Cualquiera puede ser violento con su familia, nadie lo duda. Uno (o una) puede atizarle a su hermana o a su señor padre, amenazar al abuelo, zurrar a los hijos. Sucede, claro está, que si estas conductas llegan a un juzgado, al agresor le cae un puro del copón. De entre todas las violencias que se ejercen en el hogar, las agresiones de hombres contra sus parejas o exparejas mujeres triplican la suma de todas las demás. Es decir, tú pones a un lado a todos los condenados por agredir a hijos, hermanos, maridos, abuelos, nueras, yernos, nietos y demás familia y al otro a los condenados por agredir a su mujer, y resulta que estos últimos triplican al resto. Da mareos pensarlo. Además, cada agresión machista no es un hecho aislado, sino un acto de reafirmación de la autoridad del hombre sobre la mujer que ha contado tradicionalmente con el respaldo de la sociedad, la disculpa de la costumbre y la indulgencia de los legisladores.
Con estos mimbres, cuesta creer que alguien esté en contra de las áreas institucionales y de las ayudas específicas que se dedican a la prevención de la violencia de género y a la protección de las víctimas. Y sin embargo, ahí está el tándem PP-Vox y su defensa de un modelo familiar arcaico que difícilmente se sostiene si no hay un patriarca que ponga orden en la sala. Por eso, no bien tocan poder, suprimen departamentos destinados a la promoción de la igualdad y modifican normativas para que las mujeres maltratadas lo tengan un pelín más complicado si quieren huir de su agresor.
Un caso reciente es el de Valladolid, donde Vox y el PP han eliminado a las víctimas de violencia de género del protocolo de acceso al parque público de viviendas. Como sería un cantazo quitarles el punto del baremo que recibían hasta ahora así, de repente, se han limitado a ampliarlo para que lo reciban las víctimas de violencia doméstica que lo soliciten, y ahí ya incluyen a las víctimas de violencia de género. O sea, que vuelven a la tradición: diluir el escándalo de las agresiones machistas entre otras violencias para que no se note tanto. Desde el consistorio aseguran, muy ofendidos, que su intención es que el acceso a las ayudas se lleve a cabo con independencia de si se es hombre o mujer.
De sobra sabemos que al PP y a Vox les preocupa el bienestar de los hombres si y solo si pueden nombrarlo como pretexto para eliminar derechos de las mujeres. No los verás elaborar planes para reducir las conductas de riesgo ligadas a una masculinidad mal entendida que causa miles de muertes cada año, ni promover campañas para una mejor atención a la salud mental de los varones que reduciría la elevada tasa de suicidios, ni en el fomento de grupos de apoyo para enfermos de cáncer de próstata. Son muchos los frentes que podrían abrirse para mejorar la vida de los hombres sin empeorar la de las mujeres.
Ya es mala pata que el modelo de masculinidad tóxica que rechaza cuidar y cuidarse, que no expresa sentimientos, que demuestra su valía poniendo el coche a 180 o arreándole un puñetazo a la puerta del salón, ese modelo, el de la hombría que enferma y mata, es justo el que precisan estos dos partidos políticos para encajar su idea de familia. Necesitan hombres muy hombres que sometan a sus mujeres. Y necesitan, en consecuencia, leyes y normas que les ayuden en el empeño, no vaya a ser que un buen padre de familia se vea en problemas si un día su señora se pone chulita y al pobre se le escapa la mano en el legítimo ejercicio de su autoridad.
Oti Corona






