La serpiente de herradura lleva más de veinte años devorando lagartijas en Ibiza. Ahora, sin apenas presas en algunas zonas de la costa, porque se lo han comido todo, los investigadores del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) alertan de que están haciendo lo mismo con los islotes, ya que se lanzan al mar para conquistar nuevos territorios donde alimentarse.
Noudiari ha querido profundizar en este estudio que alerta de las consecuencias devastadoras de una plaga que no se ha sabido controlar: ya ni los islotes que rodean Ibiza y Formentera están a salvo por estar separados del litoral. Ya están siendo colonizados y sus poblaciones de lagartijas exterminadas en cuestión de meses.
La explicación: el hambre. Porque se lo han comido todo. Y se ve. El tamaño de las serpientes «es mucho menor cuando hay ausencia de lagartijas cerca de la costa», explica Guillem Casbas, investigador del CREAF y coautor del estudio. «La gente local nos dice que no hay ratones ni musarañas. Estas serpientes se están muriendo de hambre de alguna manera, y puede ser eso lo que las motive a explorar nuevos recursos en lugares que no conocían», añade.

No es una hipótesis descabellada. La culebra fue introducida accidentalmente a principios de los 2000 a través de olivos importados de la Península, y, 26 años después, ha barrido las poblaciones de lagartijas de prácticamente toda Ibiza.

Con las presas agotadas en tierra, el siguiente paso lógico es cruzar el mar y buscar otras tierras. Hay que sobrevivir como sea. El estudio documenta, además, que la especie se esconde muy fácilmente y puede pasar meses sin comer, lo que la convierte en un depredador especialmente difícil de erradicar una vez establecido en un territorio.
430 metros a nado y una isla entera sin lagartijas
El 15 de abril de 2024, el equipo filmó en directo a una serpiente nadando desde la costa de Ibiza hasta el islote de Santa Eulària a 430 metros de distancia. Fue un vídeo que han incluido en el estudio publicado por la revista Ecology. También tienen fotos de ejemplares nadando. Y es una imagen que ya se puede ver con relativa facilidad.
Así, los investigadores han documentado 14 avistamientos independientes de culebras nadando en mar abierto entre 2015 y 2025, todos ellos en condiciones de mar calma.
En ese mismo islote de menos de cinco hectáreas capturaron posteriormente 58 serpientes, una densidad de 12,4 individuos por hectárea. Las lagartijas, que en 2016 eran 72, han desaparecido por completo.

La desaparición de la lagartija de las Pitiusas no es solo la pérdida de un reptil colorido, endémico y emblemático de las islas. Supone el desmoronamiento silencioso de un sistema que mantiene en equilibrio los campos, los cultivos y los ecosistemas de las islas. Cuando las serpientes invasoras exterminan una población, los insectos que la lagartija controlaba se multiplican sin freno. Y eso, advierten los investigadores, puede traducirse en plagas agrícolas.

Una especie clave que no se aprecia en su justa dimensión
«La lagartija de las Pitiusas poliniza flores, dispersa semillas y tiene un papel muy importante en controlar las poblaciones de insectos», explica Oriol Lapiedra, investigador del CREAF y responsable del estudio. «Lo que hemos podido comprobar es que cuando las lagartijas desaparecen localmente, los números de insectos se multiplican rápidamente. Esto puede tener consecuencias muy importantes para la agricultura. En algunos casos pueden aparecer plagas rápidamente».
Se trata de lo que los ecólogos llaman un efecto cascada: la eliminación de una sola especie desencadena una serie de desequilibrios que se amplifican a lo largo de toda la cadena alimentaria.
Lo más grave, en lo que respecta a islotes, es que cada uno alberga una población con coloración y genética propias, una línea evolutiva única que, una vez extinguida, no puede recuperarse.
Más de 30 de estas unidades evolutivas han sido descritas por la ciencia, muchas de ellas consideradas subespecies diferenciadas por su morfología y sus llamativos colores, que van del azul al naranja.
Sin solución fácil
Las respuestas que proponen los expertos al problema son complejas. Aunque se ha llevado a cabo una captura más o. menos intensiva y hay programas de cría en cautividad en el Zoo de Barcelona —con buenos resultados— e incluso se han creado refugios protegidos en la propia Ibiza para mantener poblaciones viables de lagartija, la plaga persiste.
«No hay una única solución que pueda marcar un antes y un después», reconoce Lapiedra. El estudio Swimming snakes wipe out endemic lizards from Mediterranean islets, firmado por Casbas, Vez-Garzón, Sanglas, Colomar, Cardona, Montes, Pleguezuelos y Lapiedra y publicado en Ecology en 2026, subraya que los programas de control deben extenderse de forma urgente a los islotes cercanos a zonas ya invadidas, porque algunos individuos pueden estar presentes en ellos sin que nadie lo sepa todavía.





