Antes de sentarse a hablar con Noudiari ayer jueves, Manuel Hernández ha hecho una parada en el Consell de Ibiza para despedirse de Vicent Marí. Después de la entrevista vendrá otra despedida, en el Ayuntamiento de Ibiza, para hacer lo propio con Rafa Triguero. Y es que hoy, 17 de julio, el hasta ahora comisario de la Policía Nacional de Ibiza cumple 65 años, y la ley no le deja elección: se jubila. Esta noche le espera una cena en un hotel de Ibiza a la que asistirán 125 personas. Una cifra que le ha impresionado al conocerla. Se le ve emocionado.
Y es que deja su puesto sintiéndose querido por una isla a la que llegó en 2016, primero como jefe de la Brigada de Policía Judicial y, un año después, como comisario. Se ha sentido muy bien recibido y acogido, dice, también porque su mujer es ibicenca —»vilera», puntualiza él, entre risas—. Ahora tendrá más tiempo para ella, el tiempo que un cargo tan absorbente como el suyo le ha robado durante estos ocho años. Pero si de él dependiera, reconoce, seguiría unos años más.
Curioseando por su despacho de la Comisaría de Ibiza se ve que le quedan muchas cosas por recoger todavía, como si le costase marcharse. Pero Manuel Hernández ya no viste de comisario. Viste de paisano. De ciudadano, que es lo que será a partir de ahora.
El domingo verá la final del Mundial con su amigo Joan Albert, sentado, como en un ritual, en el mismo lugar del sofá de siempre, para no tentar a la suerte.
Hernández es un hombre afable, de conversación amplia y variada, capaz de pasar de sus responsabilidades como comisario a disfrutar de las cenas psicomágicas de David Benito sin perder el hilo y bien adaptado al ambiente que se le ponga por delante. Licenciado en Filosofía, convencido de las bondades del trabajo en equipo y de que los policías tienen que sonreír más, Manuel Hernández no responde para nada al estereotipo del policía duro.
La jubilación y una vida junto al mar
—¿Estaba deseando que llegase su jubilación o es de los que habría trabajado más años? ¿Tenía esa posibilidad?
—En la Policía Nacional, por ley, nos tenemos que ir obligatoriamente a los 65 años. No nos dan ninguna opción, es una jubilación forzosa. A mí me hubiera gustado haber tenido la posibilidad de quedarme algún año más.
—¿Ahora en qué situación se queda? ¿Es un ciudadano más o sigue vinculado de alguna manera?
—No, paso a ser una persona jubilada y a depender ya de la Seguridad Social. Seré un expolicía. Tenemos que entregar la placa, el carnet, las armas, la tablet, el teléfono, el ordenador… este tipo de cosas.
Pero después seguimos vinculados emocionalmente y tenemos la posibilidad de obtener un carnet honorario y una placa emblema honoraria. Yo ya los he solicitado y, cuando lleguen, serán… un recuerdo.
—¿Echará de menos un trabajo tan intenso pero a la vez tan interesante?
—Soy bastante activo, tengo bastantes cosas pendientes de hacer y mi mujer está muy contenta de que tenga más tiempo para hacer cosas juntos. Ibiza es muy exigente y ya te puedes imaginar que en verano es muy difícil poder coger suficientes días como para hacer viajes un poco largos o más interesantes. Eso que nos ha faltado hasta ahora lo haremos ahora. En mi trabajo he disfrutado. A veces se pasan malos ratos también, porque te llegan noticias desagradables y tienes que tomar decisiones a veces un poco fastidiosas… pero al final ha sido parte de mi trabajo y no lo he visto como una carga.
De Ávila a Ibiza: filósofo y policía
—Usted es licenciado en Filosofía, un dato que, no sé por qué, pero sorprende en un policía. Vayamos por partes, ¿cómo comenzó su carrera?
—Ingresé muy joven en la policía, en 1980 [19 años]. Era el Cuerpo Superior de Policía, una policía civil no uniformada en la que te pedían COU y Selectividad para ingresar. Una vez que aprobé la oposición, me incorporé a la Escuela Superior de Policía, que se creó en Ávila en 1981. Dos años de formación teórica y uno de formación práctica.
—¿Y la licenciatura en Filosofía?
—Salí destinado a Barcelona y allí me matriculé en Filosofía, y fue gracias a eso que pude conseguir plaza de profesor en la Escuela de Policía de Ávila en 1988. Fui profesor durante 27 años. Yo era de Ávila y esa plaza me interesaba mucho.

—¿De qué fue profesor allí?
—De Ética y Sociología, e incluíamos Historia también.
—Desde fuera parece algo curioso encontrarse a un policía licenciado en Filosofía. ¿Ha sido un plus para este trabajo?
—Creo que sí, que da un plus. Me especialicé en ética, sociología y antropología, y eso coincidió en el tiempo con la aparición de los primeros códigos éticos para los profesionales encargados de hacer cumplir la ley. Y es ahí cuando empiezan a sentarse las bases de la profesión de policía bien definida, diferenciándose de la profesión militar, por ejemplo, o de la profesión judicial.
—De modo que hacían falta personas formadas en ello…
—Exacto. Había que explicar ética, códigos éticos, entornos culturales, derechos humanos… a los nuevos profesionales, no como algo coyuntural o deseable, sino como una obligación para los profesionales de policía.
Entendieron que hacía falta gente de filosofía, y coincidió con que yo pude conseguir una de las dos plazas que salieron en 1988.
—España venía de una dictadura y de una imagen policial muy negativa [llamada Policía Armada, los grises]. ¿Esos cambios fueron cruciales para tratar de manera distinta al ciudadano y al delincuente, también?
—Ahora mismo la policía es una de las instituciones más valoradas por los ciudadanos en las encuestas, y eso lo percibimos en el trato que tenemos y en el reconocimiento social. También se percibe en la cantidad de personas que acuden a la oposición para Policía Nacional cada año. Es una profesión bien valorada socialmente y que ofrece una carrera profesional atractiva.
—La Policía Nacional dio un salto de gigante en comunicación con el famoso @policia [bajo la gestión del periodista y community manager Carlos Fernández Guerra] y también a través de vídeos y contenidos en redes sociales.
—Nosotros trabajamos con directrices, pautas, protocolos y procedimientos internamente, pero sabemos que hacia afuera hay que conquistar el terreno con las redes sociales, pero también con el trato diario que los policías dan a los ciudadanos. La imagen de la institución se sustenta en cómo te están tratando diariamente.
A esta oficina llegan cada día una enorme cantidad de gente, como ves, que está en el hall: unos vienen a hacer DNI, otros a presentar una denuncia, otros vienen a pedir información. Que el trato sea correcto y amable es fundamental.
—Nos hemos lanzado con los temas, pero me falta saber en qué año llegó a Ibiza y la razón.
—Llegué en febrero de 2016 [ha cumplido 10 años en la isla este 2026]. Venía como jefe de la Brigada de Policía Judicial, porque entonces era inspector jefe. Además, mi mujer es ibicenca, bueno, vilera [ríe]. La conocí en Ávila. Ahora está jubilada, pero ha sido profesora de instituto; estuvo trabajando muchos años fuera y los últimos en el IES Blanca Dona.
Al cabo de un año de estar en Ibiza aprobé la oposición de comisario, luego se quedó la plaza libre y en 2017 ya tomé posesión.
—Ávila e Ibiza. Son mundos muy distintos. ¿Cómo ha vivido estos años lejos de su tierra?
—Con el avión no hay nada lejos. Me he adaptado muy bien a Ibiza. He tenido un trabajo muy absorbente, pero donde me he sentido muy realizado, y la verdad es que tampoco me he desconectado de Ávila, adonde voy cada mes y medio o dos meses, porque allí tengo a toda mi familia, mis amigos y gran parte de mi historia.
—Me han dicho que se siente vilero.
—Bastante. Me encuentro como en casa, conozco a muchas personas, los lugares…
Ocho años al frente de la Comisaría de Ibiza
—¿Qué balance personal hace de sus ocho años en el cargo?
—La verdad es que es un puesto de trabajo muy absorbente, hay que estar muy pendiente; cuando no estás en comisaría, estás al teléfono. Hay que tomar decisiones y hay que resolver casi de inmediato, y eso te obliga a tener el teléfono encendido por la noche o a coger, como mucho 10 días de vacaciones seguidos, nunca más.
Ahora mi mujer está encantada de que le pueda dedicar más tiempo; ahora yo también seguramente lo estaré.
—¿Lo más valioso que se lleva?
—Este cargo te da una experiencia y un conocimiento, por un lado, de las gestiones, porque la dirección implica muchísima gestión, y por otro lado, también de la importancia de las relaciones, no solo las institucionales, sino las relaciones con la sociedad.
Hemos podido solucionar muchas cosas gracias al apoyo de la gente de empresas privadas o incluso ciudadanos particulares.
Te pongo un ejemplo: cuando llegó la Covid necesitábamos unos aparatos de ozono para desinfectar los vehículos y habitaciones. No los encontrabas en ningún sitio, y hubo una empresa de autobuses, muy conocidos míos, que nos dejaron dos aparatos para ir tirando.
Los casos que marcaron su etapa
—¿Recuerda momentos u operaciones de estrés apabullante?
—Lo que me viene ahora es un trabajo que fue arduo pero del que estoy muy satisfecho, como fue la exposición de los 200 años de Ibiza y la Policía Nacional. Entendimos que era una buena manera de conectar a la policía con la ciudad, con la isla, y eso nos generó muchas, muchas horas, mucho aprendizaje también y, al final, mucha satisfacción, porque hemos quedado súper contentos.
—¿Y qué situaciones recuerda como más retadoras desde el punto de vista operativo?
—Uno de los de más presión fue el incendio del edificio de los juzgados en 2019 y el incendio en el edificio de Es Viver, donde murió una mujer. Se investigaron conjuntamente porque teníamos idea de que podían ser los mismos autores. Se consiguió crear un grupo ad hoc, únicamente y específicamente para eso, que es la única vez que se ha hecho.
Es decir, funcionarios de diferentes brigadas unidos en grupo con un inspector al mando y con un plazo de tiempo. Y al final salió. Conseguimos las pruebas y conseguimos también que se haya condenado a los autores. Un trabajo impresionante en cosa de tres meses.
—¿Y alguna investigación de un crimen?
—La investigación de un asesinato que hubo aquí el día que yo tomaba posesión como comisario, asesinato que se resolvió en un mes.
Fue un chico ibicenco de 23 años, en la noche de Navidad. Y al final se detuvo a los autores, y al autor material se le condenó a 22 años de prisión. Y el trabajo de investigación fue enorme. Ya digo, en un mes conseguimos sacarlo, pero fue muy duro.

La vivienda, la asignatura pendiente
—Imagino que la vivienda para poder alojar a los agentes es un tema que le ha quitado el sueño…
—Me ha afectado intentar conseguir mejorar las condiciones de vivienda para los funcionarios que vienen aquí, porque con eso también fidelizas y consigues una mayor estabilidad del personal.
Y esto es muy importante: la gente que conoce la ciudad y su problemática dará mejores soluciones a corto y a medio plazo.
—Y ahí entraron las viviendas de Sa Penya…
—Conseguir que se adjudicasen a policías y que ahora estén viviendo allí una veintena de agentes… ha sido muy importante. Vamos a mejor, y en el barrio parece que se van consiguiendo también unos mejores niveles de convivencia, y se va integrando más en la ciudad.
—¿En qué punto están los dos proyectos de vivienda para policías que se planean en Santa Gertrudis y aquí, en el solar de la Comisaría de Ibiza?
—Van en la misma línea. Aquí el terreno ya lo tenemos, allí también parece que lo tienen, y el Consejo de Ministros ha aprobado ya una cantidad para destinar a cada uno de los dos complejos. Por la información que tengo, está previsto darles prioridad a los dos proyectos. Este año o el que viene tendrían que ir saliendo.
—Mientras tanto, ¿qué pasa cuando llegan nuevos agentes de policía a Ibiza?
—El tema de la vivienda nos ha preocupado y ha ocupado mucho, pero también te digo que nos han llegado 90 funcionarios nuevos destinados a Ibiza: 71 de nuevo ingreso que ya son profesionales y otros 19 que están en prácticas, y todos tienen vivienda, han encontrado un acomodo bastante digno.
—Pero, ¿a qué precio…?
—Los precios ya sabemos cuáles son, pero también es cierto que en estos momentos nos acaba de llegar la información de que el plus de insularidad se equipara con el de las islas menores de Canarias, con lo que puede suponer una inyección económica muy interesante que nos ayuda también a dar estabilidad a la plantilla.
Drogas: de isla receptora a isla distribuidora
—En estos años han sido noticia grandes operaciones antidroga con policías de otros países implicadas.
—Son operaciones súper complejas, como también lo son el tema de fugitivos. Se ha intervenido mucha cantidad de droga y el trabajo se ha hecho con apoyo de organismos centrales, Guardia Civil y Vigilancia Aduanera. Se han hecho operativos importantísimos.
El año pasado hicimos uno que ha sido realmente sobresaliente, en el que estaba implicada una organización que tenía su centro y su sede aquí en Ibiza.
—Ahí vimos un cambio sorprendente, porque comprobamos que Ibiza no es solo receptora de drogas, sino distribuidora de drogas. ¿Fue sorprendente también para la Policía?
—Más o menos se intuía. La orografía, el propio terreno… lo facilita. Sabíamos que podía existir esa salida, pero ahora ya está demostrado.
—Ibiza es un lugar asociado al consumo de estupefacientes por la vida nocturna y la fiesta. ¿Cómo abordan desde la Policía un fenómeno tan arraigado?
—Nosotros hacemos el trabajo que tenemos que hacer. Cada día, prácticamente, tenemos detenidos por tráfico de drogas en menudeo, aunque a veces el menudeo es bastante amplio y la variedad de sustancias es grande, lo que nos llama la atención.
Después, por supuesto, hemos llevado a cabo investigaciones de medio y largo plazo a organizaciones que se dedican al tráfico de drogas. Hemos ido actuando, haciendo detenciones, interviniendo bastantes cantidades. Dentro de nuestro trabajo de comunicación con la sociedad, hablamos en centros educativos de las consecuencias del consumo de droga, de lo negativo que es para la persona… Tenemos una versión represiva respecto del que está vendiendo droga, y también la parte preventiva de explicar cuáles son las consecuencias, aunque en este tema hay también otras personas profesionales implicadas y comprometidas.
La delincuencia en cifras: robos, relojes y crimen organizado
—En estos ocho años como comisario, ¿diría que ha habido un cambio en el tipo de delincuencia en Ibiza?
—No ha habido un gran cambio. Vamos estudiando las estadísticas, sobre todo el número de denuncias que nos llegan por parte de los ciudadanos.
Lo primero es que la gente tiene que ser consciente de que hay que denunciar, que venga cuando se encuentre con un problema. Nosotros damos atención a cualquiera de los temas que se denuncien.
La estadística nos está diciendo que, desde hace unos cuantos años para acá, nos mantenemos en los mismos niveles de infracciones penales. Este año estamos incluso descendiendo en el ámbito de lo que es nuestra demarcación de la ciudad de Ibiza. En los últimos años, a veces sube un punto, a veces baja dos, a veces nos quedamos igual.

Y eso significa que, a pesar de que esté creciendo la población y la llegada de personas, a pesar de que la presión demográfica la tenemos ya por encima de 300.000 personas en toda la isla, estamos haciendo un trabajo que, por lo menos, mantiene los mismos niveles de seguridad.
El hecho de que la gente siga visitándonos significa que hay unos niveles de seguridad que son bastante aceptables.
En el tema de robos, robos con fuerza, incluso en los hurtos, ha habido un descenso que a veces es notable, y esos son delitos que tienen mucha repercusión en la sensación de seguridad de los ciudadanos.
—¿Ha cambiado el tipo de delito por el tipo de turista que viene ahora: menos familiar y más de lujo y adulto?
—El robo de relojes de alta gama y joyería es una cuestión que nos ocupa y nos preocupa, y a la que dedicamos muchos medios.
Tenemos dos grupos de investigación muy cualificados y apoyos de organismos centrales. Estos delitos, como el tráfico de drogas, ya existían hace años, y no tenemos la percepción de que hayan ido en aumento.
En estos 8 o 10 años hemos tenido un incremento notable en el tema del favorecimiento de la inmigración irregular. En el resto de delitos, creo que ha habido una disminución.
—¿Ibiza es una isla atractiva para organizaciones criminales, crimen organizado, blanqueo de capitales?
—Nosotros hemos actuado ya contra varias organizaciones, como te he dicho, y realmente tampoco es que se haya reflejado en los índices de criminalidad. No tenemos una constancia directa de que ese crimen organizado esté tan implantado, pero con esto no te quiero decir que no haya organizaciones que estén aquí más o menos asentadas, contra las que luchamos. No están en un nivel de organización como para generar problemas a la inmensa mayoría de la población.
Violencia machista y agresiones sexuales: los datos frente al negacionismo
—¿Han aumentado las agresiones sexuales en Ibiza?
—Han aumentado. Se esclarecen entre el 80% y el 90% de las agresiones sexuales, porque se producen en ámbitos o entornos en donde la denunciante (casi siempre es mujer, pero también hay hombres) conoce al agresor, que suele ser una persona de su entorno.
El aumento que se ha producido en este caso tiene mucho que ver con la concienciación de que determinado tipo de conductas se recogen como agresiones sexuales, que hasta ahora, o hasta que ha habido los últimos cambios en el Código Penal, no se recogían.
Hay más concienciación de ser víctima de ese delito y, por tanto, se denuncia.
—¿Han aumentado los casos de violencia de género, que muchas veces también conllevan agresiones sexuales?
—En lo que llevamos de año han bajado un 5,6% respecto al año pasado. En años anteriores nos movíamos en torno a un 8 o 10% de incrementos.
Son situaciones que se resuelven en un 100%, damos una respuesta inmediata porque el agresor suele estar totalmente identificado.
Y lo importante para nosotros, sobre todo, es que la víctima se sienta protegida, que no haya problemas de secuelas ni problemas por el hecho de denunciar. De momento creemos que estamos haciendo muy buen trabajo en ese sentido.

—Lo que sí ha aumentado es el negacionismo de la violencia de género, la puesta en duda de las víctimas, los discursos de «denuncias falsas». Usted, que como comisario trata con este tema diariamente, ¿qué piensa?
—Las denuncias falsas son un porcentaje bajísimo, tan bajísimo que es anecdótico y, por tanto, no es algo que se pueda sustentar. Lo razonable es trabajar con los datos reales y con los hechos reales; nos ponemos a trabajar con un grupo UFAM de protección y un grupo UFAM de investigación, dependiendo de la especialidad de cada uno de ellos y de las necesidades.
Trabajamos en colaboración con la Policía Local, dentro del protocolo de coordinación de seguimiento de las víctimas Viogén.
El relevo: quién llega y qué consejo le deja
—¿Ya se sabe quién va a ser su sustituto?
—Mi sustituto ahora mismo es el jefe accidental: el inspector jefe más antiguo, que es el segundo en el escalafón de la comisaría, Alfonso Ares. Va a estar hasta que venga un comisario que tome posesión de la plaza. Saldrán las plazas en diciembre y yo supongo que se tomará posesión en enero, probablemente.
—¿Qué se va a encontrar el nuevo comisario aquí?
—Se va a encontrar con una comisaría que yo creo que está funcionando bien, que está bien estructurada, que es un edificio abierto y muy acogedor. Tenemos buenas estructuras, buenos mimbres, un personal del que estoy tremendamente satisfecho. Estoy muy orgulloso del trabajo que hacemos aquí. Creo que, cuando esas cosas se tienen, lo importante es mantenerlas como están y seguir un poco la línea, aunque cada uno tiene su personalidad y tiene que marcar su estilo.
—¿Qué consejo le daría?
—Está claro que tiene que cuidar mucho las relaciones históricas, institucionales y, sobre todo, tener en cuenta que estamos un poco lejos de todo el mundo. Por eso necesitamos tener muchos aliados y muchas instituciones que nos echen una mano. Hay que mantener relaciones fundamentales con otros cuerpos de seguridad que son nuestros aliados: Policía Local, Guardia Civil, incluso seguridad privada. Todos los profesionales del sector de la seguridad tenemos que estar unidos. Todo nos va en ello.
Filosofía de un comisario: equipo, empatía y una sonrisa
—¿Qué cualidad —como formador que ha sido— cree que tiene que tener hoy en día un buen policía, que quizá no era tan importante cuando empezó?
—Lo fundamental es el trabajo en equipo y huir de los protagonismos. Cada uno tiene que asumir su responsabilidad, siguiendo los protocolos y la ética profesional, y trabajando con empatía hacia todos los ciudadanos. Incluso cuando hay que detener a alguien y utilizar la fuerza, el trato correcto debe partir siempre de nosotros, porque somos un servicio público y estamos para contribuir al bienestar de los ciudadanos y resolver sus problemas.
—Tenemos muy en la cabeza la imagen del investigador solitario y atormentado.
—Hay que romper esa idea del detective privado o detective policial que va resolviendo casos solo por el mundo. El trabajo que da mejores resultados es el trabajo en equipo. Evitar protagonismos te evita muchos problemas: creer que tú solo puedes arreglar algo e idealizar tu profesión.
—Usted es una persona risueña y aparentemente de buen talante. ¿Siendo comisario se ha podido permitir ser risueño, o es un cargo que obliga a fruncir el ceño?
—En relación con lo que te he dicho antes, lo primero que tenemos que aprender los policías es a sonreír un poquito más. No hace falta poner cara de muy serio, porque la gente ya reconoce la autoridad. No hace falta que se la transmitamos ni que la impongamos. Y la autoridad, muchas veces, te la reconocen más con una sonrisa y con una buena explicación.
El poder, las presiones y una isla
—¿Un cargo como el suyo recibe muchas presiones, muchas llamadas?
—Bueno, sí, todo el mundo llama: que hay de lo mío, que tenemos un problema aquí, que esto es muy importante, que esto es más grave…
Las asociaciones de vecinos también, pues cada una llama con su problema en su barrio.
Te llaman a nivel institucional, te llaman también a nivel particular y, por supuesto, te dicen cosas a nivel interno nuestro. Es decir, a mí, desde la Jefatura Superior de Policía de Mallorca, lógicamente me están supervisando: ¿qué ha pasado con esto?, ¿qué has hecho con aquello? Eso es lógico.
—¿Pero tienen autonomía desde Ibiza?
—Esto sí quiero dejarlo claro: aquí tenemos muchísima autonomía a la hora de tomar decisiones. Pero toda esa autonomía tiene que venir de la mano de decisiones correctas, de decisiones que sean basadas en lo razonable, en el sentido común y en responder a problemas determinados. Nosotros tenemos que pedir muchos apoyos, pero también tenemos que dar respuesta de cómo los estamos utilizando y cómo estamos gestionando los apoyos que tenemos.
Las decisiones que tomamos los comisarios no tenemos que explicarlas solo a nuestros jefes; tenemos que explicarlas también a la sociedad, en el sentido de saber rendir cuentas y decir por qué hacemos esto o lo otro.
Hay presiones, por supuesto, cuando los números no van bien, cuando las cosas se van de las manos, y nos dicen: oye, no estáis trabajando suficiente aquí. Esas presiones son normales, son las que tienen que ser, y hay que asumirlas.
—¿Hay buena relación con los políticos de Ibiza?
—Han sido siempre tremendamente respetuosos, porque los profesionales, los que tenemos que tomar las decisiones con un tema concreto, somos nosotros, somos las fuerzas de seguridad.
Las fuerzas de seguridad no debemos plegarnos radicalmente a lo que nos pueda decir alguien desde una institución, porque ese alguien no es un experto en esta materia.
—Cuando le he hecho la pregunta, me refería más a presiones para no actuar. ¿Le han llamado para que no haya controles durante la apertura de una discoteca, por ejemplo?
—Al contrario, cada vez que tenemos aperturas, por ejemplo, nosotros incluso pedimos apoyos porque necesitamos potenciar la respuesta.
—¿Le han intentado sobornar alguna vez?
—No, no, supongo que todo el mundo tiene su precio, pero a mí no me ha pasado nunca, por suerte. Y como ya estoy a punto de jubilarme, en mi ámbito profesional no me va a pasar.

—En esta isla hay gente muy poderosa y con mucha influencia, puede que alguien sí haya pasado por ahí…
—La inmensa mayoría de las personas que ejercemos esta profesión, la inmensa mayoría de los policías, sabemos muy bien qué terreno pisamos, dónde estamos, cuáles son nuestros valores y dónde hay una raya que no hay que traspasar.
Turismo, discotecas y seguridad: la marca Ibiza
—Vinculada al turismo de lujo creciente, ha aumentado muchísimo la seguridad privada en la isla. Ya se ha visto la colaboración en muchas operaciones.
—Sí, por supuesto, y nosotros mantenemos con ellos una relación muy estrecha. Hemos hecho reuniones semestrales y hemos establecido una relación de confianza, y eso es básico.
—Si desaparecieran las discotecas de un día para otro en Ibiza, ¿cuánto se reduciría la delincuencia en general, los delitos relacionados con las drogas y otros, o los accidentes de tráfico?
—Hombre, eso es una distopía.
—Lo es, pero se lo pregunto igual.
—Desaparecería el modelo de turismo que tenemos aquí en Ibiza. Pero insisto en que, a pesar de que en este medio año hemos aumentado un 3% el movimiento de pasajeros solamente en el aeropuerto, eso no ha tenido un reflejo en aumento de infracciones penales. Hay alguna discoteca más potente que incluso ha abierto puertas el año pasado, y nosotros seguimos manteniendo unos niveles en ese sentido. Si desaparecieran, no estaríamos hablando de Ibiza como la marca internacional de primer nivel que es ahora mismo. Y uno de los elementos que facilitan esa imagen de Ibiza como marca internacional es la seguridad.
Y todos somos responsables del nivel de seguridad que tengamos en la isla: los dirigentes, los responsables de los locales de ocio también, las empresas de seguridad que trabajan en los locales de ocio… La ciudadanía, las instituciones, absolutamente todo el mundo tenemos que intervenir en tener una sociedad segura. Si tú ves un delito y lo dejas pasar y no haces absolutamente nada, tenemos un problema.
—¿Ha notado algún resultado de esa «campaña de concienciación social» frente al delito?
—Una de las cosas que mejor ha funcionado estos años es la implicación de los responsables de recepción de los hoteles. Cuando detectan un posible caso de violencia de género, por ejemplo, nos avisan inmediatamente y podemos intervenir, incluso aunque la víctima no quiera denunciar. Si alguien presencia una agresión, como una bofetada o una caída provocada por la pareja, puede alertarnos y nosotros actuamos. Lo mismo ha pasado con los locales de ocio y el famoso Ask for Angela para casos de acoso sexual.
Athletic, sofá y una final
—Acabamos la entrevista con una pregunta formulada expresamente por nuestro director, Vicent Ribas, que nos comenta, por cierto, que es usted del Athletic de Bilbao.
—Así es, me encanta, soy del equipo desde pequeñito.
—Y la pregunta: ¿dónde va a ver el domingo el partido?
—Pues en casa de mi amigo Joan Albert. No me escapo. Además, cada uno se sienta en una parte del sofá concreta, porque si nos cambiamos, lo mismo trae mala suerte.
—¿Y cree que va a ganar España?
—Sí [rotundo].
—Pero Argentina es muy peligrosa, tiene esas explosiones en la parte final de los partidos…
—Va a ganar España. ¿Tú viste cómo amarramos a Francia?
Nota de edición: por su extensión, dos de los temas abordados en esta entrevista —la gestión de la migración en la ruta argelina y los delitos sexuales entre menores vinculados a las redes sociales— se publican como piezas informativas independientes que puedes encontrar también en Noudiari.es






