Una publicación de la creadora de contenido mallorquina Carmen Rodríguez (@carmenrzz_), con más de 11.500 seguidores, se ha convertido en los últimos días en el centro de un intenso debate sobre el impacto del turismo en las Illes Balears, un malestar que numerosos usuarios de Ibiza y Formentera reconocen como propio.
En el vídeo, Rodríguez reflexiona sobre lo que siente cada verano al volver a su isla: la sensación de llegar a «otro país» cuando los carteles del aeropuerto de Palma están en idiomas extranjeros, cuando sus amigos no pueden emanciparse mientras se multiplica la oferta de vivienda de lujo para comprar, o cuando las playas de toda la vida aparecen llenas de gente, coches de alquiler y basura.
La creadora insiste en que no rechaza el turismo ni a quienes viajan —ella misma se dedica a ello—, sino el modelo de explotación de una isla que considera saturada. Rechaza además la idea de que los mallorquines «vivan» del turismo: para ella, más bien sobreviven a él, mientras la industria concentra buena parte del beneficio.
La publicación ha desatado una oleada de comentarios de apoyo, muchos de ellos aprovechando el vídeo para difundir la convocatoria de la manifestación prevista para el próximo 26 de julio en la Plaça d’Espanya de Palma, bajo el lema de recuperar la isla para quienes viven en ella todo el año. Otros usuarios han compartido experiencias similares, desde la dificultad de ser atendidos en su propia lengua hasta el anuncio de un documental, «Suportant el paradís», que abordará ese mismo sentimiento de desplazamiento.
El eco del vídeo no se ha quedado en Mallorca. En Ibiza, donde el debate sobre la subida de precios de la vivienda, la masificación estival y la pérdida de identidad local lleva meses en la agenda pública, el testimonio ha reavivado una conversación que resulta, para muchos, suena dolorosamente familiar.






