Las instituciones políticas de la isla no deberían permitir que una persona sin techo y sin recursos, tenga que esperar meses para acceder a servicios sociales básicos.
El hecho de tener a un familiar con enfermedad mental viviendo en la calle, me ha llevado a realizar un análisis profundo de los servicios sociales que tenemos en Ibiza.
Esta situación ha hecho que me pregunte ¿qué es de estas personas tan vulnerables cuando no tienen familia que les rescate de vez en cuando?
Y precisamente, a raíz de esta pregunta, he podido comprobar una realidad verdaderamente alarmante.
Ibiza, la isla del lujo, donde cada verano llegan gran número de famosos y personas con un enorme poder adquisitivo, donde abundan las villas de lujo, los yates, los coches de alta gama, ofrece también una cara completamente diferente: la de quienes no tienen recursos suficientes, quienes encuentran enormes dificultades para acceder a una atención social y sanitaria adecuada y quienes, por diferentes razones, se ven obligados a vivir en la calle.
El contraste resulta difícil de ignorar. Mientras unos disfrutan de una Ibiza asociada al lujo, la exclusividad y la abundancia, otros sobreviven día tras día intentando conseguir algo tan básico como una cama, una ducha, una comida digna.
No se trata de cuestionar que Ibiza sea un destino turístico de lujo ni a quienes tienen recursos para disfrutar de la isla. Se trata de preguntarnos qué ayuda proporcionamos en a quien no tiene nada, y si una isla que genera tanta riqueza para unos pocos, está ofreciendo una respuesta suficiente a las personas más vulnerables.
Quienes vivimos en Ibiza vemos a diario a personas mendigando en las calles. ¿Qué opciones tienen? Detrás de estas imagenes existe una realidad mucho más preocupante: personas que, sin recursos o enfermas, encuentran enormes dificultades para acceder a unos servicios sociales dignos.
Tenemos entidades como Cruz Roja o Cáritas que cubren algunas de sus necesidades. Pero he comprobado que los recursos actuales resultan claramente insuficientes.
Me llama profundamente la atención que la cena que proporciona una de ellas de lunes a viernes, (sábados y domingos no dan servicio, toca ayunar o buscarse la vida), consista en bollería dulce, seguramente donada por establecimientos.
Otra ofrece desayuno toda la semana, aunque también predomina el mismo tipo de producto, hemos de decir que, en este caso, acompañado de café o cacao con leche.
Me pregunto si una alimentación tan limitada y repetitiva es adecuada durante largos periodos de tiempo. Tampoco es cuestión de ofrecerles jamón ibérico, pero sí una dieta algo más variada y nutritiva.
Atención cuando hablamos de acceder a un albergue o comedor social !!!
El comedor social de Cáritas dispone, según información obtenida, de 40 plazas, mientras que la demanda diaria puede alcanzar las 100 personas. Aparte de contar con una lista de espera de alrededor de cinco meses.
Lo mismo ocurre con el albergue de baja exigencia de Sa Jovería. En este recurso ofrecen cama, tres comidas al día, ducha, lavadoras. Es decir, unas condiciones mucho más dignas, pero nos volvemos a encontrar con otra larga lista de espera de unos cinco meses.
¿De qué sirve que existan estos recursos si una persona que los necesita hoy tiene que esperar casi medio año para acceder a ellos?
He aquí otro problema añadido: el tiempo de respuesta de los propios servicios sociales municipales para conseguir cita con un trabajador social. Conseguir que te atiendan lleva un tiempo de bastantes semanas.
La situación se vuelve más dramática cuando la persona que esta en la calle tiene problemas de salud mental o una patología dual. Los recursos en este aspecto son claramente insuficientes o inexistentes. Basta con ver como está la planta de psiquiatría del hospital Can Misses donde los ingresados superan con creces las camas existentes. Y donde las citas con consultas externas superan los cuatro meses !!!
La demanda supera la capacidad de los recursos disponibles.
Ibiza tiene una realidad social que no puede ocultarse detrás de sus cifras de visitantes, hoteles, playas y restaurantes.
Se trata de exigir a nuestras instituciones y a nuestros políticos que estén a la altura de una realidad que existe y que no desaparece por dejar de mirarla. ¿Destinar más presupuesto y ser más consecuentes con las necesidades de los residentes?
Antonia Colomar






