¿Habría sido Ben Clark (Santa Gertrudis, 1984) el poeta que es de no haber nacido en un hogar donde cada día sucedía el hechizo de la cerámica? La pregunta flota en el ambiente en Sa Nostra Sala, donde este martes 19 de mayo a las 20 horas se inaugura Encís, una exposición conjunta del ceramista y pintor Gerry Clark y su hijo, el escritor y poeta Ben Clark. Es la primera vez que padre e hijo colaboran en una muestra, y el momento tiene una carga especial: Gerry (1945) cumple años el próximo 22 de mayo.
La exposición, que podrá visitarse hasta el 6 de junio, conjuga obra pictórica reciente —óleos ejecutados casi todos a espátula, una técnica que Gerry domina, además de acuarelas y pasteles —, escultura cerámica y una selección de poemas de Ben Clark extraídos de distintos libros, incluyendo dos de su último título, Semiótica Nuclear (Ed. Visor) que sale a la venta esta misma semana. El diálogo entre imagen y palabra es el hilo conductor de toda la muestra.
Entre las obras más emotivas destaca una tarta de boda en cerámica, pieza del año 1991 que Gerry realizó para su boda con su pareja, Elaine Clark, cuando Ben tenía seis años y su hermano Dani, cinco. También hay dos piezas de hace unos 35 años que ya se expusieron en Sa Nostra Sala, y un Quijote de factura más reciente, que resume bien el espíritu quijotesco y con sentido del humor que siempre ha caracterizado la obra de Gerry.

Entre la obra pictórica, el propio Gerry Clark destaca un cuadro dedicado a Ucrania —azul de cielo y amarillo de girasoles— que dialoga en la sala con el poema Revolución, de Ben; y otro de flores coloridas está dedicado a Elaine Clark, la matriarca de la familia, que completan también los hijos Daniel y Thomas.


Ben Clark agradeció al Consell la acogida de la propuesta, que ofrece al público la oportunidad de descubrir la obra de un artista que lleva más de cuatro décadas creando en la isla. «Yo soy el acompañante», dijo con modestia, aunque sus poemas contribuyen a elevar toda la exposición. Gerry, por su parte, se mostró emocionado: «Creo que es la mejor muestra que he hecho, y el Consell se ha puesto a nuestra disposición. No estaba prevista para este año, pero ha llegado en el mejor momento», comentaba.

El poema de Ben Clark que ancla emocionalmente la exposición podría ser Hipiquienne, dedicado directamente a las piezas de su padre y a la idea de que dentro de toda gran escultura hay un secreto, un hueco que respira:
HIPIQUIENNE
Al escultor y ceramista Gerry Clark
Sospecho de las piezas más grandes que su puño.
El puño de mi padre que, sin amenazar,
representa volúmenes, fronteras,
las masas que no deben, que no pueden ser sólidas.
Cualquier cosa más grande ha de ser hueca,
y cualquier cosa hueca tiene que respirar.
Es lo único que sé, lo único que aprendí
de su oficio: que hay pocas cosas sólidas,
que es rara la escultura
que no contenga el eco del secreto,
que no existe cerámica en el mundo
que no respete el puño de mi padre.
Y a mil doscientos grados los ollares
de sus caballos eran de verdad,
en el infierno, vivos, respiraban
exhalando el vacío de sus cuerpos,
los secretos que habían compartido
con mi padre y que sólo
podría revelar la destrucción.
Cualquier cosa más grande que su puño
me conduce a la idea de la muerte,
al presagio ominoso de un error
de cálculo, a caballos reventando
en trincheras de fuego de Verdún:
montañas de animales que se ahogan
o que vagan igual que pensamientos
al final de un poema. Pero el puño
de mi padre, cerrado
sobre las verdes sábanas no estima
los límites de nada, si pudiéramos
hacer un molde, hacer un vaciado,
que él lo supervisara —ocho millones
de caballos murieron en la Gran Guerra casi
todos de agotamiento—.
Mi padre abre la mano y los planetas
se avergüenzan un poco de sus núcleos,
hacen fiestas los potros de Altamira,
y retumban los cráneos vacíos
de todos los guerreros de Xian,
abre la mano y vuelan
murciélagos albinos en las cuevas
del Cáucaso, chillando como alarmas
que alertan del final de la alegría.
Llega el frío, los cuerpos se contraen,
y migran los caballos hacia el sur.
El tiempo acumulado se hace sólido
y algo, en alguna parte, se fractura
porque no puede ser de otra manera,
porque es la ley del puño de mi padre.
La consellera de Cultura,Sara Ramon, destacó lo singular de la propuesta: «No siempre se puede dar este diálogo entre dos artistas, padre e hijo, de manera contemporánea y menos cuando abarcan disciplinas tan distintas». También subrayó la trayectoria de Ben Clark, ganador de numerosos premios, entre ellos el Premio Nacional de la Crítica de Poesía en Castellano por Demonios, libro al que pertenece precisamente Hipiquienne. También destacó la trayectoria de Gerry Clark, que llegó a Ibiza hace 46 años.
En su horno de Santa Gertrudis, sin saberlo, también moldeó a un poeta.
Horario de visita: lunes a viernes de 10 a 13.30 h y de 17.30 a 20.30 h; sábados de 10.30 a 13.30 h. Hasta el 6 de junio en Sa Nostra Sala. Carrer d’Aragó, 17 de la ciudad de Ibiza.







