Un año después de retratar un campo ibicenco «en la UCI», volvemos a sentarnos con el presidente de la Cooperativa Agrícola de Sant Antoni, Toni Tur, para hacer balance de un verano marcado por un calor sostenido, también nocturno, que ha mantenido un estrés constante en las plantas, adelantado cosechas y mermado hortalizas.
Hace justo un año, Toni Tur, Secorrat (Eivissa, 1988) describía el sector primario ibicenco como «un enfermo en cuidados intensivos». Doce meses después, «ha mejorado la foto del momento actual —la sequía no es tan acuciante y a algunos cultivos les ha ido bien—» pero el diagnóstico no ha mejorado: el verano de 2026 ha vuelto a batir récords de calor, con noches entre tórridas e infernales que apenas han bajado de temperatura, y Tur certifica que el campo lo ha notado en casi todos los cultivos.
Hablamos con él de cómo ha capeado el sector este nuevo golpe de calor. Y sentencia: «Tenemos que dejar de subvencionar las cosas y tener un plan estratégico para el sector primario de Eivissa, porque si no, lo vamos a ver desaparecer delante de nuestras narices», del mismo modo que hemos visto desaparecer la lagartija ibicenca «que ya ni se ve por Sant Antoni».
—Ha pasado un año desde la última entrevista y hemos vuelto a tener temperaturas excepcionalmente altas, también de noche. ¿Cómo ha afectado este calor sostenido a los cultivos?
—Se ha notado, evidentemente se ha notado mucho. Iré por orden, por los más sensibles. En los cultivos hortícolas hemos tenido problemas con temperaturas superiores a 35 grados en cucurbitáceas y solanáceas: calabaza, sandía, melón, tomate, berenjena, casi todo lo de verano. Hay que tener en cuenta que a partir de 35 grados las plantas dejan de estar disponibles para su óptimo de producción, para dedicar toda la energía a transpirar y sobrevivir, por mucha agua que tengan. Hemos tenido incidencias en floración, cuajado de frutos y maduración. En el tomate, por ejemplo, ha habido una maduración muy rápida que ha provocado mermas en poscosecha. También ha afectado el sol directo en el pimiento.
—¿Y en cereal y algarroba?
—En cereal hemos tenido una cosecha mejor que otros años porque llovió en invierno y primavera. En algarroba tenemos más cantidad, pero la maduración ha sido muy rápida por las altas temperaturas y la sequedad del verano, y se nos ha quedado un poco delgada. Se nos ha adelantado la campaña unos 15 días ya que nosotros tradicionalmente empezamos el 1 de septiembre, pero cada vez más socios nos piden entrar antes. Uno de nuestros compradores principales en la Comunidad Valenciana ya había empezado el 15 de agosto, quince días antes de lo habitual. Es por el calor.
—¿Esto se traduce en pérdidas de producción?
—El año pasado hablábamos de un 30% menos de algarroba, entre otros cultivos. Este año habrá más algarroba y no te podría dar aún la cifra de otros cultivos, pero sí, tiene afectación. Hemos tenido un año de buenas producciones en general, pero con un precio muy bajo, y con mermas por el calor tan intenso. En el tomate no solo ha habido problemas en el pico de maduración habitual del 15 de julio, sino desde inicios de julio hasta finales de agosto, con días de más de 35 grados de forma sostenida. Y la temperatura nocturna tampoco ha servido para compensar el calor diurno… sin olvidar el calentamiento del mar Mediterráneo con récords marcados en la boya de Sa Dragonera. Todo esto estresa los cultivos.
—¿Esto convierte el calor en un limitante estructural?
—Claro, y nos obliga a cambiar los cultivos y el calendario. Estamos adelantando cosechas y retrasando siembras, adaptando cultivos y cambiando variedades. Pero, por otro lado, el mercado en Ibiza es plenamente de verano, así que tampoco te puedes desligar de él. Nuestra venta máxima es julio y agosto. Y la sensación es que antes se venía a Ibiza a disfrutar del verano y ahora casi se padece.
—¿Y los acuíferos? El año pasado hablábamos de niveles bajos y salinidad al alza.
—El año pasado, por estas fechas, estábamos veinte puntos por debajo de donde deberíamos. Ahora estamos mejor, en torno al 42 por ciento y si lloviera de forma normal este invierno deberíamos recuperar niveles del 60%. Pero el consumo del verano, si no se frena, hace que por mucha lluvia que caiga no vayamos a tener agua suficiente.
—¿Cree que se están tomando las medidas necesarias sobre el consumo?
—Creo que la administración no puede fiarlo todo a las inversiones en instalaciones, sino que tiene que regular el uso del agua y hacer cumplir esa regulación. Necesitamos no solo buenas intenciones, sino resultados. Aquí en Sant Antoni ha saltado el tema del lago de la fiesta egipcia con un uso abusivo del agua. No sabe mal que pasen estas cosas, pero pasan precisamente porque no hay un control fehaciente de los usos del agua. Desde 2024, todas las asociaciones agrarias, en un manifiesto presentado a las administraciones, pedimos medidas para controlar el uso recreativo, para el uso de agua regenerada y para reservar los acuíferos al sector primario. Tenemos una reunión con el Ayuntamiento en diez días por otros asuntos, pero este también saldrá.

—¿Creen que la cuarta desaladora solucionará el problema?
—Podemos planificar la cuarta, la quinta o la sexta desaladora, pero si no ponemos límite al consumo y al uso, nunca vamos a tener suficiente agua por muchas inversiones que hagamos.
—¿Ha habido más problemas de control de plagas este verano por el calor, especialmente en cultivos ecológicos?
—El calor nos lo pone difícil a todos, seamos de cultivo ecológico o no. En ecológico, el único límite añadido son los abonos que puedes aportar a la planta para paliar el estrés térmico, que ya no es estrés hídrico. Aunque esté bien regada, la planta sufre por el calor.
«Una planta a pleno sol en verano puede registrar 55-60 grados en la hoja, y hay un límite en el que la fotosíntesis deja de ser viable. Estamos rozando umbrales de supervivencia de las plantas, y ahí no hay diferencia entre ecológico y convencional».
—¿Y la torcaz, que otros años ha dado problemas?
—Este año ha tenido más alimento en primavera y hemos tenido menos quejas de los socios. Ha tenido comida alternativa y no ha atacado tanto a los cultivos como en años anteriores. La solución en muchos casos está siendo mecánica, es decir, poner un impedimento físico para que accedan, las mallas, aunque en viticultura tienen un coste muy elevado por hectárea que encarece el producto final.
—Con el calor y la sequía, ¿qué cultivos cree que tienen futuro en Ibiza y cuáles están condenados?
—Seamos claros: el almendro está sentenciado. Ha tenido una decadencia de años por la falta de agricultores, la vejez de las plantaciones, plagas específicas como la xylella o el gusano cabezudo, y encima la sequía y la subida de temperaturas. De los que van a resistir, de momento tenemos el algarrobo, pero necesitamos plantaciones jóvenes: aguanta muy bien la sequía y tiene pocas plagas, aunque no es indestructible. Hay que fomentar la regeneración del paisaje con los árboles que sabemos que soportan mejor el clima actual. También creo que tenemos cultivos como la higuera, el magraner o incluso innovadores como el argán, que se adaptan mejor climáticamente.
—¿Y la vendimia? ¿Qué perspectivas hay?
—Se ha adelantado, pero ha sido una buena campaña, con más cantidad de uva, más fruto y menos plagas. En Can Rich, por ejemplo, llevan ya más de quince días cosechando.
—El año pasado hablamos también de la desaparición de las lagartijas.
—Han desaparecido completamente en dos o tres años, al menos en Sant Antoni. Antes las encontrabas bebiendo dentro de los aspersores de riego de la patata; ahora ya nunca las vez. Desde que no tenemos lagartijas hemos notado un incremento brutal de grillos. No conozco ningún estudio científico que lo relacione directamente, pero sí ha sido una observación clara: perdemos una especie del ecosistema y se desequilibra otra.
—Si tuviera que comparar el campo de Ibiza de hoy con el de hace un año, ¿está mejor o peor?
—La foto es mejor, pero las circunstancias son peores. Hemos tenido un año de intensidad de calor muy fuerte. Tenemos un problema estructural importante para la supervivencia del paisaje de las islas, y las medidas tomadas hasta ahora no son suficientes para una situación paradigmáticamente diferente a la que teníamos antes. Las condiciones climáticas han cambiado mucho y, además, van muy rápido y la velocidad e intensidad de las medidas que tomemos tiene que ir a la par de la velocidad e intensidad de los cambios.
—¿Cuál es el problema más urgente que deben resolver las administraciones ahora mismo?
—El acceso al agua y a la tierra. Tenemos que dejar de subvencionar las cosas y tener un plan estratégico para el sector primario, porque si no, está desapareciendo delante de nuestras narices. Si queremos sector primario hay que hacer cambios estructurales; subvencionarlo todo no es una solución. Las subvenciones son como los homenajes: cuando te llega alguno, sabes que te queda poco para desaparecer.
Con respecto al agua, lo que hemos pedido desde el sector primario y desde Alianza por el Agua —de la que las cooperativas formamos parte— es que los ayuntamientos aprueben una normativa específica en los usos del agua y en la limitación de estos usos recreativos, que no es más que cumplir el Plan Hidrológico. La normativa está toda publicada, hay que hacerla cumplir.






