El Día Mundial del Medio Ambiente de 2026, que se celebra este día 5 de junio bajo el lema #PorElClimaYa, interpela una crisis climática que, lamentablemente, ya no es una amenaza futura, sino una realidad presente y palpable. La campaña global de Naciones Unidas llama este año a una acción colectiva urgente frente al cambio climático y sus impactos, pero también propone algo mucho más profundo: transformar los sistemas que sostienen nuestras economías y responder a las señales de degradación que la Tierra, y también nuestro propio territorio, nos están enviando.
Desde las Pitiusas, este llamamiento es urgente. Ibiza y Formentera son territorios pequeños, pero especialmente expuestos. Aquí, el aumento de las temperaturas, la presión sobre el agua, la degradación del litoral, la pérdida de biodiversidad, la saturación de residuos, la dependencia energética y la fragilidad de la posidonia muestran que el cambio climático no actúa solo sino que se combina con un modelo territorial y económico que multiplica sus efectos más negativos.
Cada incremento de temperatura aumenta los riesgos para los ecosistemas, la salud, la seguridad alimentaria, el agua y la economía. En islas mediterráneas como las nuestras, esos riesgos se sienten con especial intensidad. Por eso, actuar por el clima desde Ibiza y Formentera significa mucho más que reducir emisiones y pasa por proteger el territorio, regenerar ecosistemas, cambiar la forma en que consumimos recursos y, sobre todo, por revisar los límites de nuestro modelo de desarrollo.
Las praderas de posidonia oceanica son un ejemplo evidente. No son solo un símbolo de nuestras aguas transparentes; son una infraestructura natural esencial. Capturan carbono, producen oxígeno, protegen la costa, sostienen la biodiversidad y contribuyen a la calidad del mar. Pero están sometidas a presiones crecientes que, desde las entidades ecologistas como IbizaPreservation, llevamos años denunciando. Hablamos de fondeos inadecuados, contaminación, pérdida de calidad del agua y calentamiento del mar. Los datos del estudio de seguimiento del GEN-GOB financiado por IbizaPreservation lo muestran con claridad. Solo en Talamanca, los sensores de temperatura registraron que entre el 4 y el 14 de agosto de 2024 el agua superó durante 11 días consecutivos los 28 ºC, considerado el umbral a partir del cual aumenta de forma crítica la mortalidad de la posidonia. La máxima alcanzó los 29,26 ºC el 13 de agosto. Este estrés térmico prolongado debilita la planta y la hace más vulnerable a otros impactos. Cuidar la posidonia es, por tanto, una medida climática, económica y cultural.
Pero no podemos proteger ni gestionar lo que no medimos. Hace falta más seguimiento científico, más datos abiertos, más colaboración entre administraciones, entidades ambientales, centros de investigación, empresas y ciudadanía. Medir el estado del mar, del agua, del suelo y de la biodiversidad no es un lujo técnico; es la base para tomar decisiones responsables.
El lema #PorElClimaYa debe traducirse en compromisos concretos para las Pitiusas donde ya es urgente acelerar la transición energética con criterios sociales y paisajísticos (en 2025, Ibiza solo generó localmente el 38,1 % de la electricidad que consumió, y la energía solar fotovoltaica representó apenas el 1 % del consumo total); reducir la presión sobre los acuíferos en una isla en la que el 24,4 % del agua suministrada no se registró en la red; mejorar la reutilización del agua (solo el 2,5 % del agua regenerada se reutilizó el año pasado); proteger de forma efectiva la posidonia y el litoral; avanzar hacia una economía circular real; regenerar el paisaje agrario; apoyar el producto local (en la última década, las hectáreas dedicadas a cultivos herbáceos extensivos se han reducido un 81,3 %, y la producción total ha caído un 85,4 %); reducir la dependencia del vehículo privado; y exigir que las políticas públicas y privadas midan su impacto ambiental con transparencia.
Tampoco nos olvidamos de que la acción climática también implica hablar de economía. Durante años se ha presentado la protección ambiental como un freno al progreso pero en Ibiza y Formentera ocurre lo contrario. No hace falta tener muchas llums para caer en la cuenta de que degradar el entorno es poner en riesgo nuestra principal fuente de bienestar. Por eso mismo, cuidar el medio ambiente no es una cuestión sectorial sino una política de seguridad económica, salud pública y justicia intergeneracional.
Y para llevar a cabo esta misión tenemos que tener en cuenta que la responsabilidad es compartida, pero no igual para todos. La ciudadanía puede ahorrar agua, reducir residuos, consumir local, moverse de forma más sostenible y respetar los ecosistemas. Pero las decisiones estructurales corresponden sobre todo a quienes planifican, regulan, invierten y gestionan. Administraciones, sector turístico, empresas náuticas, construcción, restauración y distribución tienen una responsabilidad proporcional a su capacidad de impacto.
Mientras tanto, la Tierra ya nos está hablando. En las Pitiusas se expresa en veranos más extremos, acuíferos tensionados, costas frágiles, praderas marinas amenazadas y especies que dependen de nuestra capacidad de reacción. No basta con campañas bienintencionadas ni con una sostenibilidad decorativa. Hace falta una respuesta colectiva, medible y valiente.
Este 5 de junio, el mensaje global debe convertirse en acción local. Ibiza y Formentera no tienen porqué ser solo territorios vulnerables al cambio climático. Pueden ser también islas que escuchan, aprenden y actúan. #PorElClimaYa es una obligación con quienes viven hoy aquí y con quienes tendrán que habitar estas islas mañana.
Por Inma Saranova, directora de IbizaPreservation






