Ben Clark (Santa Gertrudis, Ibiza, 1984) lleva practicamente desde que era un adolescente construyendo una de las obras poéticas más sólidas del panorama contemporáneo. En algunos de sus poemas nos encontramos a la ciencia y a la emoción mirándose de frente. Lo hizo en La policía celeste —Premio Loewe 2017— reflexionando sobre quiénes somos a través del cosmos, y lo repite ahora desde otro vértigo temporal: el tiempo que tardarán en degradarse los residuos nucleares. Semiótica nuclear, su nuevo libro con editorial Visor, nace de un hallazgo casi al azar, de esos que ocurren cuando uno se pierde por las madrigueras de internet. Clark encontró la historia de la Human Interference Task Force, un grupo de trabajo promovido por Estados Unidos a principios de los ochenta que reunió a lingüistas, antropólogos, físicos y hasta a artistas con una misión tan extraña como urgente: pensar cómo advertir a los humanos del futuro —¿quiénes serán?, ¿qué hablarán?— del peligro enterrado bajo tierra: los residuos nucleares.
«No es un libro sobre ecología ni sobre catástrofe», aclara el poeta en conversación con Noudiari. «Es un libro sobre la comunicación, sobre qué cosas nos definen y en qué puntos podríamos coincidir con esos seres del futuro. Es una manera de reflexionar sobre quiénes somos». Y añade algo que resume bien el espíritu del poemario: los residuos nucleares serán, probablemente, el único legado que perdure de nuestra civilización. Todo lo demás —arquitectura, arte, tecnología— habrá desaparecido. Pero en lugar de instalar el libro en el catastrofismo, Clark convierte esa idea en un memento mori que celebra precisamente lo efímero. El libro termina con una elección significativa: si pudiera escoger entre un poema que perdurase mil años o una conversación, elegiría la conversación.
La figura del traductor, tan vinculada a la posibilidad de una comunicación con el pasado y con el futuro, también recorre el libro de principio a fin, y lo hace con una visibilidad inusual: Clark cita a cada traductor de cada cita que incluye el poemario, un gesto que reivindica un oficio históricamente maltratado.
«Nuestra cultura está en manos de los traductores», dice, y lo dice con la autoridad de quien también lo es —ha traducido a Anne Sexton, Stephen Dunn y Edward Thomas, entre otros. En el libro hay un homenaje a su amigo y compañero Antonio Rivero Taravillo, un gran traductor fallecido en 2025 a los 62 años, y hay también una pregunta que flota sobre todo el conjunto: en un momento en que la inteligencia artificial amenaza la traducción, ¿qué tiene el acto humano de traducir que no puede delegarse? «No es solo convertir un signo en otro», responde Clark. «Es entender desde dónde viene y hacia dónde necesita ir.»
El poemario se gestó en parte durante un retiro en la residencia literaria de Cihuela, en Soria, y en los talleres que Clark imparte cada enero en Tepoztlán, México. El tiempo para escribir, dice, es cada vez más difícil de conseguir, y el proceso de cribado más exigente. Trabajó el orden y la selección final junto a su amigo —desde que se conocieron como becarios en la Fundación Antonio Gala de Córdoba— Javier Siedlecki, escritor experto en cuento y storytelling. Fue en ese proceso donde descubrió que poemas que parecían ajenos al libro hablaban, en el fondo, de lo mismo: de la permanencia, hilo conductor que lo atraviesa todo.
Uno de los poemas que destaca y que está entre los primeros del libro surgió de un momento real: estando en Cihuela, Clark quiso citar a Stephen Dunn, su poeta favorito, y, al buscarlo, descubrió que había muerto en 2020 sin que él se hubiera enterado. Poco antes había hablado de él en un taller como si estuviera vivo y escribiendo. Ese instante de extrañeza —el poeta en un estado de Schrödinger, vivo y muerto a la vez— se convirtió en poema.

La publicación llega en un momento especialmente significativo para Clark en Ibiza. Desde ayer y hasta el 6 de junio, Sa Nostra Sala acoge Encís, exposición de escultura y pintura de su padre, Gerry Clark, con poemas de Ben que dialogan con las obras.
La presentación del libro en la isla está prevista para el otoño, dentro de una gira que incluirá también Formentera. Antes pasará por Salamanca el 27 de mayo, por Málaga y por la Feria del Libro de Madrid.
Ben Clark es un poeta, ibicenco de Santa Gertrudis, de padres británicos. Graduado en Estudios Ingleses por la Universidad de Salamanca, ha acumulado premios como el Hiperión (2006), el Ojo Crítico de RNE (2014) y el Loewe (2017) por La policía celeste, también de Visor. Su libro Demonios (Sloper) recibió el Premio de la Crítica de poesía castellana en 2024. Dirige el sello editorial Isla Elefante.
Además, recientemente el poeta ibicenco ha sido seleccionado como uno de los veinticinco nombres que integran Un estallido (ed. Ediciones Cátedra), una de las apuestas editoriales más ambiciosas y prestigiosas de los últimos años en el ámbito de la poesía española, que reúne una antología de autoras y autores nacidos entre 1984 y el año 2000.





