El modelo de ocio de Ibiza afronta un momento de transformación. Así lo plantea este domingo el diario El País en un amplio reportaje firmado por la periodista Patricia Gosálvez, que analiza el cierre de la temporada 2026, la concentración de la oferta en grandes operadores y el debate abierto en la isla sobre hasta dónde puede seguir creciendo el sector.
El artículo, publicado este domingo 27 de septiembre, pone el foco especialmente en la decisión anunciada por el Consell d’Eivissa de no autorizar nuevas discotecas a través del futuro Plan de Intervención en Ámbitos Turísticos (PIAT), actualmente en fase de participación pública. La institución insular pretende establecer un límite a la oferta de ocio dentro de una estrategia más amplia de ordenación turística.
El vicepresidente primero del Consell, Mariano Juan, explica al diario que «el territorio es limitado» y también la paciencia de los residentes. El objetivo del PIAT es establecer una segunda capa de regulación sobre las actuales ordenanzas municipales y «encapsular» el número de clubes existentes, sin plantear, según el dirigente insular, un ataque al ocio legal.
Juan apunta además que el Consell pretende tener el borrador del PIAT preparado y comunicado públicamente antes de las elecciones autonómicas de mayo de 2027. El plan llega después de varios años de actuaciones contra la oferta turística ilegal, especialmente en ámbitos como los alojamientos, el transporte y las fiestas clandestinas.
Un sector que mueve cientos de millones
El reportaje sitúa el peso económico del ocio como uno de los elementos centrales del debate. Según un estudio encargado en 2019 por la patronal Ocio de Ibiza, la actividad genera alrededor de 770 millones de euros anuales, equivalentes aproximadamente al 35% del PIB de la isla.
A estos datos se suma el IMS Electronic Music Business Report 2025/26, presentado en Ibiza el pasado mes de abril. Según este informe, los clubes de la isla ingresaron 160 millones de euros únicamente por la venta de entradas, diez millones más que el año anterior, pese a que se redujo el número de eventos. El informe apunta a una evolución hacia experiencias de mayor valor económico y una demanda más concentrada.
El comportamiento del turismo durante este año ofrece, sin embargo, una fotografía diferente. De acuerdo con los datos de la Fundació Impulsa Balears citados por El País, Ibiza y Formentera recibieron 560.121 turistas en junio, un 4,75% menos que en el mismo mes del año anterior, mientras que el gasto turístico total aumentó un 5,94%. El gasto medio por visitante y día alcanzó los 249,51 euros.
El propio análisis citado por el diario advierte de que este incremento del gasto puede estar condicionado en parte por la inflación, por lo que un mayor desembolso por turista no implica necesariamente una mayor creación de valor.
Ocio de Ibiza respalda congelar la oferta
La principal patronal del sector comparte la idea de limitar la apertura de nuevos establecimientos. Su gerente, José Luis Benítez, considera que la temporada ha sido positiva pero con cautela y recuerda que el sector afrontaba 2026 con la intención de contener gastos.
Benítez defiende que la oferta actual es suficiente y sostiene que la creación de nuevos clubes supone inversiones de elevado riesgo debido a la fuerte competencia existente en la isla. En declaraciones recogidas por El País, considera que congelar la oferta puede revalorizar los establecimientos que ya están funcionando.
El gerente de Ocio de Ibiza también admite que el crecimiento continuado puede terminar generando rechazo entre los residentes y recuerda que la propia patronal había planteado una moratoria para nuevos establecimientos de ocio años atrás.
Los pequeños empresarios cuestionan el modelo
La visión es diferente entre los empresarios de menor tamaño. Pepe Roselló, presidente de la Asociación Noches de Ibiza, que agrupa a una treintena de establecimientos del West End de Sant Antoni, asegura al diario que para los pequeños y medianos empresarios la temporada ha sido «nefasta».
Roselló considera que el actual modelo concentra una parte creciente de la actividad en grandes hoteles, discotecas y beach clubs, y reclama una revisión de las licencias y de los horarios para evitar que distintos formatos de ocio compitan en condiciones que considera desiguales.
El histórico empresario también sostiene que Ibiza ha perdido parte de la diversidad que caracterizaba su oferta de ocio y reclama una nueva regulación turística que defina con mayor claridad cada actividad.
La escena alternativa reclama una regulación diferente
El reportaje recoge asimismo la perspectiva de los establecimientos alejados del modelo de los grandes clubs. El DJ y promotor Igor Marijuan, fundador de Ibiza Sónica y director musical de Akasha, considera que la isla no necesita más clubes, aunque reclama una regulación más flexible que tenga en cuenta las diferencias entre los grandes establecimientos y los locales de menor capacidad.
Marijuan defiende la existencia de una oferta más diversa y propone incluso una figura similar a un «alcalde de la noche» que pueda estudiar las particularidades de cada establecimiento y favorecer un modelo sostenible.
La cuestión de fondo que plantea el artículo es precisamente si limitar el número de licencias puede contribuir a ordenar el sector o, por el contrario, favorecer una mayor concentración empresarial. El País recoge las dudas expresadas en medios especializados en música electrónica sobre el riesgo de que una oferta cada vez más concentrada pueda perjudicar la diversidad y la cultura underground que históricamente ha formado parte de la identidad de Ibiza.
El debate también llega a los barrios residenciales
El reportaje se detiene finalmente en el conflicto en torno al proyecto de Lío Ibiza en el Hotel Corso de Illa Plana, donde las asociaciones vecinales han cuestionado el proyecto y han presentado alegaciones y acciones judiciales.
El presidente de la Asociación de Vecinos de Illa Plana, Alberto Sánchez Runde, sostiene que el traslado del establecimiento desde la Marina de Ibiza al Hotel Corso plantea problemas urbanísticos y de licencias. Los vecinos consideran que la instalación de un establecimiento de estas características en un entorno residencial generaría molestias y cuestionan las fórmulas empleadas para encajar el proyecto en la normativa existente.
De este modo, el debate sobre el futuro del ocio ibicenco trasciende las discotecas y alcanza también a los beach clubs, los establecimientos del West End, los pequeños locales y los barrios residenciales.
Menos visitantes, pero con mayor gasto
El reportaje dibuja así una temporada marcada por una aparente contradicción: menos llegadas turísticas, pero un mayor gasto por visitante y unos ingresos crecientes en los grandes clubes.
Al mismo tiempo, las diferentes voces consultadas muestran que no existe una única visión sobre el futuro del sector. El Consell apuesta por limitar la oferta y ordenar el crecimiento; la principal patronal de ocio considera que la isla ya dispone de suficientes establecimientos; los empresarios del West End denuncian dificultades para competir; los representantes de la escena alternativa reclaman una regulación adaptada a los diferentes formatos, y los vecinos ponen el acento en la convivencia y el cumplimiento de las normas.
El debate queda, por tanto, abierto mientras Ibiza encara el cierre de la temporada y el Consell avanza en la elaboración de un PIAT que pretende fijar las reglas del futuro modelo turístico de la isla.






