Mohamed es psicólogo. Se graduó en Cuba, donde vivió durante 14 años, de ahí su más que buen español. En los campamentos de refugiados de El Aaiún, en el Sáhara Occidental donde ha crecido, trabajaba con casos psiquiátricos y también con casos de intercambio con psicólogos en España, un trabajo que como muchos otros en los campamentos, hizo de manera voluntaria debido a la falta de financiación del Estado saharaui, con reconocimiento limitado. Desde hace tres temporadas trabaja como maletero en el aeropuerto de Ibiza. Pero cuando termine su turno a las 22:30 de esta noche no sabe dónde dormirá, porque Mohamed es una de las 130 personas que residen en el asentamiento de sa Joveria, en la periferia de la ciudad de Ibiza, sobre el que pesa una orden de desalojo cuyo lanzamiento está programado para mañana, 21 de abril, a las 10 horas.
Esta mañana en el asentamiento de sa Joveria, el trajín es de abandono y baja autoestima. Ya hace días, de hecho, que muchos han abandonado sus enseres e infraviviendas de palets y lonas de plástico para buscar un lugar donde quedarse a vivir hasta final de temporada sin que les expulsen.
Como Mohamed, la mayoría de quienes viven en este asentamiento en condiciones infrahumanas son saharauis, originarios de unos territorios con los que España mantiene un profundo vínculo político e histórico. Mientras que él es residente en España, su compañero de vivienda, Adat, tiene estatus de apátrida (muestra su carné de identidad emitido por las autoridades españolas), por lo que los papeles y el trabajo no son un problema, pero sí la discriminación racial a la hora de buscar casa y las duras condiciones de acceso a la vivienda de la isla. “Nos cuesta muchísimo encontrar un lugar donde vivir y ahora nos echan, no sabemos dónde iremos aún pero si no encontramos nada, nos vamos de Ibiza”, dice Mohamed.
Como Mohamed, otros residentes en este asentamiento preparan su marcha antes de mañana. No quieren encontronazos con la Policía.
Cerca de las 9 de la mañana de este lunes, a un día del desalojo, de una de las primeras tiendas del asentamiento en la zona más cercana al párking de sa Joveria salen Salek y Ali, dos jóvenes de 26 y 27 años respectivamente. Recogen botellas y basura que otros han dejado alrededor de su tienda, a su marcha. Otro compañero de casa prepara cuatro tés en un pequeño camping-gas. Hace más de seis meses que han iniciado su petición de estatus de apátrida, a la que se acogen la mayoría de saharauis en España.

“Hemos ido al Ayuntamiento de Ibiza a pedir ayuda, y no nos han ofrecido nada, cada uno nos manda a otro, y a otro, y a otro departamento”, lamenta con frustración Salek. Según explica su compañero Ali, algunos residentes de este asentamiento se han ido a casas de otros saharauis con vivienda, mientras que otros han ido “a buscarse la vida” en Sant Antoni, “como pueden”.
Ali y Salek conocieron España de niños, en su caso, en las Vacaciones de Paz. Dejaron los campamentos de refugiados de El Aaiún, donde vivían en casas con agua y electricidad. En contra de pensamiento popular en la isla, no están acostumbrados a vivir en condiciones infrahumanas. “Sufrimos mucho y vinimos para mejorar nuestra vida pero me veo viviendo así”, lamenta Ali, que no descarta volver a Guadalajara, donde al menos podía permitirse una habitación para vivir con una tranquilidad de base mientras espera la finalización de su documentación como apátrida y busca un lugar donde pueda trabajar, otra tarea complicada en su situación.
Como Mohamed y el resto de habitantes de este asentamiento con quien ha hablado Noudiari, marcharán de sa Joveria antes de que termine el día para evitar una situación desagradable con las autoridades policiales y el Ayuntamiento de Eivissa, pero no tienen ni la menor idea de dónde dormirán hoy.

Hamed, de 26 años, es otro de los habitantes de este asentamiento que también conoció España, Asturias en concreto, mediante el programa Vacaciones en Paz, entre 2005 y 2009. Tiene una familia española en Avilés, y también conocidos y amistades en Denia, pero decidió venir a Ibiza por las posibilidades laborales hace ya tres temporadas. Desde entonces trabaja cada verano, de abril a octubre, como friegaplatos en un restaurante de la ciudad de Ibiza y este año también como ayudante de cocina. Tiene documentación en orden, pero difícilmente encuentra una cama o una habitación compartida, por la que no está dispuesto a pagar más de 400 euros. “Si en una semana no encuentro una alternativa me voy de Ibiza”, dice, sumándose al resto, a pesar de su arraigo en el trabajo y en la isla.
Hizo su casa en este asentamiento con 30 palettes, traídos a pie hasta sa Joveria, día a día, en un período de 22 días, tras llegar a la isla para reiniciar la temporada hace apenas un mes. “Aquí somos todos trabajadores: conductores de Uber, de autobús, trabajadores de hostelería… No bebemos, no hay drogas, y propusimos incluso colaborar con la Policía, mantener la limpieza, echar al que crease problemas…”, explica.

“Esperamos que no vengan mañana y nos dejen al menos terminar la temporada”, expresa Hamed, “porque hacernos esto ahora es lo peor”. A pesar de esta mínima esperanza, antes de las 10 horas de mañana cogerá su mochila y dejará su casa sin saber dónde acabará.
Notificación de desalojo
La parcela 7 del polígono 2 de sa Joveria, ubicada en paralelo al Recinto Ferial de Ibiza vive estos días momentos raros. Al llegar al párking de sa Joveria, también paralelo al asentamiento, uno se encuentra con las puertas de atrezzo de la Feria Andaluza que se inaugura en este espacio próximamente. En la parte este más cercana a la ITV en el recinto trabaja una excavadora aplanando tierra. Varios hombres se acercan a un coche aparcado en la zona, sacan unas botellas y se lavan la cara ahí mismo, mientras que otros abandonan la zona con sus mochilas al hombro, y nada más. El calor empieza a apretar y apenas ha empezado el día.
El expediente para la orden de desmantelamiento incluye informes técnicos de Medio Ambiente, Policía Local, Aqualia, Valoriza y el Hospital Can Misses. Este lugar no es, en resumen, habitable, y presenta numerosos riesgos.

El Ayuntamiento de Ibiza, mediante la Policía Local, inició a primeros de abril las notificaciones a los residentes de este asentamientos, donde según las autoridades residían hasta hace poco 130 personas. Desde el Ayuntamiento de Ibiza han informado de que hay seis casos de personas vulnerables en seguimiento y de que Servicios Sociales estarán presentes durante el desmantelamiento en caso de que sea necesario su apoyo.
La Sección de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal de Instancia de Palma ha autorizado al Ayuntamiento de Ibiza a proceder a la entrada, desmontaje del asentamiento y limpieza de esta parcela de propiedad privada, que debe finalizar antes del 26 de mayo, ya que la propiedad no tiene los medios para hacerlo.
Mohamed y Adat muestran a Noudiari esta notificación, que no quisieron firmar cuando se la entregó la Policía Local.
Para Mohamed, el psicólogo saharaui que estudió en Cuba, esta situación es insostenible a la larga. Hasta hace poco, el mismo espacio bajo un árbol en el que compartían té cada mañana, ahora acumula basura y los olores empiezan a ensalzarse rápidamente debido al calor. La retirada de muchos residentes de chabolas en los últimos días ha dejado un rastro de basura detrás que ya esperan a que el desmontaje termine de llevarse por delante.
En la empresa en la que trabaja Mohamed hay otros diez residentes de este asentamiento en condiciones como la suya. Asegura que la empresa les ha facilitado un documento de aval simbólico para ayudarles a encontrar una casa de alquiler, pero lamentan que no es suficiente y que las instituciones hayan elegido esta vía.
“El Ayuntamiento no debe hacer esto”, reclama. “Ibiza es para los ricos, no es para los pobres, pero ¿quién va a servir a los ricos? Mucha gente ya no ha venido este año y la que no encuentre dónde vivir en una semana se irá. Aquí viven trabajadores de Ibiza. Antes de hacer una ley debes tener una solución”.






