Pasar por las manos de Sabrina Dengra ha supuesto para muchas mujeres —y también para muchos hombres de Ibiza— un antes y un después en su vida. Cálida, profesional y muy cercana, Dengra acompaña y ayuda a romper silencios que pesan toda una vida: problemas realmente graves y que les afectan a muchos niveles como pérdidas de orina, dolor en las relaciones sexuales, prolapsos, vaginismo, estreñimiento, hemorroides o secuelas de diferentes tipos tras una cirugía oncológica, un parto o la menopausia.
Desde su centro, Sabrina Dengra Suelo Pélvico Ibiza, esta fisioterapeuta especializada acompaña a estas personas que, gracias a ella y a su equipo, logran remontar, a veces al 100%, estos problemas íntimos y muchas veces ocultos durante años.
Por educación, vergüenza o simple desconocimiento, se han normalizado síntomas que en realidad tienen tratamiento. Dengra lleva más de una década dedicada a esta especialidad —fue pionera en Ibiza— y ha visto cómo, poco a poco, cambia la mentalidad: cada vez más mujeres y hombres acuden a consulta para recuperar su salud íntima y mejorar su bienestar. Pero también subraya que queda mucho camino por recorrer.
En esta entrevista explica por qué todavía existen tantos tabúes, cómo se pueden tratar problemas como la incontinencia o el vaginismo y por qué nunca es tarde para mejorar la calidad de vida.
—Las mujeres han sufrido durante años problemas como la incontinencia, el dolor en las relaciones sexuales o el debilitamiento del suelo pélvico como si fuera algo normal. ¿Está cambiando esa mentalidad?
—Sí, está cambiando. Yo me dedico a esto desde hace 12 años. Me formé antes de quedarme embarazada y monté mi primera unidad estando embarazada de mi hija. La verdad es que me encanta acompañar a las mujeres en este proceso.
Cuando empecé, nadie sabía lo que hacía en consulta. Iba detrás de los médicos, de los ginecólogos, de los urólogos… pidiéndoles que, por favor, me derivaran pacientes. Ni siquiera ellos sabían exactamente en qué consistía mi trabajo.
—¿Le costó que se entendiera lo que hacía?
—Sí. Hoy, 12 años después, ha habido mucho recorrido, pero todavía queda mucho por hacer.
Sigue habiendo tabúes. Me sigo encontrando muchísimos casos, aunque menos que antes. Lo bueno es que ahora vienen muchas chicas jóvenes, sobre todo después del parto. Y luego ellas mismas traen a sus madres, a sus tías, a sus abuelas. En consulta sale que su madre tiene pérdidas o dolor desde hace años y nunca se ha tratado de nada. Y entonces me dicen: “Te la voy a traer”.

—¿Lo más frecuente siguen siendo los problemas de incontinencia?
—Sí. Muchas veces empiezan diciéndome que no tienen pérdidas, pero, en cuanto rasco un poco, aparece algo.
Les pregunto: ¿ni cuando toses, ni cuando haces esfuerzo, ni cuando te ríes mucho? Y entonces dicen: “Ah, bueno, cuando me río mucho sí”. Ahí tenemos la pérdida.
Lo tienen tan normalizado que en la primera valoración hay que preguntar muy bien para que entiendan que no son normales cosas que consideran normales.
—¿Aún queda mucho trabajo por hacer?
—Muchísimo, sobre todo en temas de dolor. Hay mujeres que han tenido dolor toda la vida y ya se han resignado. Han pasado por muchos especialistas y piensan que nadie puede ayudarlas.
Puede ocurrir que médicamente todo esté bien, que las pruebas salgan perfectas, pero la mujer sigue teniendo dolor. En esos casos no es un problema médico como tal, sino de tejido o de función. El enfoque es diferente.
—Entonces su trabajo forma parte de un abordaje más amplio.
—Totalmente. Para mí el trabajo en equipo es fundamental. A un mismo paciente lo tenemos que abordar desde muchos puntos. Necesito al ginecólogo, al urólogo, cada vez más al dermatólogo porque trato muchas patologías dermatológicas de la vulva, e incluso medicina integrativa. También hay muchos problemas intestinales relacionados con el suelo pélvico.
—Muchas mujeres mayores dicen que ya es tarde para tratar estos problemas.
—Nunca es tarde.
En patología de suelo pélvico el tratamiento suele ser muy efectivo. O se recupera completamente la función o se mejora muchísimo hasta conseguir una muy buena calidad de vida.
Yo tengo mujeres que no salen de casa sin pensar cuántos váteres hay desde su casa hasta el colegio del nieto. Eso limita muchísimo la vida.
Hay mujeres que no pueden viajar en coche porque saben que en carretera no podrán parar. No pueden organizar vacaciones, ni ir al parque con los nietos si no saben que hay un bar cerca para poder ir al baño. Eso no es calidad de vida.
—Durante años se ha normalizado la solución de las compresas para las pérdidas de orina.
—Sí, y eso ha hecho mucho daño. Concha Velasco hizo mucho daño con aquella publicidad de compresas para la incontinencia.
El mensaje era: tranquilas, tenéis unas compresas estupendas y podéis seguir orinándoos encima. Y no, no puede ser. Lo que hay que hacer es tratar el problema.
—¿Todas las pérdidas de orina son iguales?
—No. Está la incontinencia de esfuerzo, que aparece al toser, estornudar, levantar peso o incluso al caminar. Es la más frecuente y también la más fácil de recuperar.
Luego está la de urgencia, que es cuando tienes que ir corriendo al baño porque sientes que no llegas. Hay mujeres que están metiendo la llave en casa y se orinan justo en ese momento.
Y también está la nocturna, que no te deja dormir porque tienes que levantarte cuatro o cinco veces al baño cada noche.
La de urgencia funciona muy bien si se trata conjuntamente con el urólogo. A veces se necesita un poco de medicación para relajar el músculo de la vejiga mientras yo hago el trabajo de fisioterapia.
—¿Cómo de frecuente es la incontinencia?
—Las últimas estadísticas dicen que una de cada tres mujeres tendrá pérdidas de orina en algún momento de su vida.
Puede ser después de un parto, de una cirugía o incluso por practicar deportes de impacto. Hay que darle visibilidad.
Y especialmente a la incontinencia fecal, que es todavía más tabú.
—¿Es aún más difícil hablar de incontinencia fecal?
—Mucho más. Si no somos capaces de la orina, imagínate hablar de las heces.
Pero hay muchas personas con patología anal que directamente no salen de casa porque las heces huelen y eso es un problema social enorme. Y, sin embargo, tiene tratamiento.
—También trata prolapsos.
—Sí. Hay distintos grados.
Los de grado 3 o 4, cuando el órgano ya está fuera, son quirúrgicos. Pero incluso en esos casos la fisioterapia antes y después de la cirugía mejora muchísimo el resultado.
Los de grado 1 se recuperan sin problema y los de grado 2 muchas veces se pueden quedar en un grado 1, con lo cual la mujer hace vida normal.
—Otro problema muy frecuente es el dolor en las relaciones sexuales.
—Sí, tengo muchísimas mujeres con vaginismo.
No solo es que no puedan mantener relaciones con penetración. Es que no pueden ni hacerse una exploración ginecológica o ponerse un tampón.
Ahí hay que trabajar el tejido y también el aspecto emocional. Yo trabajo conjuntamente con una sexóloga para entender si ese vaginismo ha estado siempre o si apareció después por algún motivo, como un parto traumático.

—¿Es un problema más frecuente en mujeres jóvenes o mayores?
—Lo bueno es que ahora vienen más jóvenes.
Hace años me llegaban mujeres de 50 años que habían tenido vaginismo toda la vida y nunca lo habían tratado. Ahora vienen con 20, lo solucionan y pueden vivir su vida íntima con normalidad.
—¿Qué ocurre con la atrofia vaginal en la menopausia?
—Ahora se llama síndrome genitourinario de la menopausia.
Cuando bajan los estrógenos, el tejido vaginal se vuelve más fino, hay menos lubricación y aparece el dolor en las relaciones.
Muchas mujeres esperan pensando que se pasará, pero si no se trata puede llegar un momento en que la penetración sea imposible.
—¿Tiene tratamiento?
—Sí, y muy efectivo.
Trabajamos el tejido para generar colágeno y elasticidad con láser o radiofrecuencia, usamos dilatadores, terapia manual y también suplementación natural.
Y la verdad es que muchas mujeres vuelven a tener relaciones sin dolor.
—También trata a pacientes oncológicas.
—Sí, tanto las que vienen de un cáncer de útero u ovario como de mama.
Cuando en una cirugía se extirpan ovarios, la mujer entra en menopausia de golpe y eso tiene un impacto hormonal muy fuerte. Aparecen sofocos, problemas de sueño, sequedad vaginal, cambios emocionales…
Además esa mujer acaba de pasar por una enfermedad muy dura y se encuentra con un montón de secuelas.
Muchas veces sienten que, una vez terminado el tratamiento oncológico, se quedan un poco solas con todo lo demás.
—¿Los hombres también acuden a consulta?
—Claro, los hombres también tienen suelo pélvico.
Vienen muchos pacientes con problemas tras cirugía de próstata, con incontinencia de orina o disfunción eréctil. Y también hombres jóvenes deportistas con dolores pélvicos o perineales.
A muchos hombres operados de próstata con 55 años conseguimos quitarles el pañal.
—También trata estreñimiento, hemorroides o fisuras.
—Sí, porque muchas veces el problema es que no sabemos hacer caca.
No enseñamos a los niños la técnica correcta y acabamos siendo adultos estreñidos. Empujar constantemente para evacuar o incluso para hacer pipí acaba provocando problemas como hemorroides, fisuras o prolapsos.
—¿Es verdad que no es bueno quedarse mucho tiempo sentado en el baño mirando el móvil?
—Es lo peor.
Lo normal es sentarse, evacuar y levantarse. Pero muchas personas se quedan media hora con el móvil o viendo una serie en el iPad y eso mantiene una presión constante que no es buena para el suelo pélvico.
—¿Y elevar los pies para evacuar mejor con un pequeño taburete o cajón?
—Sí, es correcto. Lo ideal es que las rodillas estén un poco más altas que la cadera, porque así el recto se coloca en el ángulo perfecto para evacuar.
—En el posparto muchas mujeres quieren recuperarse muy rápido.
—Sí, y muchas veces son ellas mismas las que se autoexigen.
El cuerpo tiene sus tiempos. Acabamos de pasar por el mayor traumatismo de la pelvis y a los diez minutos estamos de pie atendiendo visitas.
Antes las mujeres estaban en reposo, rodeadas de otras mujeres que las cuidaban. Hoy en día queremos hacerlo todo.
Y yo siempre digo lo mismo: la mujer tiene que estar cuidada. Que le traigan comida, que la ayuden. Porque una mujer entra al hospital siendo una mujer y sale siendo otra.
—Sabemos que para usted la primera consulta es crucial para escuchar, explorar y entender a la paciente…
—Es una de las fases más importantes. No se trata solo de realizar una exploración física, sino de comprender la historia clínica completa de la paciente y cómo los diferentes aspectos de su salud influyen en el estado del suelo pélvico.
La valoración comienza siempre con una conversación detallada sobre el motivo principal de consulta —posparto, pérdidas de orina, dolor en las relaciones sexuales, sequedad vaginal o sensación de presión pélvica— y a partir de ahí profundizamos en diferentes aspectos de la salud: antecedentes médicos, intervenciones quirúrgicas, hábitos urinarios, frecuencia de las evacuaciones, posibles infecciones, actividad física o medicación.
También se abordamos cuestiones que muchas pacientes nunca han tratado con un profesional sanitario: si sienten urgencia para orinar, si tienen que empujar para vaciar la vejiga, si experimentan molestias al evacuar o si hay dolor o sequedad durante las relaciones sexuales.
Muchas veces vienen por un problema concreto y al hacer la entrevista aparecen otros factores que influyen directamente en el suelo pélvico.
Tras la entrevista clínica se realiza una exploración física. Primero se observa el abdomen y las cicatrices, en caso de cirugías previas, valorando cómo están los tejidos y si existen adherencias. Después se examina la vulva y el canal vaginal para evaluar el estado del tejido, la elasticidad y el tono muscular.
A través de pequeñas maniobras —como pedir a la paciente que contraiga o relaje la musculatura— se analiza la fuerza y coordinación del suelo pélvico. Ese examen permite detectar si existe debilidad muscular, exceso de tensión o problemas de movilidad del tejido.
—¿A partir de toda esa información se decide el tratamiento más adecuado para cada caso?
—Así es. En muchas pacientes puede incluir sesiones de fisioterapia, radiofrecuencia o láser para mejorar la elasticidad de los tejidos, además de pautas de ejercicios y, en algunos casos, suplementación natural que no interfiera con otros tratamientos médicos. Pero el objetivo de mi trabajo no es solo tratar patologías, sino también acompañar a las pacientes para que conozcan mejor su cuerpo y sepan cuándo algo necesita atención.
Más información
Web Sabrina Dengra
Instagram Sabrina Dengra Suelo Pélvico
Dirección: Fisioterapia y rehabilitación de Suelo Pélvico Ibiza®
C/ Fray Vicente Nicolau, 28, Ibiza.






