La remodelación del aeropuerto de Ibiza —que Aena prefiere no llamar ampliación— podría abrir la puerta a algo que el Consell de Ibiza y el sector turístico llevan tiempo persiguiendo: un vuelo directo entre la isla y Estados Unidos.
La directora del aeropuerto, Marta Torres, lo reconoció este martes en rueda de prensa, donde también salió al paso de las críticas que ha generado el proyecto desde que se conocieron los detalles. Según explicó, uno de los motivos centrales de la reforma es habilitar una zona específica para vuelos fuera del espacio Schengen, algo que ahora mismo el aeropuerto no tiene de forma diferenciada y que resulta imprescindible para operar rutas de larga distancia como las que llegarían desde Norteamérica.
«Me consta que se están manteniendo conversaciones con compañías aéreas americanas y que la cosa va evolucionando en positivo», afirmó Torres al ser cuestionada directamente por esa posibilidad al final de la rueda de prensa. Eso sí, dejó claro que la última palabra la tienen las aerolíneas. Pero también fue contundente respecto a la infraestructura: sin una zona no Schengen adecuada, gestionar ese tipo de vuelo sería, en sus propias palabras, «muy dificultoso». Es más, remarcó que estas reformas vienen obligadas en gran parte por las normativas al respecto.

Así, el nuevo EES (Entry/Exit System) es un sistema digital de la Unión Europea que registra automáticamente las entradas, salidas y denegaciones de entrada de viajeros que no son ciudadanos de la UE ni residentes legales. En los aeropuertos de Aena, sustituye el sellado manual de pasaportes por un registro biométrico. Hay que recordar que todos los británicos, que son en torno al 20 o 25 por ciento del tráfico total del aeropuerto, tienen que pasar por estos controles.
Y es que ahora mismo el aeropuerto mezcla pasajeros Schengen y no Schengen en los mismos espacios, una situación que Aena describe como «cada vez más complicada», sobre todo desde que entraron en vigor las nuevas normativas europeas de control fronterizo.
El proyecto prevé construir un nuevo dique de embarque exclusivo para vuelos no Schengen, con controles de pasaportes centralizados y cuatro nuevas pasarelas —sobre un total de doce fingers en el aeropuerto tras la reforma—. Esto permitiría gestionar mejor tanto los vuelos con Reino Unido como posibles rutas transoceánicas. En general, supondrá que más vuelos irán directamente a pasarela y no aparcarán en pista para después trasladar a los pasajeros en bus.
Aena, por su parte, insiste en que el objetivo no es que pasen más aviones ni más turistas, sino adaptar las instalaciones a lo que exigen las normativas actuales. Nada de crecer por crecer. El techo de pasajeros seguirá siendo 10 millones anuales. Actualmente el aeropuerto gestiona unos 9 millones en vuelos de llegada y salida.
En cuanto a los plazos, Torres fue prudente: el proyecto aún está en una fase muy temprana. La redacción podría llevar hasta 18 meses y, según sus estimaciones, las obras no arrancarían antes de 2030.






