Sebas Candela cuenta que hace cuatro años fotografió a más de veinte sargantanas comiendo juntas en el muro del final de la Platja d’en Bossa, donde comienza el Parc Natural de ses Salines. Una persona les llevaba comida cada mañana. Hoy, dice, esa imagen «ya no se puede ver y no se volverá a ver nunca». Con la experiencia que le da el trabajo de campo casi diario en la zona, calcula que el 95 % de las sargantanas ha desaparecido, hasta el punto de que «ver una o dos ya es una novedad». Culpa a la plaga de serpientes, que además se comen huevos y polluelos de aves en una zona supuestamente protegida. Y lo hace con una acusación añadida: 24 años de inacción de las administraciones.
Esa fotografía cuelga en Un passeig per ses Salines, la muestra que Candela y Rafa Domínguez exponen en el Club Diario de Ibiza hasta el 14 de octubre. Su idea es que sea itinerante: llevarla a Sant Josep, Sant Antoni, Formentera o donde se la pidan, incluso fuera de las islas, acompañada de charlas que expliquen lo que se ve. Ellos, jubilados y con tiempo, se ofrecen encantados. La muestra cuenta con el apoyo del Consell d’Eivissa y el Arxiu d’Imatge i So.

Un parque que no se conoce
Que la exposición viaje casi es una obligación, porque todas las imágenes son del Parc Natural y la reacción habitual del público es de incredulidad. Pocos saben la variedad de aves y fauna que alberga. Para muchos, ses Salines es sinónimo de la discoteca, la playa o los restaurantes. Nombres como morito común, zarapito trinador, esmerejón o zampullín común suenan a algo lejano, cuando viven a pocos metros de las pistas del aeropuerto de Ibiza. Los autores creen que esta riqueza debería enseñarse en los colegios.
Un parque que merece más medios
Candela y Domínguez admiten que el parque «no está lo suficientemente bien cuidado», pero rechazan culpar a quienes trabajan allí, que hacen todo lo posible. La responsabilidad, dicen, es de las administraciones públicas que no pone recursos en vehículos, personal y mantenimiento. Una opinión que comparten expertos en turismo de naturaleza como Marc Torres, que denuncian la suciedad, el mal mantenimiento y la falta de vigilancia.
Para ilustrarlo cuentan lo que ven cada vez que van a fotografiar aves, insistimos, en el entorno con la mayor protección ambiental de Ibiza: Autobuses de turistas que paran a ver los flamencos haciendo muchísimo ruido y dejando basura, perros sueltos que ladran y corren, y juegan con la pelota que les lanzan sus dueños por zonas de nidificación. Gente corriendo y caminando por zonas acotadas con casos extremos como una pareja cruzando los estanques andando por el agua.

«¿Sabías que en el Parc Natural de s’Albufera de Mallorca están completamente prohibidas estas actividades y que el respeto por el silencio es absoluto? Allí hay que caminar un kilómetro y medio desde el control, sin coche… y si se mueve una silla mientras estás observando aves, todo el mundo se gira bastante enfadado», explica Sebas Candela. Es, dicen, un turismo ornitológico respetuoso que en Ibiza «se debería explotar».
También les indigna el impacto de las discotecas y los hoteles cercanos, y la reciente noticia de los vertidos de aguas fecales del aeropuerto al parque.
La esperanza de la fauna
Aun así, el mensaje que irradia toda la muestra es de esperanza porque, pese a todo esto (insistimos: un parque natural en el que hay un aeropuerto, una discoteca, miles de coches cada día, gente paseando con perros, una invasión de serpientes…), la naturaleza se abre paso y la fauna sigue ahí.
Basta mirar las fotografías para comprobar que el parque late de vida. Hay una garza real que amenaza el nido de una cigüeñuela y es espantada en pleno vuelo por un ave mucho más pequeña que «saca genio». Hay un petirrojo captado con tal nitidez y ternura que parece que va a salir volando de la rama, hay un alcaudón común, un martín pescador y estorninos en bandada. Belleza desbordante.
Dos fotógrafos, una amistad
Detrás de las imágenes hay una colaboración poco habitual. Rafa es el profesional de la fotografía y el ‘maestro’; Sebas, su aprendiz, un papel que él mismo se asigna y que no piensa abandonar porque se considera, y se ha considerado siempre, un aficionado. Durante décadas su trabajo fue otro, el de jefe de deportes de Diario de Ibiza. Cuando se jubiló, sus compañeras y compañeros de la redacción le regalaron un curso de fotografía con Germán G. Lama, un obsequio que Sebas agradece especialmente porque fue el detonante de una vocación que lo ha llevado mucho más allá de lo que había sido su oficio.
Hoy trabajan como un equipo. Llevan diez años fotografiando en el Parc Natural, y pasan la mayor parte de las mañanas, entre las 7 a 9, o las últimas horas de la tarde buscando la mejor luz. La fotografía de naturaleza exige paciencia, observación y reflejos rápidos para capturar momentos efímeros. Su relación va mucho más allá del objetivo porque comparten desayunos y una amistad que, aseguran, potencia su trabajo.
Y hay algo que ninguno sabe explicar del todo y que solo se ve en el brillo de sus ojos cuando hablan y es la emoción de mirar la pantalla y ver que esa es «la foto», la que está enfocada, con buena luz, justo en el instante preciso, después de horas de espera. O la de descubrir juntos una especie que nunca habían visto, como el aguilucho papialbo que vieron una sola vez, posado en una higuera, y nunca más. Son esos momentos los que, dicen, compensan todas las mañanas.
La foto favorita del otro
Pedimos a Sebas que elija la fotografía preferida de su maestro en esta muestra. Nos sorprende porque lo tiene bastante claro y es una imagen en la parte central de la exposición, con una composición y un movimiento perfectos. Es un capsigrany o alcaudón común alimentando a su cría con un insecto, ambos posados sobre una rama. Sebas destaca que los dos ejemplares están perfectamente enfocados a pesar del movimiento de la escena, algo muy complicado, y que la rama y el tronco completan una composición redonda.

Rafa, por su parte, escoge de Sebas una bandada de estorninos en vuelo. Le sorprende la nitidez con la que están captados tantos ejemplares pese a la velocidad del aleteo, y una profundidad casi palpable gracias a los pájaros en distintos planos. «Una maravilla de foto.» Los dos coinciden en que no solo importan las aves porque el fondo de un parque natural, con sus estanques salineros, sus colinas y su vegetación, lo hace todo y convierte el retrato de un pájaro en un cuadro perfecto.

Siguiente parada: ses Feixes
Los dos ya trabajan en Un passeig per ses Feixes, su próximo libro. Creen que esos humedales son aún más desconocidos y que mucha gente los da por abandonados, aunque tienen mucha vida. Han mostrado un boceto a las instituciones, entre ellas el Consell d’Eivissa, el Ayuntamiento de Eivissa y el de Santa Eulària (parte de ses Feixes pertenece a este municipio), y confían en que saldrá adelante.






