La creciente tensión social por el modelo turístico en Ibiza ha vuelto a cruzar fronteras. La protesta celebrada este pasado domingo en Cala Saladeta, convocada por la Associació Joves d’Eivissa para denunciar la saturación que sufre la isla, ha captado la atención de la prensa internacional y ha llegado a las páginas del emblemático rotativo estadounidense New York Post.
Bajo el titular «Activistas antiturismo se despliegan en una playa ‘abarrotada’ del icónico destino de fiesta», la periodista Kyra Breslin detalla cómo un centenar de residentes decidieron ocupar este emblemático enclave del litoral de Sant Antoni para visibilizar el hartazgo de la población local frente a las «hordas de turistas» que masifican las playas y encarecen el coste de la vida diaria.
El medio neoyorquino pone el foco en la reciente creación de la Associació Joves d’Eivissa, destacando su lucha por recuperar los espacios públicos y la identidad cultural frente a una industria turística desbordada. Citando el manifiesto del colectivo, la publicación estadounidense subraya la encrucijada a la que se enfrentan los jóvenes ibicencos: «Si quieres trabajar, tendrás que hacerlo mayoritariamente en el sector turístico; si quieres divertirte, probablemente será con música electrónica. Los jóvenes viven en su isla, pero sin que sea para ellos», señala este diario, uno de los diarios más antiguos y de mayor difusión en los Estados Unidos, famoso por su marcado estilo sensacionalista y su línea editorial conservadora.
Esta repercusión al otro lado del Atlántico llega tras la ‘Xindriada Popular’ organizada este domingo por el colectivo juvenil en Cala Saladeta. Durante el encuentro, los participantes leyeron un contundente manifiesto para advertir de que la isla «está al límite» como consecuencia directa de la sobreexplotación turística.
Los convocantes denunciaron que, mientras la oferta de lujo no deja de expandirse en el territorio insular, los precios de la vivienda, la cesta de la compra y la vida cotidiana se han vuelto «prácticamente inasumibles» para la población residente. Asimismo, lamentaron que la lengua y la cultura ibicencas hayan sido «expulsadas de los espacios públicos» para quedar relegadas a meros reclamos folclóricos.
La elección de Cala Saladeta no fue casual: los jóvenes justificaron la acción como una protesta directa para la «recuperación del espacio público» frente a la imposibilidad de disfrutar de las calas de la isla en plena temporada alta. Con consignas claras a favor del decrecimiento, la movilización dejó patente el rechazo a seguir cediendo terreno ante un modelo insostenible.
La protestacontó con el respaldo explícito de la entidad ecologista GEN-GOB, que ha celebrado que la juventud de la isla tome la iniciativa para exigir un modelo insular alternativo, más habitable, respetuoso con el territorio y alineado con las necesidades reales de quienes viven en Ibiza durante todo el año.






