Un vídeo compartido por la consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria ha traspasado fronteras y ya resuena en Ibiza. Las imágenes muestran a una culebra real de California estrangulando a un lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia stehlini), que llega a quedar en parada cardiorrespiratoria antes de que un equipo de la organización Stop Culebra Real lo rescate y consiga reanimarlo mediante maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP).
El desenlace, calificado como muy emotivo por los propios rescatistas, ha corrido como la pólvora también entre quienes en Ibiza llevan años librando una batalla casi idéntica, aunque con protagonistas distintos.
La misma historia, otra isla, otras serpientes
Lo que ocurre en Gran Canaria con la culebra real de California es, en esencia, el mismo drama que Ibiza arrastra desde hace más de dos décadas con la culebra de herradura y la culebra de escalera. En ambos casos se trata de especies introducidas por el ser humano —sin depredadores naturales en su nuevo hábitat— que han encontrado en la fauna endémica de cada isla una presa fácil, nutritiva y sabrosa y sin defensas evolutivas frente a ellas.
En Gran Canaria, la culebra real llegó de la mano del tráfico de mascotas en la década de los 90 y desde entonces se ha expandido de forma casi imperceptible para la población, aunque no para lagartos, lisas y perenquenes, que llevan años pagando las consecuencias.
En Ibiza y Formentera, el patrón se repite: la culebra de herradura y la de escalera, ambas ajenas al ecosistema pitiuso, se han convertido en la principal amenaza para la lagartija ibicenca (Podarcis pityusensis), un endemismo que durante milenios evolucionó sin serpientes depredadoras y que hoy ve reducidas drásticamente sus poblaciones en buena parte del territorio insular. En este caso, las serpientes entraron en la isla en árboles ornamentales importados desde la Península.
Un depredador «invisible» hasta que es demasiado tarde
Uno de los aspectos que más se repite en ambos casos es la dificultad para detectar a tiempo la expansión de estos reptiles. La organización Stop Culebra Real lleva desde 2007 combinando campañas de control activo, investigación sobre el comportamiento de la especie y participación ciudadana para frenar el avance de la culebra real, a la que consideran la especie invasora más preocupante de cuanto ha colonizado la isla.
En Ibiza, entidades ecologistas y voluntarios llevan años reclamando un esfuerzo similar y sostenido en el tiempo, conscientes de que cada temporada sin control estricto supone terreno perdido para la lagartija pitiusa. Las administraciones han tomado cartas en el asunto pero numerosas voces críticas consideran que se ha actuado tarde y de manera insuficiente y que las nuevas medidas no son efectivas de manera inmediata, que es lo que se precisa.
Por qué el vídeo calado tanto en Ibiza
Para quienes siguen de cerca la situación de la lagartija ibicenca, ver a un lagarto endémico luchando por su vida entre las fauces de una serpiente introducida no es una escena lejana ni ajena. Es, casi con exactitud, la misma imagen que biólogos y voluntarios llevan años documentando en la isla de Ibiza. El rescate de Gran Canaria ha servido, en ese sentido, como un recordatorio visual de lo que está en juego cuando una especie invasora se instala en un ecosistema insular sin depredadores naturales que la frenen, es decir, la desaparición silenciosa de especies que solo existen en ese pedazo de tierra.
La reacción de los usuarios ibicencos ante la publicación —muchos de ellos compartiendo el vídeo junto a fotografías de lagartijas pitiusas— pone de manifiesto que, aunque las serpientes y los reptiles afectados sean distintos, la sensación de urgencia es exactamente la misma.
El lagarto gigante de Gran Canaria puede alcanzar hasta 80 centímetros de longitud total en los machos de mayor tamaño, tiene un cuerpo robusto y es principalmente herbívoro en su edad adulta. Es un endemismo exclusivo de Gran Canaria, con pequeñas poblaciones introducidas de forma secundaria en Fuerteventura.






