Cualquiera que se haya bañado en las aguas de Ibiza y Formentera o en casi cualquier punto de la costa balear lo ha notado: Mediterráneo está más caliente que nunca.
La confirmación llega de un punto de referencia habitual en las mediciones de temperatura del mar como es la boya oceanográfica de sa Dragonera, frente a la costa de Mallorca, que registró ayer miércoles 5 de agosto una temperatura del agua récord de 32,7 ºC a tres metros de profundidad.
Si el dato se confirma, estaríamos ante la temperatura más alta jamás medida en aguas españolas, y no se descarta que suponga también un récord para todo el Mediterráneo.
La noticia la dieron a conocer Meteo de les Illes y el meteorólogo Duncan Wingen, conocido en redes como @rbmeteorologia, quienes subrayaron lo excepcional del registro.
No hablamos de una lectura superficial tomada en un momento puntual, sino de una temperatura captada por un sensor situado tres metros bajo la superficie, lo que da una idea de la magnitud del calor que ha ido acumulando el mar durante las últimas semanas.
Lo que resulta aún más inquietante es el momento en que se ha producido. Estamos a 5 de agosto, con buena parte del verano todavía por delante, y el Mediterráneo suele alcanzar sus temperaturas más altas entre finales de agosto y principios de septiembre. Así que este récord, lejos de ser el techo del verano, podría quedarse corto en las próximas semanas.
Un mar que se calienta, un ecosistema que sufre… ¿y posibles Danas?
Los científicos llevan tiempo advirtiendo de lo que implica un Mediterráneo tan caliente, y las consecuencias van mucho más allá de lo anecdótico. Las gorgonias, las esponjas y las praderas de posidonia son especialmente vulnerables al estrés térmico, y si estas temperaturas extremas se mantienen durante días o semanas, el riesgo de mortalidad para estas especies aumenta considerablemente.
El mar caliente tampoco es una buena noticia para la meteorología. Cuando el agua alcanza temperaturas tan altas, libera más vapor a la atmósfera, y ese vapor se convierte en caldo de cultivo para las tormentas.
El paso de una DANA, como sucedió el año pasado en Ibiza, puede generar entonces episodios de lluvias torrenciales.
Además, el mar funciona como una especie de batería térmica que impide que las temperaturas bajen como deberían por las noches, dejando madrugadas mucho más cálidas de lo habitual.
Además, un mar tan caliente altera la distribución y el comportamiento de muchas especies de interés pesquero, con el consiguiente impacto económico y ecológico.






