico en el micro –aquello no servía para nada– y todos íbamos con mascarillas, me subí al escenario con mi propio monólogo.
El primero que hice no quedó tan personal, tardé un poco en entrar en materia, pero así soy yo, asustada y decidida.
La comedia en monólogo tiene una parte muy grande de exponer tus miserias o al menos a ti misma, ¿no?
Ahí me pregunté ¿qué es lo que a mí me importa? Decidí tirar por el tema del turismo, porque una persona de Ibiza tiene su vida normal y después una vida paralela, que es todo lo que tiene que ver alrededor. Llevamos una vida normal, vamos a comprar el pan, al médico, pero a la vez estamos metidos en un parque de atracciones. Vivir en Ibiza es como estar dentro de Port Aventura mientras intentas llevar tu vida y a la vez eres un escenario. Es una cosa muy rara.
¿Cómo viviste esa evolución hacia exponerte más personalmente?
La comedia a menudo es costumbrismo, son cosas que compartimos todos. Por ejemplo, ¿sabes aquello de entrar en un avión y que los asientos sean muy pequeños? Cosas así ayudan a la gente a hacer click e identificarse con lo que dices. La realidad de Ibiza no es tan exacta porque hay gente que no sabe de qué va o las cosas que pasan aquí: hay que presentarla y después entran.
Y luego hay sitios como Málaga, Alicante, Barcelona… donde pasa más o menos lo mismo, que por culpa de AirBnB se está masificando toda España y te encuentras masificada hasta Zaragoza y Albacete —es muy bonito Albacete…—.
Cada vez hay más gente entrando en una realidad extraña en la que es normal que un expat holandés trabaje en remoto desde España porque es muy bonita. Aquí no es que lo entendamos, aquí ya lo sabíamos.
La primera vez que actué en Málaga flipé con la de gente sin techo que dormía en los parques. Allí están viendo ahora que hay sanitarios empezando a vivir en caravanas. Vengo del futuro, ya han llegado a nuestro nivel. “Welcome, ¡os estaba esperando!”.
Me contabas que estás reclutando sangre fresca para unirse a la escena de comedia en Ibiza. ¿Cómo va eso?
Con los tíos es relativamente fácil, hay mucho colegueo. Igual me dicen: “Es que tengo un amigo que es súper gracioso”… Y no, tu amigo lo que es es súper racista. Hay armas de doble filo. Ahora bien, ¡hay tías graciosísimas que ni se lo han planteado! Quisiera que algunas tuvieran el ego de un señor racista de 50 años. He logrado que se suba al escenario Cristina Ramón, y luego están Ari de Colores y Laura Mandarina, que son dos payasas [clowns].
En grandes ciudades como Madrid todos los sitios pequeños están repletos de gente y siempre va gente a probar, pero aquí es mucho más difícil traer a gente de fuera y en Ibiza, en sitios como La Kokotxa, donde también he actuado, ya vienen cómicos profesionales que cobran su actuación y su caché, es normal.
El problema es que vamos perdiendo escenarios, y es una pena. Cerró el Teatro Ibiza y se traspasa el JazzTaBé. ¡Por uno que quedaba! El standup es mejor en un bar, con la cercanía de la gente.
En los opens que organizamos una vez mes la entrada es simbólica, de 5 euros, la gente prueba material y no sabes si hará gracia. Si te gusta solo ha costado 5 euros. Si va mal… solo has pagado 5 euros. [Habrá uno el 20 de junio, otro en julio y otro en agosto en el JazzTaBé].
Ahora tenemos una cantera de unas 6-7 personas regulares, entre ellas una periodista, un jubilado, dos payasas, y otro que es entrenador de fútbol.
¿Hay una ‘carrera’ requisito para hacerse cómico?
Necesitas tener vida, y todo el mundo tiene una, y si no, hay gente que se la inventa, ¡no pasa nada!
Yo tengo partes de mis monólogos que son más personales, me gusta tratar algunos temas más graves. Hablo de depresión, de un trastorno alimentario, de feminismo, pero también hablo de porno, de gordofobia médica…
¿Lo has sufrido?
Sí. Tuve una depresión que arrastré unos años tras terminar la carrera. Estuve seis meses sin que me bajara la regla, estaba totalmente majara. Mis hormonas se habían vuelto locas y estaba fatal, pasó cuando era profesora y no sabía qué estaba haciendo con mi vida, básicamente. Lo primero que me dijo la ginecóloga fue que lo de la regla era por mi peso, y que lo que tenía que hacer era perder peso. Y yo lo que tenía era una depresión que derivó en un trastorno alimentario (TCA). Sí, sí, sí. Con 27 años, una edad rarísima. ¿Cómo iba a tener yo depresión con 27 años, dos másteres…? Dos másteres y un TCA tenía luego. Estuve con psicólogo, probé diferentes medicamentos, leí mil libros… Es un proceso muy difícil, son muchos momentos y me costó lo mío. Hay médicos que a las mujeres nos diagnostican habiéndonos mirado los pies. Hay muchas mujeres que después del monólogo han venido a decirme: esto me pasó a mí también.
Creo que fue Woody Allen, gran pederasta, que dijo que la comedia es tragedia y tiempo. Y es un imbécil pero tenía razón. Algo llega a convertirse en chiste porque ha pasado un tiempo.
¿Habías hablado antes de todo esto abiertamente, antes de hacerlo en comedia?
Ni con mi familia. Mi familia se ha enterado de cosas solo porque las he dicho en un monólogo y después me decían sutilmente…: “Oye esto ¿era de verdad?”. En comedia es más fácil, yo no sé hacerlo de otra manera. Igual también es enfermizo, hay cosas que no sé gestionar sin chistes, y el problema es que a mi familia le pasa exactamente lo mismo.
El carácter ibicenco a veces puede ser verdaderamente gracioso, a menudo desde el sarcasmo. ¿Es una idiosincrasia pícara?
Es de reírse mucho de todo. Y muchas veces todo va con indirectas o en segundo plano. Tenemos muchas historias, mucha escatología… En las historias de mi abuela siempre hay alguna mierda o alguien que se ha cagado.

La cancó glosada está también llena de indirectas e historias divertidas, y es muy curiosa cuando esta viene de mujeres…
Sí claro: dona’m garra-pinyada! ¿Cómo dice? Una iaia de 100 anys i un iai de 124 estàven panxa per panxa donant-se garra-pinyada… Es más fácil con el humor. Ya lo decía Mary Poppins, con un poco de azúcar todo pasará mejor.
Ahora hay una escena nacional de cómicas en primer nivel que es alucinante: Eva Soriano, Laura del Val, Victoria Martín, Carolina Iglesias, Henar Álvarez, Laura Márquez… ¿Cómo percibes este cambio?
¡Y lo que han tenido que batallar! Ellas y las que había antes. El problema es que para llegar al mismo sitio una tía debe esforzarse el doble, porque un hombre mediocre, por pura actitud y colegueo logrará el sitio. Como mujer debes estar constantemente demostrando tu capacidad, y no falles porque no volverás a aparecer… y cancelada, cancelada tú y todas las mujeres. Se cancela mucho antes a una mujer por cosas menos graves que a un hombre: mira Amber Heard y Johnny Depp, o Chapelle Roan.
Lo que sí hay es una evolución de tíos que han estado en un entorno de huevos gordos y sudorosos. Poco a poco vemos que deben callar un rato y dejar hablar a gente más preparada, que haga las cosas como se deben hacer.
También has llegado a convertirte en guionista de un programa de RTVE Play, La Retaguardia. ¿Cómo está siendo esta experiencia?
Sí, estoy en La Retaguardia, con Inés Hernand (presentadora) y Marina Lobo (co-presentadora). He salido en sketches también, pero estoy como guionista de la parte inicial, que son unos 25-30 minutos en los que Inés Hernad y Marina Lobo siguen un guión, y hay chistes sobre política actual. Mi trabajo consiste en coger cada día las noticias y hacer chistes sobre Pedro Sánchez, sobre Feijóo, de quién sea, y es sobre todo repartir estopa por doquier, que es algo que se me da bien y por eso me llamaron.
Empezamos siendo dos personas y ahora hay cuatro pero entre dos escribíamos como locos el guión.
Para mí era la primera vez que trabaja con este tipo de programa, había hecho radio y secciones en Està Passant, en TVCat. Me cogieron porque era muy política y reivindicativa, pero era la primera vez que hacía de guionista para otras personas y es muy guay. No había leído tanta prensa en mi vida. Eso sí, nunca desconectas del todo.
Comentar la actualidad en un clima de exaltación no debe ser fácil.
La gente está muy ‘clickbait-eada’: lee muchos titulares pero no entra a leer nada más. Hay mucha información, mucha desinformación y un auge fascista en redes que es increíble. Y es difícil porque debes entender bien qué ha sucedido para no colaborar en la desinformación. No vale solo hacer un chiste, especialmente si luego se coge un clip corto que se hace viral en redes, lo cuál se hace mucho en RTVE para llegar a gente joven.
Tampoco podemos ser básicos porque están sucediendo cosas muy graves. Y después tenemos a Inés Hernand y a Marina Lobo que son dos personas muy políticas, muy informadas y con opiniones fuertes: lo que dicen tiene mucha repercusión.
Esto de tener un humor tan expresivo, tan directo, sobre todo desde el punto de vista de una ideología política progresista, ¿puede crear más antagonismo con aquellos que se meten en un discurso agresivo desde las derechas más extremas?
Algunos ya lo han dicho: entrarán con motosierras en RTVE. Ahora mismo tenemos una televisión pública que no nos la creemos. Ser fascista debe empezar a dar vergüenza. Lo que no puede ser es aceptar que hay que darle voz a todo y hay cosas que deben volver a dar vergüenza, y ahora mismo no sucede, en absoluto. No se puede tolerar la intolerancia y hay cosas que no se pueden debatir.
Es más, desde la pandemia ha habido como una enajenación colectiva en la que hemos empezado a aceptar polladas como catedrales.
Con la comedia intento señalar las cosas que creo que están mal; no las puedo arreglar pero al menos puedo señalarlas.

¿Te puedes permitir vivir de la comedia?
El trabajo en la tele nunca es seguro, si vuelve una nueva temporada de La Retaguardia tras el verano estaré encantadísima. Esperamos renovar pero en cualquier momento puede cambiar todo. También hago secciones de radio: ahora mismo una sección en Ràdio Illa, con noticias de Formentera –o de la prensa italiana–, y hasta hace poco en El primer vol a Formentera, de IB3. Y después viajo con el standup.
Hay mucha multitarea porque al principio se paga muy poco, y yo soy autónoma. Y una cosa es llegar a cierto punto de trabajo y otra que se refleje en la nómina.
Otra de las facetas que tienes es que publicas tus propios videos en Instagram (@ifrancoli) con ‘análisis de la actualidad’ de Ibiza. Hablas mucho de balconing, e incluso entrevistas a turistas extranjeros.
Habitualmente me muevo en el mundo de la masificación, la saturación de Ibiza y el turismo, y derivados. A veces me sorprendo, la semana pasada publiqué un vídeo sobre serpientes de Canarias, allí han tenido el mismo problema y han logrado contenerlo mejor porque empezaron a actuar antes.
La masificación de Ibiza da pie a mucha creatividad. La mayoría de los vídeos son videos en los que me cago en la madre de Jesús por estar haciendo eso, porque a veces es más difícil hacer chistes cuando estás tan enfadada. Hacer chistes enfadada es muy difícil pero es liberador.
En el caso de Ibiza, de la pandemia no salimos mejores, ha habido un declive y una explosión de ‘airBnBs’ [pisos turísticos ilegales] y chabolismo –una explosión de muchas cosas–. En un momento en el que vimos que no podemos dedicarnos solo a una cosa decidimos dedicarle todo más que nunca. Nos hemos vuelto gilipollas. Vemos una ventana de oportunidad y nos tiramos por ella.







«Algunos ya lo han dicho: entrarán con motosierras en RTVE. Ahora mismo tenemos una televisión pública que no nos la creemos.»
La RTVE de hoy está haciendo buena la RTVE de Urdaci.
Las motosierras se suponía que eran para cerrar la TV argentina. Ni allí, ni mucho menos aquí, sucederá eso. Solo se aspira a purgas para colocar a los suyos, y en caso de crítica responder «y tú más».
Controlar la información bajo el sello y financiación de «lo público» es demasiado goloso.
«Ser fascista debe empezar a dar vergüenza. Lo que no puede ser es aceptar que hay que darle voz a todo y hay cosas que deben volver a dar vergüenza, y ahora mismo no sucede, en absoluto. No se puede tolerar la intolerancia y hay cosas que no se pueden debatir.»
De la misma manera que usted dice que hay cosas que no se pueden debatir, habrá cosas sobre las que otros creen que no se puede hacer humor.
Misma moneda con dos caras: autoritarismo y falta de respeto hacia la opinión discordante.