El Ayuntamiento de Ibiza ha puesto en marcha una campaña pionera en la ciudad para combatir uno de los residuos más habituales y contaminantes de la vía pública: las colillas de tabaco. Para ello, el consistorio ha instalado una veintena de ceniceros urbanos especiales en puntos estratégicos que buscan apelar al civismo a través del juego, planteando preguntas curiosas y de temática local para que los fumadores «voten» introduciendo su colilla en una de las dos opciones disponibles.
El debate está servido en las calles, ya que los dispositivos incluyen dilemas tan populares y autóctonos como: “¿Qué te gusta más? Sobrassada o botifarró?”, “¿Por dónde prefieres pasear? ¿Dalt Vila o la Marina?”, “¿Qué playa te gusta más? ¿Figueretes o Talamanca?”, o el eterno debate gastronómico: “¿Cómo te gusta la tortilla de patatas? ¿Con cebolla o sin cebolla?”.
Un problema de 11 toneladas al año
Detrás de esta iniciativa aparentemente lúdica se esconde una radiografía preocupante sobre la limpieza y la sostenibilidad en el municipio. Según los datos oficiales del consistorio, en Ibiza hay aproximadamente 16.115 fumadores (el 30% de los 53.717 habitantes). Con una media de nueve cigarrillos diarios por persona, en la ciudad se consumen unos 145.000 pitillos al día.
El verdadero problema radica en que dos de cada tres filtros acaban directamente en el suelo, lo que se traduce en cerca de 96.700 colillas diarias abandonadas en la calle. Teniendo en cuenta que cada colilla pesa una media de 0,32 gramos, este incivismo diario genera casi 31 kilos de residuos al día, lo que supone un alarmante total de más de 11 toneladas anuales de colillas esparcidas por la vía pública.
Aviso de sanciones de hasta 2.000 euros
El cuarto teniente de alcalde y concejal de Gestión Ambiental y Limpieza, Jordi Grivé, ha explicado que el objetivo de la iniciativa es «concienciar sobre el impacto ambiental de este residuo y promover hábitos más responsables entre la ciudadanía».
Sin embargo, el concejal también ha querido recordar que la normativa es clara y contundente al respecto, advirtiendo de que el bolsillo de los infractores puede sufrir graves consecuencias: arrojar colillas o cualquier otro elemento que ensucie la vía pública puede acarrear sanciones económicas de hasta 2.000 euros.






