El crecimiento demográfico y la presión turística están llevando al límite las infraestructuras de saneamiento de las Pitiüses y del conjunto de las Islas Baleares. El último informe del Observatorio del Agua, publicado este viernes por la Aliança per l’Aigua a partir de datos de ABAQUA, revela un diagnóstico complejo para Ibiza: aunque la entrada en servicio de la nueva depuradora de Sa Coma ha supuesto un salto cualitativo histórico, la isla sigue concentrando los indicadores de contaminación y salinidad más preocupantes de todo el archipiélago.
En Ibiza, el volumen de agua residual tratada creció un 6,8 % entre 2021 y 2025 —con picos del 80 % en zonas como Cala Llonga—. Aunque solo Can Bossa superó su capacidad de diseño durante un mes puntual, el verdadero problema insular radica en la calidad del agua que llega a las plantas. Las 11 depuradoras ibicencas sufrieron entradas con incumplimiento legal en 2025, alcanzando el 40,1 % del caudal total, la cifra más alta de Baleares. Además, el 97,9 % del agua bruta que llega a las plantas está salinizada debido a las filtraciones de agua de mar en las redes municipales de alcantarillado, lo que invalida el proceso técnico y hace imposible reutilizar el agua para el riego o la recarga de acuíferos.
A pesar de esta elevada carga, la calidad del agua depurada de salida ha experimentado una gran mejora en la isla, pasando de un cumplimiento del 58 % a un 88,8 %, gracias a que la EDAR de Sa Coma absorbe ya el 46,9 % del caudal insular con un 100 % de eficacia. Sin embargo, durante los meses estivales, cuando el caudal tratado se duplica (+99,1 %), la carga supera a las plantas: ocho de las 11 depuradoras de Ibiza (entre ellas Cala Llonga, Sant Joan, Port de Sant Miquel, Cala Tarida, Sant Antoni y Santa Eulària) registraron vertidos a la costa con concentraciones de contaminación de hasta 870 mg/l de DQO, casi siete veces por encima del límite legal (125 mg/l).
La Pitiusa menor se consolida como la única nota limpia de toda la comunidad autónoma. Formentera registró una caída del 19 % en el volumen de agua residual recibida y no superó su capacidad de diseño en ningún momento del año. Por quinto ejercicio consecutivo, la depuradora de Formentera logró un 100 % de cumplimiento legal en la calidad del agua de salida, sin registrar un solo vertido anómalo. No obstante, la Aliança per l’Aigua recuerda que estos resultados se logran con una instalación con más de 25 años de servicio, cuya obra de remodelación por valor de 6,1 millones de euros se encuentra actualmente en ejecución.
Radiografía en Mallorca y Menorca
El informe de la Aliança per l’Aigua refleja que la saturación costera es un mal endémico en todo el archipiélago, donde el caudal tratado en el litoral ha crecido un 30,3 % en los últimos cinco años.
En Mallorca, el volumen aumentó un 15,1 %, con casos extremos como Cales de Mallorca, donde el caudal casi se ha triplicado. Plantas como Campanet, Campos, Consell e Inca operan sobrepasadas la mayor parte del año (Campanet los 12 meses), y zonas como Cala d’Or o Cala Ferrera vierten agua tratada que quadruplica los límites contaminantes. En Menorca, con un alza del 10,1 %, la depuradora de Ferreries se suma al colapso al superar su capacidad durante ocho meses al año pese a haber sido reformada en 2017.
La entidad ecologista advierte que el 82,5 % de las depuradoras de Baleares se construyeron antes del año 2000 y exige un plan urgente de modernización, la reparación inmediata de los alcantarillados municipales para cortar la entrada de agua salada y condicionar los nuevos desarrollos urbanísticos a la capacidad real de depuración de cada municipio.parte, Ferreries sufre un fenómeno similar: aunque fue remodelada en 2017, el repunte del turismo y la población la ha vuelto a colapsar ocho meses al año.






