Después de vivir 43 años en Cala de Bou y de querer profundamente esta zona residencial y turística, es difícil pasear por nuestra costa estos días sin sentir una mezcla de pena y tristeza. Lo que debería ser un entorno cuidado para el disfrute de todos se ha convertido en el monumento más crudo a la precariedad en Ibiza. No es solo que la naturaleza de la costa esté descuidada; lo más inhumano es que siga en pie el hotel abandonado de Punta Xinxó.
Este armatoste de hormigón, con el inicio de esta temporada de 2026, ha vuelto a llenarse de «huéspedes» que no buscan lujo, sino un techo donde dormir y recuperarse para la siguiente jornada de trabajo. Son víctimas de la situación laboral y de la falta de vivienda que asfixia a Ibiza y, en particular, a Cala de Bou. Cabe destacar que, a pesar del notable incremento de personas en la estructura, supuestamente no se ha registrado un aumento en las denuncias por criminalidad. Esto demuestra lo que muchos ya sabíamos: quienes están allí son trabajadores honestos, verdaderas víctimas de un mercado inmobiliario inaccesible para cualquiera que perciba un salario básico.
El síntoma de un abandono histórico
El edificio ofrece una imagen y una sensación de inseguridad y pobreza que tanto los residentes como los turistas no logran comprender en una zona que, supuestamente, apuesta por la calidad.
La costa de Cala de Bou se ha convertido en un «despropósito» y un «vertedero», en palabras del propio alcalde de Sant Josep, Vicent Roig. Parece increíble que un gobernante describa así su propio municipio sin tomar medidas de extrema urgencia.
Para colmo, el alcalde asegura ahora que la propiedad está dejando entrar a la gente deliberadamente para presionar al Ayuntamiento en su pugna urbanística. Resulta escalofriante pensar que se esté utilizando la desesperación de estos trabajadores como una herramienta de chantaje político, arrastrándonos a un proceso judicial que podría alargarse años y que, tras resolverse, aún otorgaría un margen de seis meses antes de que el consistorio pueda actuar.

Mientras tanto, la propiedad (Cala Xinxo S.L.) tiene la desfachatez de pedir 55 millones de euros por la estructura en portales inmobiliarios, demostrando una estrategia de dejadez calculada que nos mantiene a todos como rehenes.
Promesas rotas, parches y el escaparate del «Tech Forum»
Me parece inaceptable el inmovilismo político.
En mayo de 2025, el alcalde prometió que la orden de demolición sería «inmediata». Ha pasado un año y el estatus sigue en un «pendiente» eterno. Instalar papeleras y luces son solo parches ante una evidente ausencia de autoridad.
La ocupación no es el asunto primordial; el verdadero problema es el edificio en sí, que sigue destrozando el entorno y la imagen de nuestra costa.

La contradicción política alcanza su punto álgido hoy, 20 de mayo de 2026.
El Ayuntamiento ha invertido una cantidad importante de dinero público para traer el IBIZA TECH FORUM al auditorio de Caló de S’’Oli, reuniendo durante tres días a expertos e influencers internacionales.
El espacio público se está acondicionando y, estéticamente, va a quedar impresionante. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Qué van a ver estos influyentes visitantes en cuanto salgan del recinto del fórum?
Verán el hotel obsoleto de Punta Xinxó, otra mole en construcción justo enfrente, y una Calle Es Caló sumida en la falta de limpieza y mantenimiento. Solo falta que, como ocurre a menudo, las tuberías fecales vuelvan a reventar frente a Caló de S’Oli, descargando aguas sucias sobre las rocas y el mar.
El Ayuntamiento corre el riesgo de meterse un gol en propia puerta: en lugar de una promoción tecnológica brillante, el Tech Forum podría convertirse en una campaña de publicidad nefasta para Cala de Bou, sus 15.000 residentes y sus negocios familiares.
Una exigencia definitiva
Las preguntas que exigimos responder son claras:
¿Quién va a ejecutar el desahucio y limpiar el solar de una vez?
Más allá de los eternos procesos legales, lo que realmente nos interesa a todos los vecinos y visitantes es: ¿cuándo va el Ayuntamiento a buscar los fondos europeos y estatales disponibles para negociar un precio de compra de mutuo acuerdo con la propiedad, y convertir por fin este lugar en un espacio verde y multiuso frente al mar para el disfrute de residentes y turistas?
¿Quién va a dar un lugar digno y salubre para dormir a estas víctimas de la crisis habitacional?
No se puede vender “turismo de calidad” en ferias internacionales mientras permitimos que el corazón de Cala de Bou sea un peligro público y un escenario de guerra administrativa.
Exigimos soluciones habitacionales reales para quienes sostienen nuestra economía con labores esenciales.
Detrás de cada cifra turística, hay personas que necesitan un lugar digno donde vivir.






