La sala de exposiciones de Can Jeroni, en Sant Josep, se llenó ayer por la tarde de público pero, sobre todo, de emoción, arte y memoria durante la inauguración de la exposición ‘La meva Mediterrània. El viatge’, una de las grandes propuestas de la nueva edición del festival Sant Josep és Foto.
Numeroso público no quiso perderse una apertura que confirma el crecimiento de un certamen que, impulsado por los fotógrafos Joan F. Ribas y José Juan Gonzálvez ‘Jota’, gana cada año más peso dentro del panorama cultural pitiuso.
Entre los asistentes, también el alcalde, Vicent Roig, que valoró la «altísima calidad de la propuesta» en una cita que convirtió la fotografía en punto de encuentro colectivo.
Un reencuentro imposible: el niño de 1967 frente a su propia historia
Pero si hubo un momento verdaderamente especial de la velada, fue el protagonizado por Toni Marí Roig.
Él es el niño protagonista de la icónica fotografía ‘Nin. Eivissa. 1967’, una de las imágenes más reconocibles de Catany. Ayer, 58 años después, acudió a la inauguración y se reencontró con su propia imagen infantil presidiendo la muestra.
Aquel niño de ojos negros y camisa blanca, retratado en Sant Miquel de Balansat bajo la sombra de dos mujeres vestidas de payesas —su abuela Eulària Torres, de Can Toni d’en Coves, y otra vecina, Maria Torres, de Can Coves des Pont—, jamás imaginó que aquella instantánea acabaría formando parte de la historia de la fotografía.
Hoy, convertido en adulto, trabaja como comercial y sigue viviendo en Sant Miquel, el mismo lugar donde fue captado en el verano de 1967, cuando apenas iba a cumplir ocho años. Aunque han pasado los años y hoy sonríe en la foto, el hoyuelo en la mejilla y la forma de las cejas le delatan.
Un retrato que, como tantos de Catany, trasciende lo documental para convertirse en símbolo.

La historiadora Fanny Tur ha documentado esta imagen cargada de memoria familiar y colectiva, en la que incluso aparece su propia bisabuela, Maria Torres. Es más, en la muestra han incluido otras imágenes del mismo día, del mismo carrete, pero que no habían sido expuestas nunca. Se ve a los mismos protagonistas, a la iglesia y en una, muy especial, aparece Baltasar Porcel con un hombre que resulta ser Miquel, el abuelo y padrino de Fanny Tur. La historiadora cuenta otra anécdota: en su casa tenían esa foto pero recortada, de manera que no aparecía Porcel. Cuál ha sido su sorpresa al ver que su abuelo charlaba con el conocido escritor. Una anécdota tras otra, conexiones ibicencas infinitas detrás de un momento congelado en el tiempo.

La esencia del Mediterráneo, 30 años después
Pero la exposición es mucho más que esta fotografía, aunque ocupe por méritos propios un espacio central: recupera y actualiza la mítica serie ‘La meva Mediterrània’, presentada por primera vez en 1991 en Palma y convertida en un hito tras su paso por ciudades como Barcelona, Valencia o Houston.
Más de tres décadas después, la muestra revive aquel viaje emocional por el Mediterráneo —de Alejandría a Nápoles, de Tetuán a Venecia— con una cuidada selección de imágenes procedentes de más de 1.500 negativos: calotipos, copias en blanco y negro, Cibachrome, virados al selenio o fotografías coloreadas a mano.

Mirada, talento y técnica al servicio de una idea: captar la belleza sin prejuicios, convertir paisajes en emociones y rostros en memoria.
Toni Catany, un personaje
Nacido en Llucmajor en 1942 y fallecido en 2013, Toni Catany es una de las figuras más singulares de la fotografía contemporánea.
Autodidacta, introvertido y profundamente intuitivo —“es lo que me sale”, respondía cuando le preguntaban por su proceso creativo—, desarrolló una obra internacional con más de un centenar de exposiciones y premios como el Nacional de Fotografía (2001) o el Ramón Llull.
Su legado vive hoy en la Fundación Toni Catany Centre Internacional de Fotografía de Mallorca, inaugurada en 2023.
Una exposición imprescindible en Ibiza
‘La meva Mediterrània. El viatge’ puede visitarse en Can Jeroni de miércoles a domingo: 10:30 a 13:30 horas y de jueves a sábado: 18:00 a 21:00
Se trata de una oportunidad única para acercarse a uno de los grandes nombres de la fotografía mundial y, al mismo tiempo, reconectar con una Ibiza anterior al turismo masivo, tal y como destaca Fanny Tur en un brillante texto de la exposición, una Ibiza que Catany supo inmortalizar con sensibilidad y mirada única.
Una exposición bella, profunda y cargada de historias. Como la de aquel niño que, sin saberlo, se convirtió en eterno.








