La directora del aeropuerto de Ibiza, Marta Torres, ha sido tajante este martes en una rueda de prensa que ha convocado a todos los medios de comunicación de Ibiza: lo que Aena tiene sobre la mesa no es una ampliación para atraer más vuelos ni más turistas. Es una «remodelación». Y según sus argumentos, una remodelación «necesaria» en base a criterios de seguridad y de operatividad.
«No hay ningún objetivo de modificar la capacidad del aeropuerto ni de incrementarla con estas actuaciones», afirmó ante los medios, en una comparecencia que llegó cargada de expectativas porque durante estos días hemos asistido a un rechazo frontal a estos planes por parte de todas las instituciones insulares y de los partidos políticos y entidades ecologías.
Y es que, antes de que Aena presentase los planes públicamente y durante los días precedentes se han ido publicando documentos técnicos que mostraban, entre otras cosas, la ocupación de nuevos terrenos junto al Camí des Còdols y el desvío del Torrent de sa Font, y eso encendió las alarmas.
Torres explicó que el proyecto responde a tres problemas concretos que el aeropuerto ya no puede seguir ignorando.
El primero, una nueva normativa europea. La entrada en vigor del sistema europeo de control de entradas y salidas —conocido como EES— obliga a separar físicamente a los pasajeros que vienen de fuera del espacio Schengen. Ahora mismo eso no existe en Ibiza, y con el mercado británico representando entre el 20% y el 25% del tráfico total, la situación se ha vuelto insostenible. La solución pasa por construir un dique de embarque exclusivo para vuelos no Schengen con controles de pasaporte propios.

El segundo, los nuevos escáneres de seguridad. Las máquinas que permiten pasar líquidos y electrónicos dentro de la maleta sin sacarlos son más grandes que las actuales y requieren más espacio. Eso obliga a reorganizar una parte de la terminal: se eliminarán oficinas en la primera planta y habrá un nuevo control de seguridad en esa primera planta.
El tercero, los fingers. Ibiza tiene ahora mismo cuatro pasarelas de embarque directo, lo que apenas alcanza para cubrir el 25% de los vuelos en temporada alta. El resto de los pasajeros tiene que coger un autobús hasta el avión. Con la remodelación se llegaría a doce pasarelas, una cifra que cambiaría bastante la experiencia de quien pasa por allí. También se mejorarán las zonas de espera, la accesibilidad, la sala VIP (de 2.000 metros cuadrados) y varios espacios operativos.
El punto más polémico sigue siendo la reubicación de los servicios de handling hacia terrenos al suroeste de la terminal, cerca de es Codolar. Esa actuación implica tocar el Camí des Còdols y posiblemente soterrar un tramo del Torrent de sa Font, algo que ya estaba recogido en los documentos técnicos que generaron la controversia inicial.
Torres defendió que esos terrenos ya son de Aena desde que se aprobó el Plan Director en 2010 y recordó que cualquier intervención tendrá que pasar los filtros ambientales correspondientes. También quiso dejar clara una cosa: la capacidad máxima del aeropuerto sigue siendo de alrededor de 10 millones de pasajeros al año. No se amplía la pista, no se añaden calles de rodaje, no hay nuevas posiciones de estacionamiento para aviones. Todo lo que de verdad determinaría un aumento de capacidad, según ella, queda fuera del proyecto.






