Bien camuflado entre pinos y sabinas, en un terreno pegado al mar, situado entre el carrer des Caló y el carrer de Conca, en Cala de Bou, Sant Josep, ha crecido en las últimas semanas un asentamiento ilegal de infraviviendas. Está justo al lado del área recreativa del barrio y de la biblioteca de Cala de Bou.
El terreno, uno de los pocos que quedan sin construir en primera línea de mar en esta zona, acoge ya numerosas tiendas de campaña, caravanas, autocaravanas, turismos y algunos chamizos de madera y/o bloques de hormigón, algunos de ellos incluso con placas solares instaladas.
Es jueves por la mañana. Hay ropa tendida entre los árboles, restos del reciente desayuno en mesas de plástico y enseres apilados junto a las estructuras.
Hay señales de ‘Prohibido el paso’ y un vallado protegido con telas oscuras para preservar la intimidad de las personas que viven en el interior del terreno. En general, no se aprecia desde fuera una gran acumulación de basuras pero sí que hay restos por el perímetro y en algunos puntos se puede apreciar claramente el olor a orina y excrementos.

Durante el tiempo que este medio ha pasado en la zona ha podido ver a gente yendo y viniendo: vendedores ambulantes y personas aparentemente trabajadoras que salían con sus mochilas camino de sus puestos de trabajo. En el interior del asentamiento había poca actividad, probablemente porque era horario laboral, aunque se percibía que allí hay vida constante.
Conviven en el terreno viviendas y construcciones muy dispares: desde tiendas de campaña sencillas, del tipo que se vende en cualquier tienda de deportes, hasta estructuras más elaboradas y de mayor tamaño. También hay vehículos aparcados de todo tipo y varias autocaravanas.




Junto a estas infraviviendas hay plásticos, palés, cartones y varias bombonas de butano, un detalle que apunta a una situación de riesgo.
El solar está perimetrado por un muro en parte de su trazado, y se accede a través de una apertura cerrada con una cadena que, sin embargo, no lleva candado, por lo que cualquiera puede abrirla y volver a cerrarla sin dificultad.
Un fenómeno en expansión
Relativamente cerca de este ‘nuevo’ asentamiento se encuentra otro, en la estructura abandonada de Punta Xinxó, un lugar con amenaza de desalojo después de que el Ayuntamiento de Sant Josep entrase en las instalaciones y encontrase una situación alarmante de insalubridad.
La proliferación y crecimiento de este tipo de núcleos se ha agravado tras el desalojo de distintos asentamientos ilegales en Ibiza ciudad, alrededores y en el término de Sant Josep.
En los últimos años se ha desalojado el asentamiento ilegal de Can Burgos, junto al Mercadona de Sant Jordi; los de Can Rova I y Can Rova II, en la carretera de Sant Antoni; y, más recientemente, en abril, el de Sa Joveria, de Ibiza ciudad, que quedó totalmente desmantelado, además de otros desalojos puntuales de menor tamaño en Sant Antoni.
Buena parte de las personas afectadas por estos desalojos —muchas de ellas trabajadoras, sobre todo hombres pero también mujeres— han optado por rehacer su vida en otros asentamientos, tanto pequeños como más grandes, repartidos por toda la isla. El de Cala de Bou es uno de ellos: los vecinos ya lo conocían, pero hasta ahora era mucho más reducido. En las últimas semanas se ha notado un aumento tanto en el número de vehículos como en el de tiendas instaladas.
Este medio se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento de Sant Josep para saber si tiene constancia de este asentamiento, a la espera de respuesta.
En la propia zona de Cala de Bou existe además otro caso, distinto pero de naturaleza similar: una vivienda unifamiliar que nunca llegó a terminarse de construir —sin ventanas ni puertas, apenas una estructura de hormigón— y que varias personas han ido acondicionando poco a poco, llevando mobiliario y levantando cerramientos, hasta convertirla en residencia habitual. Sería, en cierto modo, un pequeño Punta Xinxó.

El peregrinaje de asentamiento en asentamiento no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa y bastante predecible de una cadena de desalojos que no han ido acompañados de ninguna solución habitacional alternativa. Cuando se desaloja un asentamiento, la gente no desaparece porque en la mayoría de casos tienen trabajo en Ibiza, de manera que se reubica en otro sitio».
La crisis de vivienda y el coste de vida disparado, que deja sin alojamiento digno incluso a gente que trabaja provoca este brutal contraste entre la imagen turística de la isla y esta realidad menos visible.








