–El tiempo.
–Vienen lluvias y dinero también.
–Lo efímero de la vida, digo.
Y en esa taberna se conocieron, donde las dinámicas de los camareros surgían aquí y allá y fluían después por allá y por aquí.
El camarero, sorprendido por la imprevista danza de su clienta en torno a las copas y tapas que allí se servían y de su peculiar habla, curioso le preguntó sabiendo ahora que era cantante de ópera:
–¿Tienes miedo de que te manche con las tapas?
–No, qué va. Soy tan sólo una minúscula parte de una inmensa coreografía que vino en un patinete sin luz para comerme unas gildas.
–¿Cómo puedes decir mucho de nada? Yo sólo escucho tapa de croqueta, croqueta sin nada y de nadie croqueta.
Y así quedaron para comer en el teatro del absurdo y presenciar una de las mayores epopeyas que allí se gestaron.Y entre el público que llenaban los palcos, la platea y la galería se encontraban como ya ocurriera en el concierto de Rebecca, Irina que vigila su secreto, Gregorio que no se acuerda de Carolina, Juanito el blanco que dejó a su amante, un mono que siempre se frota la nariz, Belinda que luce un hermoso grano, un señor que el día de Carnaval preguntó a un caballero por qué vestía de regadera y todos aquellos personajes que no pude ver y que viven y dieron significado a todos mis cuentos y me llenaron de alegrías. No se sabía si la obra se realizaría en la platea, en el escenario o si los músicos chocaban desnudos unos con otros en el foso y supe cierto que yo también en el teatro me hallaba, puesto que me vi coloreado en una pintura costumbrista del año anterior. El búho que vive en un palco de categoría vibúho fue el primero que presenció la subida de las cortinas y observar las sombras que poco a poco aparecían ante la encendida ovación del público que ansioso esperaba la representación de la obra. Aún no subida la cortina, la voz de la cantante de ópera tuvo su buen acompañamiento musical y ahora, sí, ahora aquellas sombras que no reconocíamos iban apareciendo en toda su belleza, aquellas sombras que no identificamos en un primer momento eran los héroes, los eruditos de la sociedad del nuevo milenio. De esta manera fueron presentándose los gallos, los conejos y la cabra anunciando desde el escenario el nuevo despertar de la humanidad, el cambio de paradigma… y tan sólo el búho no aplaudió.
Jaume Torres






