Señor director:
Soy paciente oncológico crónico. Llevo una decena de intervenciones quirúrgicas a mis espaldas. Cuando digo que necesito ver a un especialista, créanme: no voy al hospital por gusto. Soy, además, una persona con discapacidad que no puede desplazarse por sus propios medios.
Hace semanas, la aplicación Espai Salut me mostraba una decena de citas atrasadas. Reclamé mi atención acogiéndome a la garantía de demora. Se me respondió que eran consultas sucesivas y que no estaban cubiertas. Poco después, esas citas dejaron de aparecer en la aplicación, una aplicación que, curiosamente, impide hacer capturas de pantalla. He solicitado formalmente el historial de mis citas para saber qué ha pasado con ellas. Espero que alguien me lo explique.
Pero incluso si la respuesta es legal, el problema sigue ahí. El decreto balear de garantía protege las primeras consultas, las pruebas y las operaciones, pero deja fuera las revisiones de seguimiento, precisamente las que sostienen la vida de los enfermos crónicos. El sistema ofrece menos garantías a quien más lo necesita. Si la norma lo permite, el problema es la norma.
Llamé para intentar hablar con Traumatología. Me dijeron que solo atienden de 8 a 9 de la mañana: una hora al día. La alternativa que me ofrecieron fue la de siempre: «vaya usted a Urgencias».
¿A qué Urgencias? ¿A las de Can Misses, el único hospital público de la isla? Este agosto, el sindicato de enfermería denunció allí esperas de más de doce horas y noches con cinco médicos y siete enfermeras para todo el servicio. Son unas salas empapeladas con carteles que recuerdan que Urgencias es para cuando peligra tu vida. Mandar allí a un paciente crónico a por una revisión no resuelve nada. Solo empuja el problema hacia quienes menos margen tienen. Se satura aún más un servicio que no da abasto, se retrasa la atención de quien llega con un infarto y se exprime a unos profesionales que están ahí para salvar vidas, no para tapar los agujeros de la planificación.
Que nadie se equivoque: esta carta no va contra médicos, enfermeras ni administrativos, que bastante hacen. Va contra quienes gestionan una isla que cada verano multiplica su población y presume de lujo en cada folleto, pero mantiene una sanidad dimensionada como si fuera invierno todo el año.
Ibiza genera riqueza como potencia turística y atiende a sus enfermos como un territorio de segunda.
A la consellera de Salud y a la dirección del Área de Salud de Ibiza y Formentera les pregunto: ¿cuántos pacientes crónicos tienen hoy revisiones caducadas que no figuran en ninguna lista de espera oficial? ¿Cuántas citas desaparecen de las pantallas sin que nadie dé explicaciones? ¿Cuántos pacientes, como yo, ni siquiera pueden llegar por su pie al hospital? Y sobre todo: ¿qué piensan hacer, además de mandarnos a Urgencias?
No pido un trato de favor. Pido lo que me corresponde: que me atiendan.
Tomas Planells Struse







Tomàs, tens tota sa raó del món, jo, per desgràcia, també sóc pacient oncològic -entre altres, diguem, detalls- quan arrib a urgències de can misses, és triaje és rapidíssim, perquè mos donen preferència a nes pacients oncològics, que a prou tenim, i tots son conscients , professionals i sensibles