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La culpa es del amor: Nada sabe de amor, por Ben Clark

@Ben Clark/ Uno de mis poemas favoritos tiene solamente un verso. Su autor es Antonio Sánchez Zamarreño, poeta que nació en la pequeña localidad salmantina de Villar de la Yegua (famosa, desgraciadamente, no por haber visto nacer al poeta en 1951, sino por ser uno de los lugares de España con más presencia del gas radiactivo radón). El poema, que pertenece al libro Fragmentos del romano (2003), dice: “Nada sabe de amor quien vuelve vivo.” Un poema que requiere reposo tras su lectura, sin duda. ¿Qué ha condensado el poeta en estas once sílabas? Puede que diga… (aprovecho este momento para abrir un paréntesis para los amigos y amigas que imparten literatura -¡gracias!- en colegios e institutos, basta ya de utilizar la fórmula “¿qué quiere decir el/la poeta cuando dice…?” o “Lo que la/el poeta quiere decir aquí es que…” No. Las poetas y los poetas no quieren decir nada, lo que hacen es decir. Podemos interpretar lo que dicen, pero plantear que “quieren decir” algo destruye, a mi modo de ver, la capacidad de admirar el poema como una obra artística autónoma y refuerza la extendidísima idea mefítica de que un poema es algo críptico donde la persona que escribe poesía no logra expresarse del todo. Se cierra el paréntesis.) Decía que puede que el poema (“Nada sabe de amor quien vuelve vivo.”) diga que hay que apostarlo todo a la hora de amar para poder saber lo que es el amor. Esto suena a una frase que bien podría pertenecer al guión de Los Serrano, pero hay que volver a leer el poema y repetir la idea unas cuantas veces para interiorizarlo. Entregarse por entero al amor para saber lo que es el amor. Renunciar a cualquier conocimiento superfluo porque renunciamos a amar a medio gas. ¿Pero qué significa entregarse por completo? ¿Significa entregarse a la otra persona de una forma ciega, incondicional? No, desde luego. Nada tienen que ver la entrega y la esclavitud, del mismo modo que hay una diferencia fundamental entre la entrega con la rendición.

Dos poetas enamorados: Mercedes Marcos Sánchez y Antonio Sánchez Zamarreño.
Foto: Elena Díaz Santana

El poema habla de amor y plantea un “todo o nada”: nada sabremos si no lo damos todo. Si volvemos con todo, es que no hemos aprendido nada. Me gusta mucho que el poema tenga su punto de apoyo sobre el verbo saber. Para el poema es importante saber de amor (otro día podemos hablar del precepto del inmenso Jaime Gil de Biedma: “Para saber de amor, para aprenderle, / haber estado solo es necesario”). El poema no dice “no ama quien vuelve vivo”, dice que “nada sabe de amor”. Como ven, no bastan unas cuantas lecturas para agotar este poema. Porque los poemas buenos no se agotan nunca. Tampoco los poemas buenos de un solo verso.

¿Pero qué significa entregarse por completo? ¿Significa entregarse a la otra persona de una forma ciega, incondicional? No, desde luego. Nada tienen que ver la entrega y la esclavitud, del mismo modo que hay una diferencia fundamental entre la entrega con la rendición.

Os invito a rumiar este poema hoy, mañana, todo abril si es necesario (porque no es cierto que sea el mes más cruel). Os invito a pensar en el pernicioso radón del remoto pueblecito de Antonio Sánchez Zamarreño y a repetir, en los momentos más tediosos de vuestra vida, en el banco, en la cola del supermercado o al participar -error- en el grupo de WhatsApp de padres: “Nada sabe de amor quien vuelve vivo”. Y, con el tiempo, todo tendrá sentido. Os lo garantizo. Hasta la semana que viene, cuidad del amor.

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