El armatoste de Punta Xinxò, una estructura desnuda de varias plantas de hormigón en pleno litoral de Cala de Bou, en Sant Josep, continúa en el abandono casi un año después de que el Ayuntamiento de Sant Josep anunciase la caducidad de la licencia de obra de la propiedad, y la «inmediata» tramitación de su demolición.
Sin embargo, a preguntas de Noudiari, el consistorio de Sant Josep ha declinado informar de si hay ya una orden de derribo en marcha, una respuesta de la empresa responsable de dicha demolición, o una fecha a la vista para el derrumbe de este mamotreto de cemento. Desde el Ayuntamiento han declinado responder a todas estas cuestiones, argumentando que el expediente se encuentra «en tramitación».
Fue el 16 de mayo de 2025 cuando el alcalde del consistorio josepí, Vicent Roig, anunció la aprobación en Junta de Gobierno de la caducidad de la licencia de construcción de estas obras, concedida en 2006. Tras resolver las alegaciones pertinentes, y tras reunirse con los vecinos de la zona ese mismo día para explicarles la hoja de ruta, el Ayuntamiento anunció mediante un comunicado que tras la expiración de esta licencia «se procedería de manera inmediata a la tramitación de la orden de demolición del edificio».

De no hacerse cargo la empresa, del Grupo Acintur, la demolición la realizaría el Ayuntamiento de Sant Josep de forma subsidiaria. El propio Vicent Roig reiteró en junio de 2025 en una entrevista con Noudiari que «el futuro de Punta Xinxó es el derribo».
Sin embargo, el mamotreto construido por el Grupo Acintur, ubicado entre el mar y las calles Jaén, Huelva y es Caló, sigue en el mismo lugar, en el que se aprecia una gran cantidad de basura acumulada, vallas perimetrales oxidadas, lonas desgarradas levantadas por el viento y cantidad de hierros junto al camino litoral que suponen un riesgo a viandantes.
Destinado a convertirse en un hotel de cuatro estrellas, desde hace algunos años los vecinos han identificado asentamientos en las estructuras del inmueble, que carece de cualquier medida de seguridad, con escalones de hormigón sin raíl ni ningún tipo de muro que proteja cada una de las plantas. Noudiari ha podido comprobar que aún hay personas viviendo y moviéndose en esta estructura vertical, en infraviviendas formadas por tiendas de campaña y telas colgadas de lado a lado a modo de protección contra el viento.

Ante cuestiones sobre la situación de este inmueble, desde el Ayuntamiento de Sant Josep han confirmado que tienen conocimiento de que hay asentamientos en la actualidad, sin ofrecer más detalles.
El pasado verano alrededor de 90 personas encontraron en este esqueleto un techo para pasar la temporada de trabajo. Aunque en este momento se aprecia un número bajo de infraviviendas, los vecinos aseguran que desde hace unos años esta zona se ha convertido en lugar de refugio para temporeros sintecho y prevén la llegada de nuevos asentamientos con el inicio de la temporada.
Basura y sinhogarismo en el mismo lugar
Quiles Guadalupe, residente de la calle Jaén desde hace seis años, denuncia que hay una gran cantidad de basura en este terreno y en las inmediaciones del edificio inacabado. «Hay gente que vive en casas de la zona y tira la basura aquí, y luego también están los que viven en el edificio, que se marchan y dejan lo que tenían», explica Guadalupe.

«A mí me da vergüenza que esto esté así por las políticas de aquí», reclama esta vecina, quien sugiere una solución creativa al armatoste dado que tiene poca fe en que sea demolido: «Que se termine y se dedique a viviendas para las personas que vienen a trabajar a Ibiza y no tienen dónde dormir».
Hace un año, junto con el anuncio la supuesta tramitación inmediata del derribo de este inmueble, el Ayuntamiento también anunció el incremento de la limpieza en la zona, más alumbrado público y la instalación de más papeleras en esta zona.
Pero lo que hoy rodea el hormigón son todo tipo de residuos: garrafas de plástico, lonas rotas, grandes bolsas de basura, botellas y un largo etcétera que se suma al único colorido de esta mole, los graffitis que son testigo de la fácil accesibilidad a la zona.

Preguntado por esta cuestión, otro vecino que vive en la calle Jaén desde hace casi tres años, Rok Fanrich, asegura que «las cosas están empeorando año por año y cada vez hay más basura». Mientras pasea a su perro, Fanrich asegura a Noudiari que en la zona no ha podido ver que se hayan realizado operativos de limpieza particulares.
«Para mí es vergonzoso», dice Fanrich, «la gente viene aquí de vacaciones, yo vivo aquí enfrente y al mismo nivel justo delante hay gente malviviendo… Entiendo que son personas sin recursos y es un peligro – esto no puede estar así en mitad de un distrito urbano».



Todos los vecinos con los que ha podido conversar Noudiari inciden en que quienes acaban residiendo en esta estructura, hasta ahora, no han presentado un peligro para la comunidad, y además durante el día suelen salir a trabajar. Al contrario, muestran su preocupación por el alto riesgo de vivir en un edificio de altura y sin paredes y advierten que con el inicio de la temporada volverán a ver a gente vivir en este quebrado hotel mediterráneo.
«Ya no sé si tienen planes de demolerlo o no,» dice Fanrich, «y todas las demoliciones cuestan dinero, pero han tenido tiempo y las cosas están empeorando».





