El litoral de Ibiza y Formentera afronta un futuro cada vez más incierto como consecuencia del cambio climático, la presión urbanística y la degradación de los ecosistemas marinos. Así lo recoge el informe ‘Destrucción a toda costa 2026. Illes Balears’, publicado por Greenpeace, que sitúa a ambas islas entre los territorios más expuestos al avance del mar y reclama un cambio urgente en la gestión del litoral.
Según el documento, las previsiones científicas apuntan a que el nivel del mar en Baleares podría aumentar entre 55,2 y 76,5 centímetros a finales de siglo, lo que provocaría un retroceso de las playas de entre 7 y 50 metros, reduciría hasta la mitad su superficie y pondría en riesgo infraestructuras y zonas urbanizadas situadas junto a la costa.
En el caso de las Pitiusas, Greenpeace identifica varios enclaves especialmente vulnerables. En Ibiza, las zonas de la ciudad de Ibiza, Platja d’en Bossa, Port des Torrent, la playa de ses Figueretes y Sant Antoni de Portmany figuran entre los puntos amenazados por posibles inundaciones marinas. En Formentera, el informe señala al puerto de la Savina como uno de los espacios con mayor riesgo.
Uno de los casos que más preocupa a la organización es el de la playa de Talamanca, en el municipio de Ibiza. El informe sostiene que el continuo impacto de los temporales sobre la pasarela y las infraestructuras costeras demuestra que el actual modelo de ocupación del litoral resulta insostenible.
Greenpeace llega a afirmar que, si no se modifica la gestión de este espacio, a Talamanca podrían quedarle apenas diez años de vida útil como playa urbana, debido al avance del mar y a la pérdida progresiva de arena.
También recuerda que la borrasca Harry provocó importantes daños en ses Figueretes, donde se registró una notable pérdida de arena y desperfectos tanto en el paseo marítimo como en la pasarela de madera.
Posidonia, microplásticos y fondeos ilegales
El informe dedica un amplio apartado al deterioro de los ecosistemas marinos de Ibiza y Formentera. Greenpeace alerta de que las praderas de Posidonia oceánica, fundamentales para proteger las playas de la erosión y mantener la calidad de las aguas, sufren una elevada mortalidad cuando la temperatura del mar supera los 28 grados, un fenómeno cada vez más frecuente por las olas de calor marinas.
Asimismo, advierte de la expansión de la macroalga invasora Halimeda incrassata, que altera los fondos arenosos y desplaza especies autóctonas.
Otro de los problemas señalados es la contaminación por microplásticos. El proyecto Surfing for Science detectó en la bahía de Portmany una concentración media de 0,99 microplásticos por metro cuadrado, con picos de hasta 2,77 microplásticos, favorecidos por la configuración semicerrada de la bahía y la intensa actividad náutica.
A ello se suma la presión de los fondeos ilegales sobre la Posidonia. Greenpeace recuerda que el 21 % de los fondeos ilegales detectados el pasado año en Baleares se produjeron sobre praderas de Posidonia en Ibiza. Como respuesta, Ports IB prevé instalar durante 2026 dos nuevos campos de boyas ecológicas en Porroig y Cala d’Hort, con el objetivo de evitar el fondeo directo sobre este hábitat protegido.
Cala d’en Serra y Cala Llentia, ejemplos de la presión urbanística
El informe también pone el foco sobre varios casos de ocupación del litoral en Ibiza. Entre ellos destaca la ruina del antiguo hotel de Cala d’en Serra, abandonado desde hace medio siglo en una zona donde el uso hotelero está prohibido. Greenpeace recuerda que el Ayuntamiento de Sant Joan inició en 2023 el procedimiento para extinguir su licencia y recuperar el entorno.
La organización también menciona las conocidas columnas de Cala Llentia, construidas en una zona protegida de la costa, como ejemplo de actuaciones que, a su juicio, evidencian la falta de control sobre determinadas intervenciones en el litoral.
Formentera, ejemplo de conservación
Frente a este panorama, Greenpeace destaca a Formentera como un caso de buenas prácticas en la gestión del territorio.
El informe valora positivamente las restricciones de acceso y circulación de vehículos implantadas en espacios naturales como Cap de Barbaria, Caló des Mort y Es Ram, medidas que contribuyen a reducir la erosión, proteger las dunas y limitar la presión turística sobre algunos de los enclaves más frágiles de la isla.
La organización concluye reclamando una apuesta decidida por soluciones basadas en la naturaleza, como la recuperación de sistemas dunares, la retirada progresiva de infraestructuras situadas en primera línea de costa y una planificación adaptada al escenario de subida del nivel del mar, con el fin de preservar el litoral balear para las próximas décadas.







Llevan desde los 90 advirtiendo de que en las próximas décadas desaparecerían no playas, sino países enteros.