La solución es complicada. Muchas personas han pasado hoy de dormir en una chabola a estar en la calle. Es parecido, pero no es lo mismo. Un techo, por deficiente que sea, sigue siendo un techo. Con sus pocas pertenencias metidas en bolsas de plástico, las personas desalojadas este martes por la mañana del asentamiento ilegal de sa Joveria, en las afueras de la ciudad de Ibiza, han relatado a NouDiari sus experiencias. Los testimonios son desgarradores.
Algunas llegaron a la isla con un contrato de trabajo y la promesa, incumplida, de un alojamiento. Una vez en Ibiza, tuvieron que buscarse la vida para tener un lugar en el que pernoctar. Muchas de ellas acabaron en sa Joveria, que poco a poco se convirtió en un poblado chabolista. Ahora, en cambio, están en la calle. Un drama. Son inmigrantes, tienen trabajo -casi todos con papeles-, chóferes y jardineros, pero no tienen dónde vivir.
Es la otra cara de Ibiza, un lugar con numerosas ofertas de trabajo pero que no tiene dónde alojar a los trabajadores de temporada. No solo es un problema que les afecte a ellos. Hijos de ibicencos, familias enteras y jubilados han empezado a marcharse del lugar que les vio nacer ante la imposibilidad de hacer frente al precio de los alquileres, desorbitado, o al de la compra de una vivienda, al alcance de muy pocos (lo más barato que hay en el mercado inmobiliario local es un apartamento de 30 m² por 195.000 euros).
Ali, un joven de 27 años que se dedica al mantenimiento y cultivo de plantas, llevaba un año viviendo en sa Joveria, en una cabaña de madera construida con desechos. Ha tenido que abandonar el poblado, aunque asegura que no quería irse: “me han tenido que echar, pero lo han hecho por las buenas, no puedo decir algo que no ha sido”.
“No me había ido simplemente porque no tengo a dónde ir. Habrá que seguir buscándose la vida, pero la verdad es que en este momento no sé qué hacer. Vivía con otras personas y ellos han encontrado una alternativa, yo todavía no”, comenta, junto a varias bolsas de plástico en las que lleva todas sus pertenencias.

Otro hombre, de unos 50 años y que no ha querido revelar su nombre, se ha marchado del poblado llorando. Tiene cuatro hijos y la nacionalidad española desde 2017. Vino de Marruecos para enviar dinero a su familia e intentar traer a sus hijos a España, pero cree que no podrá hacerlo.
Es conductor y tiene una entrevista con una empresa local para un puesto de trabajo. Sin embargo, considera que probablemente tendrá que marcharse de Ibiza, ya que no se puede trabajar sin un lugar en el que descansar, dormir y comer.
En el vídeo bajo estas líneas explica cómo se siente y cuál es su situación actual.
Otro joven, de 21 años, explica que él, al igual que otros muchos de los habitantes del poblado desalojado, ha venido a Ibiza “para trabajar”, debido a la alta demanda de mano de obra.
“No he dormido en toda la noche. Tenía miedo de que me tiraran la chabola encima. Es una vergüenza que echen a las personas de aquí [sa Joveria], porque casi ninguno de nosotros tiene otro sitio al que ir. Ofrecen alojamiento para unos pocos días, a mí en concreto no, solo para salir de la isla, para volver a Bilbao, de donde vine hace unos cuatro meses, pero esto no es solución, ni para mí ni para nadie. Vine para trabajar y poder ayudar a los míos. No sé qué voy a hacer”, ha relatado.

Son los testimonios de algunas de las personas que, hasta hoy, vivían -o malvivían- en este asentamiento de Ibiza, sin luz, sin agua corriente ni cuartos de baño, en condiciones precarias, en casetas de madera, plástico y otros materiales que habían construido ellos mismos. La gran mayoría vino a la isla con la intención de trabajar, y muchos de ellos lo están haciendo actualmente. Algunos acabarán marchándose de Ibiza; otros seguirán como estaban, pero en otro lugar. Al menos, hasta que les desalojen.









