Un bailarín y actor que, entre otras cosas, trabaja para fiestas de las discotecas ibicencas ha encendido las redes con una reflexión que provoca todo tipo de sensaciones.
El título ya avisa de que busca polémica: La estafa emocional llamada Ibiza. Y la primera frase pone el estoque: «Ibiza ya no es solo una isla. Es un experimento social con DJs, ansiedad, lujo y escapismo premium», dice Víctor Óscar Juaranz.
Cientos de miles de reproducciones después, son muchas las personas que le acusan de banalizar y de conocer Ibiza de una manera superficial, mientras que otras personas consideran que ha dado en la diana.
Tal vez lo que hace diferente esta reflexión de tantas otras críticas al turismo de masas es que no exculpa a nadie y remarca la hipocresía de quienes viven del turismo y se aprovechan del visitante con precios y tarifas exorbitantes y, a la vez, lo critican.
«Todos se quejan del turismo. Pero curiosamente, nadie devuelve los billetes», dice.
El creador hace algunas afirmaciones que algunos consideran falacias y, otros, ciertas como que la isla que hoy existe la construyeron los hippies, los artistas, los que no encajaban en ningún otro sitio. En resumen, su teoría es que ellos vendieron libertad, luego mandó el negocio. Y el negocio trajo villas de lujo, alquileres imposibles, robos que ya no sorprenden a nadie y una clase trabajadora que se desangra cada temporada sin que la cosa cambie.
Ibiza no te transforma, «te exagera«
La parte más comentada del vídeo no es la denuncia social, sino la psicológica. «Esta isla no te transforma, te exagera. Si estás vacío, se nota. Si estás roto, explotas antes». Una afirmación que ha recibido miles de me gustas y que en los comentarios alguien definió como «verdades tan claras como un vaso de agua».
«Ibiza ya no vende fiesta, vende escapismo premium. Hasta el que vende retiros de conexión espiritual interna tiene wifi y parking VIP», apostila.
La respuesta de los que llevan décadas aquí
Los comentarios del vídeo dan una idea de la recepción que han tenido frases tan categóricas: Hay quien lleva 34 años viviendo allí y le recuerda que los ibicencos de verdad no tienen nada que ver con esa imagen. Hay quien le pide que «hable menos y viva más». Pero también hay familias que vinieron hace años, tienen hijos nacidos allí, pagan alquileres imposibles y no encuentran el momento de marcharse, o quien dice «vamos directos a recibir un turismo que enriquece a cuatro. Los pequeños comercios y trabajadores, convertidos en esclavos mal viviendo».






