Carmen Tur Ferrer (Maó, 1940) es un torbellino. Antes de hacerle cualquier pregunta ella ya sentencia, va directa al grano y no pide permiso. No todas sus opiniones son populares pero tampoco es de arrimarse al sol que más calienta.
Aunque se autodefine como maestra y técnica sanitaria, Tur también se ha puesto muchas otras corbatas. Tras la dictadura franquista se presentó a las primeras elecciones democráticas de 1979 y fue la primera mujer en entrar en los Ayuntamientos de Santa Eulària y Sant Joan. En Sant Miquel se crió, y conoció bien esa parte de la isla como maestra de la escuela mixta d’Atzaró, en Sant Carles, hasta que en el 85 entró en el Portal Nou hasta su jubilación.
Y aunque es maestra, Carmen Tur Ferrer es también una de las investigadoras veteranas del folclore pitiuso, así como coleccionista. Es fundadora de las collas de Santa Gertrudis y sa Bodega.
Fue en 2013 cuando se convirtió en una auténtica piedra en el zapato para las instituciones baleares, poniéndose al frente del Movimiento Pro-Radioterapia en el Hospital de Can Misses, para luchar por que el tratamiento oncológico de radioterapia se estableciera en Ibiza y evitar así los continuos traslados de pacientes pitiusos a Mallorca.
La jubilación siempre fue simbólica.
A sus 86 años, sigue trabajando, y en apenas unos meses tiene previsto publicar dos libros: uno sobre la historia de la cofradía del Cristo Yacente, que se presentará en la Catedral de Ibiza, y otro sobre el vapor Mallorca. Temas tan dispares como los mundos que han compuesto su vida.
Teníamos ganas de hablar contigo, y hablar para ti no es un problema.
Es que hay gente que no quiere hablar. ¿Criticar? Todo el mundo en el bar, en el fútbol. Pero… ¿Dar la cara? La gente no quiere dar la cara, coño. A veces la gente me cuenta cosas que le pasan en el hospital, en Can Misses, pero ¡llevadlo a Atención al paciente! Que os den una copia, y ponedle esto, esto, esto, esto y esto, ¿de acuerdo? A continuación, a la prensa, y a continuación al juzgado. Si cada uno lo hiciéramos así, entonces nos harían caso.
Hoy en día está normalizado ir directamente a la prensa o a las redes sociales, y ahí se queda.
Pero eso no queda reflejado en los canales oficiales. Luego nos dicen: “Si nos lo hubiérais dicho, si lo hubiéramos sabido…” Así se puede decir: “sí, mira, os lo dije”. Yo escribo en prensa, pero no tengo problema en escribir el nombre de los médicos o de quien sea que ha fallado. A ver si espabilan.
¿Y has escrito muchas cartas de denuncia por los canales oficiales de las instituciones?
Sí. A la señora presidenta de Baleares, doña Marga Prohens. Sobre sanidad.
¿Qué le dices? ¿Qué le cuentas?
De todo. Yo cojo los periódicos cada día y hago mi hemeroteca. Escribo a los medios. Ahora me voy a meter mucho con el tema de la radioterapia.
¿Ah, sí? ¿Por qué?
Porque tienen una máquina que solo hace palomitas. Un coche dura 30 años. Una cafetera te dura 15. Una lavadora te dura 10. Cada cosa dura un tiempo. La máquina de radioterapia de Can Misses se instaló en 2014, hace ya 12 años.
Y también quisiera invitar a la presidenta del Govern a comer un día en Can Misses para que vea los menús que hacen. ¿Por qué no se usa la cocina del hospital? ¿Por qué el que está ingresado tiene que pagar para ver la televisión?
Le pedí audiencia oficial hace dos años y respondió que pronto pero aún no me han llamado. Quizá aún es “pronto” para ellos.
Este Govern celebra que ha logrado que haya cinco oncólogos en el hospital, con la dificultad que esto ha supuesto en el pasado [aunque no cubren aún las 7 plazas que hay].
Cinco oncólogos, muy bien. ¿Cuántas patas tiene una silla? Cuatro. Si tiene menos de 4, no se aguanta, a no ser que sea un taburete. Hoy en día no se trabaja solo con un especialista. Hoy en día se trabaja con buenos equipos. Es decir, con tener cinco oncólogos… A mí no me dices nada.
¿Cuántos tendrán dentro de dos meses?¿Cuatro? ¿Seis? ¿Dentro de seis meses tendrán tres oncólogos cuando se vayan los que hay ahora? ¿Cómo están los temas del linfedema? Que me expliquen cómo está el tema del linfedema, que la gente tiene que buscar soluciones de forma privada, como por ejemplo yo misma.
¿Qué tratamiento tienes que hacerte?
Mira: [muestra un vendaje de compresión que le llega desde el tobillo hasta la mitad del muslo, donde le dieron 56 puntos tras una operación por sarcoma que ha superado]. Un fisioterapeuta viene a casa dos veces por semana para hacerme terapia de drenaje. Y lo pago yo porque puedo. ¿Y el que no puede pagarlo, qué? ¿Crees que no tiene el mismo derecho?
¿Qué pasaría si no tuvieras estos dos masajes a la semana por el linfedema?
Pues tendríamos un problema mucho peor. ¿Y el que cobra 1.000 euros puede pagarse este masaje? ¿Y yo soy más que él? No.
Tenemos que ser iguales o un poco más iguales. Iguales no lo seremos nunca. En este mundo, nunca. Pero un poco más iguales, sí. Que también tienen familia, que también tienen edad, también han cotizado a la seguridad social. ¿Se come una vez cada 15 días o se come cada día?
Tú naciste en Menorca porque tu padre era militar y la familia se encontraba allí, aunque viniste a Ibiza muy niña. Ahora que estás en tu vejez, ¿sientes nostalgia por volver a Menorca?
Allí volvería siempre, sobre todo por lo cultural. Hay una gran afición musical, pictórica, literaria y tienen el mejor teatro de España.
Hay algo que vale más que el dinero y es la cultura. Da una gran satisfacción. La sanidad y la cultura son las dos ramas sobre las que se tiene que sostener todo lo demás.
Cosme Vidal fue el primer presidente del Consell de Ibiza, y dijo en aquel entonces: “En Menorca, muchas bibliotecas y pocas discotecas. En Ibiza, pocas bibliotecas y muchas discotecas”. Ya definió él cómo estaba Ibiza: mucho dinero, pero de cultura… He vivido cómo van las cosas en el ámbito cultural con mi colección personal [donada al Museu Etnogràfic d’Eivissa y expuesta en el Espai Cultural Molí d’en Simó en Sant Antoni]. Me estoy arrepintiendo porque van acumulando [artefactos, donaciones patrimoniales] pero todavía no se ha expuesto todo. Lo que pedí cuando se inauguró el espacio des Molí d’en Simó, mi ilusión, hubiera sido que se hiciese un museo o se dedicase un espacio como una casa payesa…
Todavía no han sido capaces de instalar un montacargas, ya no digo un ascensor, para que la gente con poca movilidad como yo pueda ir al primer piso a ver la exposición. Pasa lo mismo en el Museo Etnográfico de Can Ros, que no está adaptado para problemas de movilidad. La última vez que fui me apoyé en una barandilla que cedió y me caí y ya no he vuelto. Que me digan cómo tenemos que bajar hasta allí.
Vaya, ¿ y qué te parece que haya un futuro gran centro dedicado a la tradición folclórica, el futuro Ses Nou Rodades en Sant Rafel?
Ya les dije que de ‘nou rodades’ nada. Podían dar muchas más rodadas. Hasta doce. En algunas zonas de Ibiza se bailaban nueve, en otras doce. Los burros, cuando giran en las norias, dan más de doce vueltas también.
Allí quieren que se hospede gente joven de las collas pero es un sitio aislado, lleno de cristaleras.
¿El folclore en Ibiza se está convirtiendo en un espectáculo turístico y cada vez menos en una expresión cultural local?
Es que si no pueden hacer actuaciones a los jóvenes no los animas. Y si pueden hacer actuaciones, generalmente son con vistas al turismo que nos viene e intercambios fuera de las islas. Cuando empecé con los grupos de Santa Gertrudis y sa Bodega, hacía falta. Ahora hay collas que se lo comen todo, y hay otras collas pequeñas que no tienen tantas actuaciones. Hay una federación de folclore, pero quizá habría que darle otro enfoque. Hay que conservar lo antiguo que aún podamos encontrar, hacer estudios sobre nuestros antiguos bailes, las costumbres, etc. Lo que pasa es que eso no luce mucho, pero da una gran satisfacción.
Ahora va a publicar un libro sobre la historia de la Cofradía del Cristo Yacente a la que está muy ligada, pero Ibiza no tiene una historia de gran fervor religioso.
Las cofradías, y esta que se fundó en el año 82, estaban muy ligadas a las procesiones. Antiguamente bajaban todos los payeses. Y los chicos de Vila hacían travesuras, quitándoles los lazos a las payesas. “Y ahora le he quitado uno y le he quitado dos”. Todo el mundo respetaba la procesión pero no tenemos un historial como otras ciudades. Nosotros tenemos nuestros santos y los sacamos a pasear.

Carmen, fuiste concejala en el primer gobierno municipal después de la dictadura. La primera concejala en Santa Eulària, en la oposición durante 12 años con el Partido Liberal, y luego estuviste cuatro años con el Partido Popular en el gobierno de Sant Joan, hasta los años 80.
Siempre fui independiente, yo nunca estuve con ningún partido.
¿Volverías a ser concejala?
No… No, no. Habría que ver las circunstancias. Nosotros no ganábamos nada, no nos pagaban nada, casi ni la gasolina. Trabajabas por amor al pueblo. Hoy en día no se trabaja por amor a los pueblos, se trabaja por amor a ver qué podrás sacar.
Estuviste en la Sección Femenina, un órgano anterior a la democracia, del régimen franquista. ¿De qué te encargabas?
En aquellos tiempos si las mujeres querían sacarse el carnet de conducir o el pasaporte, por ejemplo, tenían que hacer servicio social obligatorio [la Sección Femenina] o no se lo podían sacar. Esto solo se hacía en Vila y quienes vivían en Santa Eulària, si se lo querían sacar, tenían que bajar cada día a la ciudad durante seis meses. Muchas, si trabajaban en un hotel, por ejemplo, no podían hacer eso. Las Hermanas Trinitarias me dejaron un local en Santa Eulària e hicimos servicio social para que no tuvieran que bajar a Vila. Pudieron formarse, sacarse los carnets, los pasaportes y todas esas cosas.
¿Hubo cosas que te indignaran en aquellos años, especialmente como mujer en política?
No, nada, fue una satisfacción. Monté la primera biblioteca municipal de toda Ibiza –la biblioteca municipal de Santa Eulària–, estando en la oposición. Fue lo único que pude conseguir. Una biblioteca era imprescindible.
También reconstruimos la ermita del Puig de na Ribes con los chicos de la escuela mixta de Atzaró y con la ayuda del maestro de obra Toni Racó. Y pudimos volver a hacer la fiesta que se hace cada año.
Pero, ¿te ayudaron a hacer la biblioteca, o simplemente te dejaron hacer?
Yo me lo tuve que buscar como pude, con un carpintero, que me hizo un buen presupuesto para las estanterías. Recuerdo que tuve que pintarlas yo, eso sí.
No iban en contra pero me dejaban hacer porque pensaban que era una buena cosa.
Hoy en día voy a todos los plenos del Ayuntamiento. Intervengo en cada pleno, hago propuestas si puedo y participo.
¿Y te tomarías una cerveza con todos los representantes políticos de todos los partidos actuales?
Sí, sí. Con ellos sí, no con los partidos, con las personas. Ellos quizá no se la tomarían conmigo.
Volviendo al tema del folclore. Hay cosas que generan mucho debate. Hay gente joven que a veces quiere experimentar, mezclar… ¿Tú que opinas?
Que quieran innovar está bien. Lo que pasa es que tienes que saber con qué base y con qué criterio haces esas cosas. No puedes decir: “Ahora iré vestida de lila porque me parece un color bonito”. Tienes que saber por qué lo haces. Además, antiguamente no había dinero. La gente era muy pobre. ¿Cómo iban a comprar ropa y ropa y ropa? Si había gente que no tenía más que una ropa de verano y una de invierno. Y negra, porque iba de luto o por los cuñados, o por los hermanos…
Pero entonces… ¿Con las joyas podríamos decir lo mismo? ¿Hay un exceso de ostentosidad en el uso de joyas payesas?
Las joyas eran su rincón, su tesoro. Eran herencias que tenían de sus propias madres, era lo único que tenían. Pienso que depositaban su riqueza en el oro. Y además, se pagaba como una herencia legítima a las mujeres, para no romper fincas, dividir la propiedad…
Hoy en día es otra cosa. ¿Se nos ha ido de las manos?
En algunas cosas sí, con el tamaño por ejemplo. Antes las castañuelas eran pequeñas, y tenían un sonido más agudo. Ahora son más grandes [y tienen un sonido grave].
La gente quiere demostrar lo que tiene. Y hoy en día lo puede demostrar. Antes no porque si lo demostrabas en tiempos de la guerra y pobreza, te quedabas sin emprendada.
¿Y hoy en día no es un signo de riqueza también?
No, porque hoy en día el dinero lo puede tener cualquiera. Los ibicencos sí. Hay herencias, se van regalando partes de la emprendada y tarde o temprano se tiene.
¿No deja de ser una prueba de desigualdad entre las personas?
Muchas veces también de igualdad, porque ¡creo que las abuelas se prostituirían por comprarle una joya a las nietas! (Ríe)
¿Que te pareció que dos jóvenes bailaran ball pagès en una discoteca de Ibiza?
Bueno, aquello fue un problemilla sin importancia entre balladors. A la gente a la que le gusta lo auténtico no va a bailar a discotecas.
¿Pero se puede? ¿Se puede hacer algún experimento de vez en cuando?
Poderse hacer, se puede hacer, pero no encaja. Además, no lo valoran, ¿eh? Los ‘guiris’ que vienen, por mucho que vayas a una discoteca, no te lo van a valorar.
¿Y qué te parece que las mujeres toquen la flauta payesa?
Yo, particularmente, no soy partidaria. Porque siempre he pensado que hay cosas que son para hombres y hay cosas que son para mujeres. ¿Cuántas mujeres hay trabajando en la mina? ¿O en la obra? Es peligroso, hay riesgo…
Tocar la flauta no es un trabajo peligroso…
Los ‘sonadors’ eran hombres, y a mí no me gusta [que sean mujeres]. ¿Que lo quieren aprender? Vale. Pero eso no durará. ¿Qué hay, 3 ó 4?
Hay al menos una ‘sonadora’ en Formentera y al menos dos en Ibiza.
Y se acabó.
O quizá es el principio. ¿Por qué crees que es una cosa de hombres ‘sonar flaüta’? También en política solo había hombres y llegaste tú.
Pero entonces había discriminación, entonces había represión. Pero represión no ha habido con los ‘sonadors’. No me gusta que las mujeres acudan a una ‘ballada’ como ‘sonador’, ni para tocar las castañuelas.
Hay bastantes mujeres de hecho que saben tocar las castañuelas y también la flauta, pero no lo hacen en ‘ballades’, como mucho en ensayos. No se da. Con sa Colla de Vila han actuado en público dos mujeres que han manifestado que querrían seguir aprendiendo para tocar la flauta.
Una cosa es que hayan aprendido a tocar, y otra que toquen [ante un público, más allá de un ensayo]. Yo he enseñado castañuelas, pero no para bailar. No soy partidaria. Yo, para que actuaran, no las enseñaría. Ahora, para que supieran, sí. El saber no ocupa lugar, pero no quiere decir que tengan que ponerse a bailar con castañuelas como si quisieran ser unos hombres con una mujer. Es como si dijéramos que yo tocara castañuelas y fuera la pareja de una ‘balladora’.
¿Estas cosas no hacen que sea más difícil que la gente joven entre en las collas y pueda aprender?
No.
Pero resulta contradictorio con tu personalidad. Has sido pionera como mujer en muchos espacios que antes estaban ocupados por hombres.
Yo he hecho dos grupos folclóricos. Y siempre he querido que todos mis ‘balladors’ fuesen ‘sonadors’.
He querido ser la primera en muchas cosas. La primera que habrá presentado un libro en la Catedral, la primera mujer que hizo una escuela para no estar dentro de un corral, la primera mujer de Sección Femenina que hubo en Eivissa fuera de Vila. De las primera mujeres que se vestía de capuchino en la cofradía cuando a las mujeres les tenían prohibido participar, que teníamos que toser debajo del capuchón y poner voz grave para que no nos pillasen…. La primera mujer que hizo una biblioteca. La primera mujer que hizo una reconstrucción en es Puig de Na Ribes. De las primeras mujeres que ha tenido la medalla de oro Ciudad de Eivissa…
Pero eso no me daba ninguna gana de ser de las primeras que ‘sonaban’ castañuelas tambor y flauta.

¿Has tenido alguna gran decepción en la vida?
Sí. Que un primo mío vendió la finca familiar, la casa de mis abuelos en Sant Miquel. No dijo nada a los familiares, era suya, pero fue una decepción, me causó gran tristeza… No se lo perdonaré nunca, me dolió muchísimo.
Está pasando con muchos ibicencos, que están vendiendo propiedades que han tenido durante décadas.
Con causa justificada, por enfermedad, por un problema económico… ningún problema. Pero si es para enriquecerte…
¿Eres de las que piensa que todos los problemas que puede tener Ibiza son culpa nuestra?
En gran parte, sí. Porque nosotros nos hemos vendido a los otros. Hemos vendido las mejores tierras, las mejores casas. Los mejores lugares. Yo creo que sí. Nos hemos bajado tanto los pantalones que no sabemos volver a colocarnos el cinturón. Ahora queremos excusarnos pero la culpa la tenemos nosotros.
¿Alguna vez quisiste tener hijos?
Casarme y tener hijos no estaba en mis planes. Por tanto, no he sufrido nada por eso. He tirado adelante como he tirado. A mí me ha gustado mucho que mi familia fueran los amigos. Como, por ejemplo, los amigos de la escalera. Esa es mi familia. Y quizá no habría servido para tener hijos y criarlos, soy muy severa.
¿Qué te gustaría que la gente recordara de ti cuando ya no estés?
A pesar de mi carácter, que he sido una buena persona. He sido una trabajadora incansable. Siempre he luchado mucho por los demás, por mí no tanto, pero por los demás sí, siempre he luchado mucho.
¿Ya tienes decidido cómo tiene que ser tu funeral?
Sí, sí, sí. Todo hecho, si quieren darme ese gusto. He dejado dicho que tiene que haber buñuelos para todo el mundo. Quien tiene que hacerlos sabe que le pagaré allá arriba cuando nos reencontremos. Y tiene que haber ball pagès… No quiero que sea un entierro de muertos, quiero que sea un entierro de vivos.





