A 1.400 metros de profundidad, en un abismo marino donde la luz del sol jamás penetra, reposan los restos de una embarcación romana que hace más de dos milenios surcó el Mediterráneo cargada de aceite de oliva.
Ese secreto sepultado en el fondo del mar salió a la superficie de la manera más inesperada esta semana: enganchado en las redes del buque oceanográfico Miguel Oliver mientras realizaba un lance pesquero rutinario al sur de Formentera, en el marco de la campaña de investigación internacional MEDITS coordinada por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Lo que los marineros izaron a la cubierta no fue una captura habitual, sino un verdadero tesoro arqueológico formado por 26 ánforas romanas prácticamente enteras y 17 cajas repletas de material cerámico fragmentado.
Conscientes de la fragilidad del hallazgo, la tripulación reaccionó con precisión quirúrgica: activó una manguera de agua de mar para mantener el conjunto hidratado de forma permanente y dio aviso inmediato a las autoridades, desencadenando una carrera a contrarreloj para salvar las piezas.
En menos de 24 horas, la Dirección General de Cultura del Govern balear y el Servicio de Patrimonio Subacuático del Ministerio de Cultura coordinaron el traslado urgente del cargamento al Museu Arqueològic d’Eivissa i Formentera (MAEF).
Los análisis iniciales revelan que se trata de un conjunto muy homogéneo de ánforas del tipo Dressel 20, los recipientes estándar utilizados en la antigüedad para el transporte marítimo de aceite, repletos de sellos y marcas de alfarero que permitirán a los historiadores rastrear el origen exacto del buque y su ruta comercial.
En el almacén del MAEF, los técnicos han sumergido las piezas en depósitos especiales para iniciar un delicado proceso de desalación y estabilización que se prolongará durante todo el fin de semana.
Aunque la localización de restos cerámicos en las aguas de las Pitiusas no es un fenómeno extraño, el hallazgo ha conmocionado a la comunidad científica por su gran volumen, la excepcional conservación de los bienes y, sobre todo, por proceder de un yacimiento abisal situado a una profundidad casi inalcanzable.
El conseller de Cultura, Jaume Bauzà, ha ensalzado la impecable coordinación institucional que ha permitido rescatar para la historia un fragmento olvidado del pasado romano de las islas.









