Una petición ciudadana contra el proyecto de ampliación del aeropuerto de Ibiza ha superado ya las mil firmas —1.077 en el momento de escribir estas líneas— en la plataforma Change.org. En unos pocos días, esta iniciativa impulsada por Ca’n Frigoles Associació Veïns, suma adhesiones al malestar social que ha ido creciendo desde que se conocieron los primeros documentos técnicos del proyecto.
Quien quiera consultar o firmar la petición puede copiar y pegar este enlace en el navegador:
https://www.change.org/p/en-contra-de-las-obras-de-aena-en-el-aeropuerto-de-ibiza
En el texto de la petición, la asociación vecinal manifiesta su rechazo frontal a las obras por temas tan esenciales como el agua. Al igual que a varias asociaciones ecologistas de la isla, les preocupa el consumo adicional de recursos hídricos que supondría el proyecto en un momento en el que la isla se enfrenta a una situación muy precaria en torno a estos recursos con acuíferos sobreexplotados, salinizados y desaladoras al tope de su capacidad de producción.
Muy ligado a este problema está el temor por el soterramiento parcial del Torrent de Sa Fon que contempla el proyecto. Es más, los vecinos sospechan que el aeropuerto vierte aguas sucias en ese cauce y denuncian que lleva años sin limpiarse, por lo que estrechar su salida solo agravaría un problema que ya existe.
En su argumentario, la asociación vecinal también pone la atención en la contaminación lumínica y acústica que provocan estas instalaciones.
Por una parte, reprochan a AENA que no haya tomado medidas frente al exceso de luz nocturna que afecta al vecindario y, por otra parte, aluden a la llegada a la isla de vuelos internacionales de largo radio con aviones de fuselaje ancho, cuyo ruido se sumaría al ya generado por el tráfico rodado y la actividad industrial del entorno.
La consecuencia final, según el argumentario de Ca’n Frigoles, es que todo esto —sea o no técnicamente una «ampliación», ya que Aena ha negado categóricamente que se trate de una ampliación mientras remarca que es una «reforma»— «se traduce en una pérdida de calidad de vida tanto para los residentes como para los turistas, agravada por el hecho de que el aeropuerto se sitúa dentro del parque natural de Ses Salines, un espacio que se presupone protegido», dicen textualemente.
Por eso piden a las administraciones locales, autonómicas y nacionales que frenen las obras, advirtiendo de que de lo contrario podría generarse una conflictividad social de consecuencias difíciles de prever.
Entre los comentarios de personas firmantes que acompañan la petición se repiten ideas parecidas, entre ellas la necesidad de repartir el turismo a lo largo del año en vez de seguir creciendo, la preocupación por el acceso a la vivienda en Ibiza y Formentera, o el rechazo a lo que varios firmantes describen directamente como especulación en un espacio natural protegido.
Polémica y rechazo (casi) generalizado
La polémica se abrió cuando la Plataforma contra la ampliación del aeropuerto de Palma desveló en el mes de marzo que había un plan para acometer importantes obras en el de Ibiza. El Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA III) para 2027-2031 mostraba unos números muy llamativos: 229,7 millones de euros para el aeropuerto de la isla, el triple de lo que se invirtió en el plan anterior. Esto se traduciría en ampliar un 29% la superficie del aeropuerto a partir de 2031.
Noudiari publicó el 12 de mayo los documentos técnicos que mostraban la ocupación de nuevos terrenos junto al Camí des Còdols y el desvío del Torrent de sa Font. Aquello encendió las alarmas y provocó un rechazo casi inmediato por parte de instituciones insulares, partidos políticos y entidades ecologistas.
Ante esa reacción, la directora del aeropuerto de Ibiza, Marta Torres, compareció ante los medios para insistir en que no se trataba de una ampliación sino de una remodelación necesaria, motivada por tres problemas muy concretos que, según ella, el aeropuerto ya no podía seguir ignorando.
Por un lado, la entrada en vigor de la normativa europea EES obliga a separar físicamente a los pasajeros que llegan de fuera del espacio Schengen, algo que hoy no existe en Ibiza y que se resolvería con un nuevo dique de embarque exclusivo. Por otro, los nuevos escáneres de seguridad son más grandes que los actuales y obligan a reorganizar parte de la terminal. Y, por último, el aeropuerto solo cuenta hoy con cuatro pasarelas de embarque directo, claramente insuficientes en temporada alta, por lo que se pretende llegar a doce.
Torres defendió que los terrenos donde se plantea la ampliación ya son propiedad de AENA desde que se aprobó el Plan Director en 2010, y aseguró que la capacidad máxima del aeropuerto seguiría rondando los diez millones de pasajeros al año, ya que no está previsto ampliar la pista ni añadir calles de rodaje o nuevas posiciones de estacionamiento. Aun así, el punto que sigue generando más rechazo es la reubicación de los servicios de handling hacia terrenos al suroeste de la terminal, cerca de es Codolar, una actuación que afectaría al Camí des Còdols y que podría implicar el soterramiento —parcial o incluso total, según reconoce el propio documento técnico— de un tramo del Torrent de sa Font.
AENA sacó a licitación la asistencia técnica para redactar el Nuevo Diseño Funcional del edificio terminal, por un importe de 10,6 millones de euros y un plazo de 60 meses.

El pliego de prescripciones técnicas, de 156 páginas, detalla actuaciones muy específicas: la ampliación de la fachada suroeste del edificio terminal, nuevos mostradores de facturación, una sala VIP de dos mil metros cuadrados y un nuevo dique de dos plantas al noreste del edificio, de 170 metros de longitud, con doce puertas adicionales de embarque para vuelos no Schengen.
Todo ello se enmarca en el Documento de Regulación Aeroportuaria conocido como DORA III, aprobado por el Consejo de Administración de AENA en febrero de 2026 y pendiente todavía de los últimos trámites antes de su aprobación definitiva en Consejo de Ministros, prevista como muy tarde para el 30 de septiembre de 2026. Este documento forma parte de un plan de inversiones de 13.000 millones de euros para el conjunto de los aeropuertos españoles.

El aeropuerto ya superó los nueve millones de pasajeros en 2024, y desde hace tiempo distintas entidades ecologistas, sociales y empresariales —entre ellas la Plataforma contra la Ampliación de Aeropuertos de Baleares— reclaman una contención, cuando no un decrecimiento, del turismo en la isla, vinculando el crecimiento del aeropuerto con la presión sobre la vivienda y sobre un entorno natural tan sensible como el de Ses Salines.
AENA repite que el objetivo de las obras no es aumentar el número de pasajeros, pero el propio DORA III fija como objetivo estratégico a nivel estatal batir nuevos récords de tráfico en los aeropuertos españoles, con un crecimiento anual estimado del 3,6%.






