Desde que vi La bola negra y desde que se convocaron elecciones generales, no dejo de imaginar una escena: Javier Ambrossi y Javier Calvo recogiendo un Óscar el 14 de marzo de 2027 mientras en Madrid tenemos un Gobierno con ministros de ultraderecha.
Hagan sus apuestas: ¿cuántos premios se llevará la película y cuántos sillones tendrá la ultraderecha en el Consejo de Ministros?
Si no fallan los sondeos —cito aquí el de 40dB— el PP tendría 132 escaños, lejos de los 176 de la mayoría absoluta, y la ultraderecha 66, el doble que en 2023. Juntos rondan los 200. Ya han pactado en varias autonomías y municipios y nada indica que no lo vayan a repetir en Madrid.
Es legítimo porque las urnas mandan. También lo es preguntarse qué harán con Cultura, una cartera que les interesa. Ya en 2023 su líder reclamó un ministerio propio, “no una secretaría de Estado”, porque la cultura era “alta política”. Y en ese mismo discurso prometía que el cine español dejaría de ser “arma política”.
Y ahora, más de tres años después, ya sabemos cómo manejan la cultura los gobiernos locales y autonómicos con este partido en sus sillones. En Valdemorillo cancelaron Orlando, el clásico de Virginia Woolf, porque, según denunció la compañía, su protagonista pasa de hombre a mujer; en Santa Cruz de Bezana se retiró la película infantil Lightyear por un beso entre dos mujeres; en Talayuela cayó la obra El señor puta o la degradación del ser, sobre violencia machista, por “no apta para menores”; en Briviesca, una obra sobre un maestro republicano fusilado fue fusilada… Siempre hay una excusa, por supuesto. Que si el presupuesto, que si la edad. Claro que sí, guapi.
Mientras tanto, el cine español vive un año espléndido. El ser querido, La bola negra, Yo no moriré de amor y tantas otras muestran lo que ocurre cuando la creación respira. Esa es la “marca España”, la que el resto del mundo conoce y admira: desde Velázquez a Almodóvar, desde Rosalía a Lorca, a quien fusilaron en 1936, hace 90 años.
La cultura en España es plural, mestiza, irreverente y libre, y nunca ha cabido en el decorado gris de un patriotismo homogéneo. Durante 40 años, bajo una dictadura, la hicieron encajar ahí. Pero no cabía. Lo saben bien los predecesores de los Javis: Luis García Berlanga, Luis Buñuel, Juan Antonio Bardem, Rafael Azcona, Fernando Fernán Gómez y Carlos Saura…. que, o bien crearon obras maestras del cine español haciendo filigranas para escapar de la censura, o bien acabaron exiliados en otros países.
Cada cual puede discutir la etiqueta, pero yo no tengo dudas de que se nos viene la extrema derecha y el fascismo, sin eufemismos. Son ecos de un autoritarismo que España parece haber olvidado y que podría estar administrando la cultura y otros ministerios en pocos meses.
El 14 de marzo me imagino llorando dos veces. Una de emoción, por el más que probable premio (o premios) a esta bola negra que ya es una joya del cine español. Y otra de rabia, porque se le haya dado bola blanca a quienes tantas veces nos han tirado la bola negra a las mujeres libres, al colectivo LGTBIQ+, a los migrantes, a los que no encajan en las cuadrículas de una España en gris.
En esta apuesta sobre lo que se nos viene, por una parte en el cine y, por otra, en el gobierno central, tengo muchas, muchas ganas de equivocarme de lleno en la segunda.





