A Abraham, de 45 años, no se le olvidará nunca lo que le pasó una tarde aparentemente tranquila del 21 de abril de 2026, cuando unos pisos más allá, en el número 12 de la primera planta de su edificio, solo una por debajo, se produjo, a las 17:15 horas, una explosión de gas que destrozó todo lo que pudo a su paso: una vivienda completamente destruida, y al menos seis más notablemente afectadas por el impacto, por ahora.
“Estaba solo en casa, comiendo, y de repente oí un ruido muy fuerte”, explica aún algo nervioso. “Pensaba que había sido un accidente de coche… Bajé y vi a una chica joven, pequeña, ensangrentada, llena de polvo, estaba muy mal… Dejé a mi perro un momento y la ayudé a salir como pude”.
Su perro San le mira y transmite ahora la dulzura que a Abraham le cuesta encontrar tras este amargo accidente. “Me ha afectado mucho”.
La joven, de 21 años, a la que Abraham ayudó a salir, se encuentra en estado crítico ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos de Can Misses, mientras que otra mujer de 45 años se encuentra en la misma situación. Estaban en el rango de alcance de la explosión. Un varón de 23 años también fue ingresado en la tarde de ayer con heridas y se encuentra estable en Urgencias.

La tarde de este martes quedará en la memoria no solo de Abraham, sino en la de los vecinos de las 23 viviendas de esta zona de la barriada de Can Cantó, de la calle de sa Cala de Sant Vicent, donde se encuentran los edificios conocidos como es Putxet, justo detrás de la Comisaría de la Policía Nacional.
El jefe de Bomberos de Ibiza, José Antonio López, explicaba ayer a los medios, una vez controladas las consecuencias del accidente, que todo parece indicar a que la explosión fue por gas. Justo en este edificio se estaban realizando reformas para sustituir los electrodomésticos de gas por eléctricos. “Algo ha fallado”, dijo López.

La enorme movilización de efectivos de emergencias era visible muy poco después de la explosión. Los numerosos vecinos y transeúntes, aproximadamente un centenar, se mantenían vigilantes tras un cordón de seguridad mientras el paso de ambulancias y el sonido de las sirenas apuntaba a la gravedad de lo ocurrido.
Manuel, un joven albañil que se encontraba en el edificio colindante al de la explosión, justo enfrente, mira hacia donde estaba trabajando una hora antes, una zona común ahora llena de escombros. “Escuchamos una explosión, salimos y había gente corriendo hacia la calle, gritando…” explica. “Empecé a ayudar a la gente a salir de allí”, dice, aún con el susto en el cuerpo.


El mismo que aún tienen Araceli, su marido y su hijo en el cuerpo. Ellos estaban en casa cuando se produjo la explosión, dentro de casa. “Oímos como una bomba, había humo negro”, explica. “Al principio esperamos un poco, pero teníamos la explosión enfrente de la nuestra y vimos que estaba todo fuera de sitio: tuberías, paredes…Cuando hemos salido he visto a un chico llevar en brazos a otro…”.
Como Araceli, el resto de vecinos esperan con cierta calma, por un lado, el regreso a sus casas, y por otro lado, con cierta congoja, pensando en quienes han sido trasladados al hospital. Un pensamiento cruza la mente de todos: que esto le podría haber pasado a cualquiera.
Evelyn lo sabe. Es otra residente del edificio más afectado por la explosión. Ella vive con su hermana y su madre en el apartamento número 20, en una planta por encima a la planta de la vivienda más destruida por la onda expansiva, donde se ha producido el accidente original. Afortunadamente no estaban en casa en el momento del estruendo, pero se han acercado en cuanto han sabido qué había pasado. Evelyn ha podido entrar en casa para coger a su perro, un bichon algo inquieto. “Están haciendo a todas las viviendas la sustitución de gas por electricidad, y cada día toca a unas casas”, explica la joven. “Nos podría haber pasado a cualquiera”.

Evelyn y el resto de vecinos conjeturan esta tarde, en esa necesidad humana de buscar respuestas a las desgracias imprevisibles, qué ha pasado exactamente. Si quizá, al tener el agua caliente con gas y estar realizando trabajos de sustitución de vitrocerámicas y fogones, pudo haber una fuga invisible y sin saberlo se incitó el estallido.
Aunque sigue la línea de investigación de los bomberos de Ibiza, los trabajos de la policía científica y los técnicos terminarán de confirmar qué ha sucedido con exactitud, más allá de una explosión por gas – el porqué.
Mientras la mayoría de vecinos no han sufrido daños, todos saben, en esta tarde de inquietud, que hay cuatro personas heridas, y tres han requerido hospitalización – dos están críticas. A las puertas de casa esperan, junto a perros, gatos, y algún pájaro en su jaulita en mitad de la acera el permiso de los Bomberos para regresar, aunque a media tarde no saben si hoy dormirán en casa y muchos ya activan sus contactos.
Cerca de las 20 horas, muchos empiezan a retirarse y el alcalde de Ibiza, Rafa Triguero, informa de que tres familias se quedarán en apartamentos ofrecidos a los habitantes del edificio afectado por el Ayuntamiento, mientras que otros ya han gestionado por sus medios, en casa de familiares, dónde quedarse hasta que puedan volver a sus hogares de forma segura.






