El poeta ibicenco Ben Clark viajó hasta Albacete esta semana para participar en un evento cultural en la ciudad y, durante la visita, no dudó en acercarse al Museo Municipal de la Cuchillería, la gran referencia nacional de este oficio. Lo que no esperaba era encontrarse, entre cientos de piezas llegadas de toda España, un cuchillo nacido a apenas unos metros de donde él mismo creció: Santa Gertrudis.
La sorpresa no fue solo geográfica. Frente a esa vitrina, Clark comprobó que la cutxilla tradicional de la isla, ese cuchillo de mango labrado y hoja grabada con espigas y otros motivos vegetales, es una pieza que despierta auténtica fascinación entre coleccionistas y expertos en armas blancas de toda España. Y que, además, tiene un lugar propio y destacado en el museo de referencia del sector.
Un museo hecho de siglos de oficio
El Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete abrió sus puertas en 2004 en un espectacular edificio de factura modernista conocido como la Casa del Hortelano y, para poder ampliar espacio y actividades, en 2011 hicieron una reforma para contar con mil metros más de espacio.
Cuentan con un fondo de más 5.000 piezas de cuchillería, además de unos 500 objetos etnológicos y en torno a mil quinientos documentos.
Navajas históricas, cuchillos, tijeras y dagas forman parte de sus fondos, en los que conviven colecciones arqueológicas, donaciones privadas y piezas premiadas en el concurso regional de cuchillería que se celebra cada año en la ciudad. El museo, además, ha llevado sus exposiciones fuera de España, a países como Italia, Francia o Alemania.

Fue precisamente en la sala dedicada a la cuchillería española donde Ben Clark se topó con la pieza ibicenca, expuesta junto a unas navajas mallorquinas, de Muro, como únicos representantes de Balears en el museo.
La pieza: una cutxilla ibicenca con historia propia
El cuchillo que allí se exhibe no es un ejemplar cualquiera. Se trata de una cutxilla ibicenca fabricada en 2013 por el artesano Joan Bonet, conocido como «Frareta», en su taller de Santa Gertrudis, según explican a Noudiari desde el museo.
Mide 34,5 centímetros y pesa 393 gramos; su funda, de piel de buey cosida con hilo de latón, alcanza los 24,7 por 4,9 centímetros.

«El mango luce cachas de latón grabadas con motivos florales, mientras que la hoja, de acero al carbono templado al aceite, conserva el dibujo tradicional de la espiga de trigo combinado con más motivos vegetales», describen.
La funda repite ese lenguaje decorativo con dibujos florales repujados a juego con el cuchillo.
La pieza llegó al museo en agosto de 2013, donada por el propio Bonet, y desde entonces forma parte de la exposición permanente dedicada a la cuchillería española.
Joan Bonet, el hombre que rescató un oficio a punto de desaparecer
Durante siglos, fabricar cuchillos formó parte del día a día de la vida ibicenca. Pero el oficio fue apagándose poco a poco hasta que, hace dos décadas, se quedó sin artesanos que lo mantuvieran vivo. Joan Bonet, mecánico de profesión y sin formación previa en forja, decidió recuperar por su cuenta esta tradición, aprendiendo a base de ensayo y error a reproducir las técnicas y los materiales que usaban los últimos maestros cuchilleros de la isla.
Con el tiempo llegó a dominar tanto la fabricación de las hojas como la de las fundas de piel, y sus piezas terminaron llamando la atención de especialistas y revistas de armas blancas de toda España.
Es más, los gestores del museo que quedaron sorprendidos por la singularidad de un diseño de Bonet que vieron en una Feria de Cuchillería. No se parece a ningún otro cuchillo tradicional del país y le pidieron una pieza, que es la que luce ahora el museo.
Y es que la belleza de la cutxilla se suma a una historia fascinante, ya que era un regalo típico de padres a hijos, cuando se convertían en adultos y, atado a la cintura, era un elemento que estaba presente en peleas y reyertas, a menudo provocadas por disputas por una mujer.
Desde los Musson y los Armat de Sant Llorenç pasando por Vicent de Ca l’Amo y José Guasch Rosselló, Pep Musson, la tradición de la fabricación de cuchillería ibicenca ha llegado a nuestros días.
Xicu Rocha, el relevo generacional
La continuidad de este oficio parecía volver a estar en riesgo hasta que apareció Xicu Rocha, un joven ibicenco formado en forja y herrería que terminó especializándose en cuchillería tradicional de la isla de la mano del propio Joan Bonet, quien le transmitió sin reservas todo lo que sabía. Rocha se formó también en la Escuela de Herreros Ramón Recuero de Toledo, donde obtuvo el título de Maestro Cuchillero. Su trabajo apunta a que la cutxilla ibicenca tiene, al menos en él, un futuro asegurado.







enhorabona Joan, i és relleu, important.
. però encara ets jove, ben fet
Gran ciudad la de Albacete. Vale la pena visitarla.