Si en Ibiza hay un accidente «de verdad», de los que salen en los periódicos, lo más probable es que Paco de la Cruz ya esté allí. Gerente de Grúas Ibiza, la empresa decana del sector en la isla, Paco llegó con un año desde Guadix (Granada), creció entre coches y baterías, y lleva décadas siendo testigo de lo mejor y lo peor que ocurre en las carreteras de la isla. También de lo peor y de lo mejor del ser humano. Desde el Ferrari destrozado y abandonado que nadie reclama hasta el accidente en el que un hombre, dentro de una ambulancia y en estado de shock, se niega a soltar la llave de un coche que está en evidente siniestro total. Habla sin filtros de velocidad, de turismo de lujo, de carga fiscal y de por qué, según él, sin las nuevas carreteras (a las que se opuso en su día) tendríamos el doble de muertos. Con 25 trabajadores, una flota de 25 grúas y la única capaz de remolcar autocares y camiones en toda la isla, Paco lleva la empresa con la misma filosofía con la que su padre llegó a Ibiza hace más de cincuenta años: trabajando más horas de las que existen. Pero eso lo quiere cambiar. ‘Conciliar’ es una palabra que se ha hecho más potente desde la pandemia.
Paco de la Cruz Contreras (Guadix, Granada, 16 de junio de 1971) nos habla con orgullo de una empresa familiar donde trabajan sus dos hijas y, casi casi, un nietecito. Todavía es un bebé pero ya pasa la mañana entre motores
— Te conocemos como ‘Paco de Grúas Ibiza’, pero veo que la empresa no es solo de grúas.
— La madre de todo es el taller Cruz Motor. Hemos ido creciendo, adquirimos Grúas Ibiza, que es la empresa decana del sector en la isla, y también Grupauto, dedicada a la venta de vehículos. Representamos las marcas KGM y Subaru. Ahora mismo tenemos en torno a unas 25 grúas, muchas de ellas trabajando en este momento como puedes ver [estamos en el solar donde aparcan las grúas y donde almacenan coches retirados antes de llevarlos al taller, al concesionario o la desguace]. Y destaca esta que veis aquí, la única que hay en la isla capaz de remolcar autobuses, camiones y todo tipo de vehículos pesados [señala una grúa sorprendentemente grande].
— Grúas Ibiza es una empresa familiar. ¿Cuál es su historia?
— Sí. Somos una familia que vino de Guadix, en Granada. Primero vino mi padre, en el año 1970, y después toda la familia. Éramos seis hermanos. Ya en Ibiza nació mi hermano Jordi, el único ibicenco de nacimiento, pero todos nos consideramos ibicencos porque llevamos toda la vida aquí. Yo tenía un año cuando llegué y siento esta isla más mía que Granada.
Vivimos primero en una casa pequeña pero muy a gusto. Al poco tiempo mi padre pudo comprar un piso de una sola habitación, salón cocina y cuarto de baño. Éramos la mar de felices. Mi padre empezó con poco y fue progresando poco a poco, todo trabajando mucho. Lo de las 40 horas semanales en aquella época no existía. Trabajaba de jardinero —le conocían como Pepe el Jardinero— en el Club Delfín [actualmente Seven Pines Resort Ibiza], después de su turno en el aeropuerto, y de noche era vigilante en el Club de Campo de Sant Jordi durante las obras. Dormía bajo un algarrobo junto a un perro. Tenía seis hijos. Echaba 25 horas al día.
— ¿Y cómo empezó en la familia el negocio del taller y de las grúas?
— Mi hermano mayor, con 14 años, se metió a trabajar en la Renault de aprendiz. Se hizo chapista y mi padre le montó un pequeño almacén para reparar vehículos. Desde ahí fuimos creciendo. Mi hermano Jordi y yo adquirimos los conocimientos que nos dejó nuestro hermano Pepe. Actualmente mis hijas Laura y María regentan el taller Cruz Motor Hijos. Hemos tenido relevo generacional: son muy emprendedoras y muy currantes. A las seis y media de la mañana están en pie y a las siete y poco ya están aquí.
— Siempre vemos a Grúas Ibiza en los accidentes más graves de Ibiza y en los rescates más rocambolescos: coches por terraplenes, en acequias…
— Por norma siempre hacemos lo que los demás no pueden porque no tienen los medios ni los recursos humanos. Además, tenemos un gran equipo de profesionales, hay gente que lleva con nosotros dieciocho, diecinueve, veinte años. Este trabajo es muy estresante y quema mucho, por eso intentamos cuidar lo mejor posible a nuestra gente y tenerlos bien incentivados. Para que una empresa funcione el personal tiene que tener un cierto compromiso, y eso cada vez es más complicado de encontrar.

— ¿Hay un municipio que sea el ‘peor’, el que acumule más percances?
— Por población, tenemos más servicios en la ciudad de Ibiza, aunque también hay muchos percances en Sant Josep. La reforma de la carretera de Santa Eulària ha reducido de manera brutal el número de intervenciones. Y en la carretera de Sant Antoni, desde que hicieron la autovía, los accidentes muy graves o con muertos han bajado drásticamente. Lamentablemente sigue habiendo más de los que debería. Cada año estamos en torno a 20 o 23 fallecidos, casi siempre en verano y la mayoría son motoristas. La moto siempre se lleva la peor parte. A veces por negligencia del propio conductor y otras veces sin ninguna culpa. La moto es muy peligrosa.
— ¿El punto negro más negro de nuestras carreteras?
— Afortunadamente ya se está arreglando: era el cruce de los Cazadores. En carreteras secundarias hay tramos con falta de arcenes. Hay que arreglar ya la carretera que va de Jesús a Santa Eulària y Cala Llonga: tiene un tránsito muy grande y muchos percances. Tal vez no tantos muertos porque es una carretera de velocidad reducida, pero sí muchos accidentes. Y una velocidad reducida que no todos cumplen, claro. En Ibiza tenemos el problema de que la gente no va con la velocidad apropiada. Cuando llueve la gente sigue yendo a la misma velocidad, y hay un montón de accidentes.

— ¿Cómo es un día ‘normal’ de trabajo en pleno verano?
— Un día ‘normal’ es estresante. Comienzas con cola de servicios de la noche anterior: ocho o diez servicios que gestionar y, a la vez, organizar los retornos de los vehículos recogidos. Es muy estresante, no solo para las grúas sino para el personal de oficina.
— ¿Por qué cierran otras empresas de grúas habiendo tanto trabajo?
— Los costes en la isla son muy caros. Tener una base donde guardar los coches es carísimo. También hay una afluencia de autónomos con pequeñas grúas. En Ibiza no tenemos terrenos industriales y eso afecta a grúas, logística, reparto de mercancías… todo.
— ¿Qué opinas de los coches eléctricos?
— Hace un tiempo te habría dicho que no, que mejor un diésel de toda la vida, pero me está cambiando la perspectiva. Lo de la DANA de Valencia es un caso extremo. Ahí salieron muchas críticas a los eléctricos pero la realidad es que tienen menos averías y la conducción es suave. Ibiza, además, es una isla ideal para el eléctrico porque no hay grandes distancias. Lo que necesitamos son más puntos de carga. Y si lo compras, que sea bueno, porque como la ropa, te va a durar más.
— Hablando de la DANA de Ibiza, ¿cómo la vivisteis?
— El caos total. Cerrábamos en torno a 60 o 70 coches al día para recoger al día siguiente. Tres semanas que fueron una bestialidad. Y todavía quedan en torno a 70 coches para llevar a reparar a la Península, porque Ibiza no está preparada para grandes reparaciones de vehículos eléctricos. Ha habido demoras de seis meses para una reparación.

— Ibiza ha apostado por un turismo de lujo y algunos de estos visitantes vienen con vehículos muy potentes y una conducción muy agresiva. ¿Coincide con tu experiencia?
— El turismo familiar era mejor. Ibiza se está transformando en una isla de lujo, con cosas buenas y cosas malas. Es cierto que en algunos accidentes graves intervienen vehículos de alta gama de gente que va… pasada. ¿Cómo se puede restringir eso? No lo sé, es muy complicado. Las leyes tendrían que ser más duras. Del mismo modo que no debería ser normal que alguien con 70 robos en sus antecedentes esté en la calle, no puede ser que a una persona que le hayan quitado el carnet dos o tres veces siga conduciendo.

— Tantos años acudiendo a accidentes graves. ¿Recuerdas alguno que te haya impactado especialmente?
— Muchos. Recuerdo en la carretera de Sant Josep, a la altura de Can Bufí, un señor y su sobrina: les impactaron dos jóvenes frontalmente, cayeron al arcén y fallecieron los dos. Fue una intervención muy larga, ayudando a los bomberos. Me impactó mucho. La pobre chica tendría 18 o 20 años. Recuerdo también un accidente con cuatro coches implicados en la carretera de Sant Antoni: fallecieron dos personas que volvían de trabajar en un souvenir, y una tercera. La escena era de terror.
— ¿Cómo se lleva eso emocionalmente?
— En los primeros accidentes con muertos me ponía malo, literalmente vomitaba. Desgraciadamente, y lo digo así, desgraciadamente, con el tiempo te acostumbras. Supongo que como les pasa a otros profesionales que trabajan cerca de situaciones en las que está presente la muerte.

— ¿Crees que Ibiza está mejor o peor en tráfico y movilidad que antes?
— Indudablemente hay menos fallecidos ahora que antes de la autovía. Pero también hay mucha más gente. Si con la gente que hay ahora tuviésemos las carreteras de antes, habría el doble de muertos al año. Si no más. Las carreteras son mejores y los elementos de seguridad de los vehículos también. Yo mismo estuve entre los que protestaron en su día por la autovía de Sant Antoni, por la desinformación y por las expropiaciones, que no se hicieron de manera justa. Lo peor fue la manera de hacer las cosas. Pero con los coches que hay ahora, sin ellas no podríamos circular.
— Antes me comentabas que se nos han olvidado los graves accidentes que han pasado en Ibiza, ¿recuerdas alguno en especial?
— [El 7 de octubre de 1987] Recuerdo uno en el que murieron siete personas al colisionar una motocicleta de gran cilindrada y un autocar con turistas alemanes en la subida a Sant Rafel y [marzo de 1996] en la misma carretera de Sant Antoni, murieron cuatro chicos [de entre 18 y 20 años] en una colisión tremenda.
— ¿Qué se necesita para ser un buen gruista, además del carnet de camión?
— Para ser un gran gruista tienes que ser más psicólogo que gruista. Tienes que empatizar mucho con la gente y tener mucha paciencia. Una persona después de un accidente está muy nerviosa, a lo mejor ese coche es su único medio de transporte a su trabajo, y te pregunta si crees que lo repararán. Tú ves el coche, que ya no vale nada, pero en ese momento le das apoyo. Les dices que sí, que ya lo verá el taller… Mucha gente nos llama después de un servicio para felicitar a un operario e incluso mandan una botella de vino o una caja de bombones. Para nosotros son cosas normales, pero la gente lo agradece.
— ¿Alguna anécdota divertida entre tanto caos?
— Claro. Nos llama gente a la que le ha quedado la llave dentro del coche, hacemos la apertura, y no ha pasado ni una hora cuando nos vuelve a llamar: mira, no me lo vas a creer, pero me la he dejado dentro otra vez. Nos ha pasado de gente que acaba con el coche dentro del agua y nos dice: espera, que tengo que apagar la radio. El coche está sumergido, sin batería, sin nada, y él preocupado por la radio. También nos ha pasado que una persona accidentada, ya en la ambulancia, se ha llevado la llave guardada en el bolsillo. Nosotros la necesitamos para mover el volante y no la encontramos, y ves al hombre hecho polvo agarrando la llave de un coche que está en siniestro total. Las personas somos así. Una vez, una mujer nos llamó preguntando si habíamos recogido tal coche, a qué hora y de dónde. Resultó que era la mujer de un señor que estaba con otra mujer. ¿Habéis recogido este coche? ¿De dónde lo recogisteis? Yo soy la dueña. Y efectivamente, el coche estaba a su nombre. Pero nosotros sin poder decir nada. Que se apañen entre ellos, sus cosas son sus cosas. [Ríe]
— ¿Un coche que jamás comprarías?
— Hoy en día no hay un coche malo como tal. Pero antes había dos marcas malas de verdad: los Tata indios y los Lada rusos. También los Wartburg alemanes: a los tres días de repararlos ya estaban rotos otra vez.
— ¿Y cuáles tienen menos averías?
— Toyota, Subaru… Por mi experiencia, en general los vehículos asiáticos son los mejores. Hyundai, Kia, KGM. Estos son cochazos. No tienen una avería.
— ¿Cómo te planteas tu futuro en la empresa?
— Este trabajo es muy duro, son 24 horas los 7 días de la semana. Me llegan llamadas a las dos o tres de la mañana y mi teléfono está siempre activo. Me planteo delegar, la famosa palabra delegar, tan complicada.






